jueves, 29 de julio de 2010

Invierno

Había sido un lindo día, lo recordaría, no solo porque hubiese brillado el sol a pesar de ser un crudo invierno (su querido general se había marchado aquel día), sino porque había compartido, quizás por última vez en un largo tiempo futuro una tarde de, ¿que importaba lo que habían hecho?, de risas, conversaciones y anécdotas pasadas, presentes y futuras.
Mientras estaba con ellos se olvidó completamente de la razón inicial que la arrastró hasta allí, sí, los extrañaba, añoraba verlos, pero había una razón mayor. En el fondo lo olvidó adrede, lo reconoció más tarde con una sonrisa lánguida.
Habían estado casi todos, junto a ella, sin adivinar nada, aunque seguían siendo los mismos en el fondo, notaba los cambios, no era solo un año más, no era que habían dado un nuevo paso, era las intensas experiencias que habían vivido en el último tiempo lo que los hacía lucir diferentes, pero no lucían más heridos, sino que, con los mismos rostros infantiles, sus ojos mostraban madures, y la mayoria mostraba una felicidad indefinible; claro, los solitarios amigos ahora tenían sus mitades, y lucían enamorados.
Y ese maravilloso día acabó. Como si no bastara siguió hablando con ellos esa noche, realmente los quería mucho. Entre conversaciones y confesiones, algo raro se confirmó, se alegró, era extraño, pero se sentía feliz... sólo quedaba hablar con la otra mitad para asegurar la felicidad de los dos.
Esa noche se fue a acostar alegre, pero sin que lo notara un cambio se produjo en su interior, no, si lo notó, pero no comprendió lo que era. Y el día siguiente transcurrió como si nada, la verdad parecía oculta detrás de sensaciones extrañas. Pero esa noche, mientras veía una de sus series favoritas, el misántropo personaje que tanto adoraba lucía triste, y una frase pronunciada le hiso más sentido del que debía ser, era ficción, pero ella comprendió lo que sucedía en su interior, porque algo similar sentía ella.... y un miedo negado cobró nombre, y el gatillante tras ella pareció claro.
El día sucedió a la noche, y el general invierno había vuelto a su lugar, parecía sonreirle cuando ella miró el exterior al despertar, el sentimiento de pesadumbre continuaba. Suspiró, creyendo que la noche agotaría su egoísmo, si, porque sabía era egoísta, pero no era eso lo que sentía, era más profundo, era ver confirmado lo que en el fondo esperaba ¿que es esto? quizás solo delirio, que nadie más que ella comprende.
La tristeza pasaría, apenas el general invierno dejara de abrazarla... que risa, como si ese fuera el motivo del hielo.
Uf... creo que era hora de desahogar lo que tenía atorado.... y, no, no había que comentar aquello que al tenerlos a todos juntos no supo pronunciar, después de todo, quizás habría que marchar igual, quizás la palabra temida llegaría sola porque sería arrastrada hasta allí...

Es sólo una semana de invierno atrapada en tu mente.

