
Ocurrió hace 50 años, en ese entonces tenía tan solo 16 años, pero para mi desgracia, lo recuerdo perfectamente. Simplemente había estado en el lugar y momento equivocados.
Al amanecer de ese funesto día, el cielo estaba gris y la neblina era tan densa que se hacía peligroso salir. Pero a mi madre no le importó y tuve que asistir al colegio de todos modos. Cuando regresaba a casa en la tarde, la neblina de la mañana había vuelto a bajar, sin contar que había anochecido más temprano de lo normal.
Me quedé en el paradero para esperar el autobús, me puse a escuchar música para matar el tiempo, cuando mi atención recayó en una chica que corría por la vereda de enfrente. Parecía huir de algo, cosa que confirmé al ver su expresión de pánico.
Tras ella vi surgir entre la niebla un sujeto vestido con un largo abrigo negro, no pude ver su rostro pues traía puesto el gorro del mismo. Caminaba con paso pausado, sin prisa tras la chica, sin saber porque, me estremecí.
La joven cruzó a la calle hacía donde me encontraba, nuestras miradas se cruzaron un instante, y con solo ese instante sentí algo dentro de mi que nunca he logrado comprender, un sentimiento que no logro describir, y un absurdo impulso me hizo seguirla.
Entré al la iglesia tras ella, donde se estaba efectuando una misa, no, era un matrimonio. El sujeto entró también y se paró a mi lado, lo miré y pude distinguir unos ojos púrpura que me paralizaron, ese sujeto no era de este mundo, ¡era imposible!
La chica parada en la mitad de la iglesia ahogo un grito de pavor al ver a su persecutor caminando hacía ella.
- ¡No es posible!- exclamó cayendo de rodillas.
Todos los presentes se voltearon para ver al sujeto, nadie se movió, solo se oía los lentos y seguros pasos de él avanzando hacía la joven.
Por primera vez, la vi con detenimiento, traía un vestido largo y blanco, su cabello alborotado tenia enganchado un velo y una elegante redecilla que de seguro se había desarmado en la huida, su maquillaje se había corrido a causa de unas lágrimas que aún no la abandonaban.
Frente al altar un joven elegantemente vestido de cabello rubio miraba la escena confundido, se acercó dudoso hacía donde se encontraba la novia y el encapuchado.
- Amor mío…- susurró, pero algo que yo no ví lo detuvo.
El sujeto tomó a la novia del cuello, levantándola. El novio reaccionando se lanzó contra el agresor, pero enseguida cayó al suelo con un agujero en la frente, la multitud ahogó un grito. Y el sujeto comenzó a avanzar sin soltar a la chica, matando a los presentes sin siquiera tocarlos.
Yo estaba aterrado, sabía que debía huir pero mi cuerpo no me respondía. ¿Quién era ese sujeto?, pensé mientras veía caer muertos a los invitados.
La joven, no dejaba de llorar, ni siquiera intentaba zafarse de la mano que la mantenía sujeta.
El sacerdote rezaba a gritos, lanzando agua bendita contra el intruso como si lo exorcizara. El encapuchado levantó su mano libre y posó suavemente un dedo en el pecho del cura, inmediatamente la sotana se tiño de rojo y cayó muerto como los otros.
Los invitados que no habían sido asesinados, al igual que yo, estaban paralizados por el miedo.
El tipo se paró sobre el altar mirándonos, sin soltar a la chica.
- La deuda esta saldada- dijo el encapuchado a la chica al tiempo que la asesinaba. Su sangre bañó el altar.
Todo comenzó a temblar, la gente corrió hacia la salida que estaba bloqueada, entonces todo empezó a incendiarse y tras una explosión todo desapareció.
Fui el único sobreviviente. De la iglesia no quedó nada, nadie se explica porque sigo vivo.
Yo lo sé, fue para que algún día, si encontraba a la persona indicada, contara la verdad, para que al menos esa persona, entienda que existen cosas más poderosas que nada que pudiésemos imaginar y nunca controlaremos. El haber perdido mi vista me recuerda el precio que pague por conocer y ver lo que nadie debiera saber jamás.
Nunca sabré cual era la deuda de la novia, solo se que el pago fue mas caro de lo que pensó al pactar con ese ser.
Solo yo supe que sucedió ese día, y ahora tú también cargaras con la verdad hasta tu muerte.

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