sábado, 21 de febrero de 2009

||Las 7 puertas|| Capítulo 12

Límite

Eliott abrió la puerta de la sala en la primera planta que estaba cerrada con llave. La creciente curiosidad de Ian y su reticencia por preguntarle nada, para no hacerle daño, enojarlo o quien sabe que miedo ridículo; lo divertía. Así que decidió abrir la sala, estaba preparado para enfrentar la oleada de recuerdos, después de todo, cerrada o abierta su presencia estaba allí y su perfume impregnaba cada rincón, no importaba cuanto abriera las ventanas, que inundara con un sinfín de aromas tanta agradables como asquerosos, el perfume de su piel y su cabello eran una huella indeleble. Idiota enfermo, bien sabía que era su mente la que provocaba todo eso, pero no por ello el asunto cambiaba.
Eliott prendió la luz de la gran araña que pendía en el centro de la sala y recorrió con su mirada cada centímetro, olvidándose por un rato de Ian que a su lado parecía encantado.
Ian comprendió cuando se volvió hacía su anfitrión que por una absurda coincidencia el antiguo responsable de la puerta también era músico; mas bien música. Y esa era la sala donde ejercía su arte, una gran variedad de instrumentos que más bien eran reliquias por su antigüedad permanecían intactos y en perfecto estado.
Se acercó enamorado a ese instrumento que fue su compañía tanto tiempo y que ahora esperaba en su casa, junto a esa mujer y ese hombre que lo querían como si su hijo fuese y que solo ahora se daba cuenta que tanto echaba de menos, cuando cerró esa puerta junto a Eliott no esperaba que se alejaran tanto, y aunque el tiempo era breve incluso para la efímera vida de un hombre cualquiera, el mar de emociones y experiencias vividas, los grandes cambios que se habían gestado en su interior le daban la ilusoria impresión de que eran años... pero unos maravillosos años, en que volvió a sonreír, a dormir en paz, y a disfrutar la calidez del amor; en esa fría fortaleza cubierta de nieve que era su hogar habitaba el espectro de un pasado enterrado. Si la felicidad de su corazón resistía hasta cuando su mentor anunciaba que el problema latente estaba solucionado y la bandera de la victoria era cantada, se llevaría su amor para llenar esa gran casa como debió ser si el mundo fuese justo.
El violín se acomodó en su cuerpo, y se sintió completo. Mientras con lentitud, como pidiendo permiso, arrancaba con dulzura las primeras notas, dejó que el espíritu de la música se apoderara de él, la melodía danzó en el ambiente libre y feliz, llenando cada rincón. Tantas emociones en su corazón y por fin tenían voz, el violín dejó guiarse y envolverse por el beso de su amado; fuego y hielo, día y noche, luz y sombra, en un segundo, en cada instante; del frenesí a la calma, el corazón desbordante bailaba en su interior y de pronto se serenó como besado por un ángel, las últimas notas fueron pronunciadas y vibraron en el aire para luego perderse en silencio en la eternidad.
Dejó el instrumento en el mismo lugar donde hace tanto tiempo descansaba esperando unas manos cariñosas que lo devolvieran a la vida. Eliott apoyado en la puerta cerrada lo miraba con una media sonrisa.
- Continúa- susurró, se dejó caer y sentado en el piso cerró los ojos.
Ian tomó una flauta traversa e improviso una melodía, como hacía cada vez que componía, pero esta vez los sentimientos que motivaban la melodía eran puros y luminosos; quizás fuera porque al tocar cerró sus ojos, pero cuando la nueva melodía acabó la sala parecía más iluminada. De pronto su vista recayó en un hermoso piano de cola, se acercó y quitó la tela que lo cubría, se quedó un minuto estupefacto, realmente el instrumento era una obra de arte... indescriptible.
Se sentó en el banquillo frente a él, unas cuantas composiciones yacían sobre el piano, le bastó una mirada para percatarse que era un trabajo complicado, refinado, único y maravilloso. Con curiosidad comenzó a reproducir lo que para cualquiera hubiesen sido garabatos en un papel pero que bien sabía él, era más que música. De pronto los papeles fueron arrancados interrumpiendo de golpe la interpretación.
Eliott sostenía los papeles en su mano, pero los volvió a dejar con demasiada fuerza sobre el piano boca abajo.
- Esos no- dijo lacónico.
Ian lo miró a los ojos, suspiró.
- Me decías que lo superara que continuara mi vida ¿qué haces tu?
- Yo he continuado mi vida, Ian..
- Si, pero evitando... quiero decir, sé que es tortuoso tener que volver a la casa donde guardas los mejores momentos, donde compartiste lo mejor de ti, donde construiste algo hermoso, donde en cada rincón hay recuerdos. Sé que aún su aroma impregna cada habitación, que a veces sientes su presencia, su adorada voz pronunciando tu nombre, sus caricias cuando duermes en el lecho donde tantas veces la amaste. No quieres que toque la melodía porque revivirás sangrando el instante en que ella te trajo hasta aquí y te mostró lo que había creado para ti. Pero así como la habitación en el barco de David, la cajita de música, esta casa, esta sala, esta canción te recuerdan a ella, no es esa la causa, porque todos los recuerdos los reviven tu corazón. Y aunque no se como, puedas sellar los recuerdos como si no existiesen, no puedes sellar el amor. El amor no se puede olvidar porque no se recuerda, se vive.- tomó una pausa para respirar y continuó- Así como tu me ayudaste, yo quiero devolverte el favor, no se como, pero esto es un comienzo, quiero que esa herida sane y seas como eras antes; bueno no se como eras antes porque yo no existía, pero de seguro eras mucho más feliz, y.. oh demonios, ahora me siento culpable. Bueno ese no es el punto, te prometo aunque me lleve mil años, te ayudaré.
Finalizó su perorata, satisfecho espero la reacción y respuesta; pero Eliott sonreía como el adulto que observa al orgulloso niño que le muestra su mejor gracia.
- No busco sellar mi amor, Ian... y estás en lo cierto- volteó y caminó con lentitud por la habitación- un viejo dicho dice que es tan corto el amor y tan largo el olvido- desde el otro extremo de la habitación se detuvo y se volvió- Dos milenios de amor, imagina el olvido.
Ian lo miró compungido y guardó silencio ¿qué podía decirle?
- Yo encontré mi otra mitad... ella ya no esta y yo continuo con solo una de mis alas.- le dijo con tono sereno, volviendo a apoyarse en el piano de cola.
- Pero ni siquiera has tratado de buscar otra mujer, sé que es improbable volver a tener ese fantástico golpe de suerte... o al menos estar abierto a la posibilidad.
- Yo estoy abierto al amor- respondió sonriendo- las amo a todas.
Ian lo miró con reproche.
- Al menos podrías mirar a tu alrededor, quizás tu medicina este más cerca de lo que crees- le dijo.
Eliott suspiró con pesar. Jamás olvidaría a Zarepsena, pero sabía que la propuesta de Ian era real, quizás podría volver a amar, no en la misma medida, ese amor era sublime, pero si amar de verdad y con intensidad a otra mujer. Era hora de avanzar, era hora de un cambio.
- Toca- le pidió a Ian, devolviéndole las partituras.
Ian miró sorprendido a su mentor, pero en su semblante había determinación, miró sus ojos y estos estaban tranquilos. Obedeció.
Eliott se sentó en el piso, apoyando su espalda contra el muro. Cerró los ojos. La música, esa melodía que había mantenido erradicada, entró con fuerza por cada poro de su ser, se tensó, esperando ser atenazado por ella. Pero al contrario; como una caricia recorrió cada rincón, invadiendo y dando alivio, el miedo se disipó dejando entrar nuevos aires, la rabia se disolvió dando movilidad a una agarrotada alma, la nostalgia estalló lejos liberando a la mente de sus tormentos y por último los dulces acordes tocaron su corazón, besando la herida con dulzura, que medio abierta inmediatamente cicatrizó, dejando apenas una línea delgada que molestaría cuando el corazón fuera apretado nuevamente. Abrió los ojos, mirando por la ventana el cielo, pero no lo vio; sorprendido se dio cuenta que sus ojos estaban anegados en lágrimas de emoción, las contuvo y volvió a cerrar sus ojos. En completa paz, estuvo a punto de tocar el cielo, sintió los brazos de ella rodeando su cuello dándole consuelo, pidiéndole que continuara, susurrando que lo amaba, que quería verlo feliz como cuando estaban juntos...
Recordó cuando, hace demasiados años, él lloraba no recordaba porque cosa; ella calmó su pena y le dijo: “Vamos, mi amor, tu sonrisa fue una de las cosas que me enamoró, dame esa luz otra vez”. Y él volvió a sonreír, por siempre.
El piano quedó en silencio otra vez. Tras unos instantes, Eliott miró al ejecutor que permanecía quieto, las manos y la vista fija sobre el piano, miró su rostro y se dio cuenta que estaba llorando. Se puso de pie y se acercó al rubio, este alzó la vista y le sonrió débilmente. En silencio, plata y oro se encontraron y comprendieron la magia que poseía la creación de esa mujer, el poder de dar vida al alma. Ian pensó que quizás puso parte de su soplo de vida en la composición, o en realidad era causa de la música y sus extraños encantos y misterios; sea como fuese era maravilloso.
- Tienes razón- rompió el silencio Eliott- no vendría mal un cambio.
Su sonrisa le dio un escalofrío, sea lo que fuese, estaría involucrado; pero si eso era un paso, haría cualquier cosa.
Eliott le explicó su idea, y comenzaron de inmediato. Desmantelaron la sala de música, exceptuando el piano de cola; mas bien, Ian la desocupó mientras Eliott iba en busca de lo demás.
- ¡Toca, no te detengas, ocupa cada emoción de tu ser!- exclamó al volver.
Así los dos encerrados en la habitación, se dejaron arrastrar por el arte; Ian con los ojos cerrados tocaba extasiado, solo a veces despertaba de su trance, para ver como su mentor, a una velocidad alarmante, pero con el talento de Miguel Ángel, más en realidad, plasmaba cada sentimiento trasmitido por su interpretación, los paisajes, figuras y colores más increíbles y hermosos decoraban la habitación. Un poco después de que Ian acabara de tocar, un poco acalambrado a decir verdad, Eliott se tiraba al piso luego de lanzar sus herramientas sobre una mesa.
- Eso estuvo increíble- exclamó risueño.
Ian coincidió y miró la obra de su maestro. Si bien cada uno de los muros –y techo-de la habitación era diferente, había un motivo que predominaba. Sonrió, era exactamente lo que sintió, vio y recordó. Alegría, sin duda, pero la alegría llamada nostalgia que sentimos al revivir esos hermosos momentos que son parte de un precioso pasado que no volverá.
- Debemos hacer esto más seguido- bromeó Ian.
Eliott rió con ganas.
- Así se hará, amigo mío- afirmó
Volvieron a ubicar las cosas de la habitación que, durante toda la tarde habían ocupado; pero el hogar donde descansaban ahora los instrumentos era muy distinto, o mejor dicho, era pleno.
Durante los días que siguieron, se dedicaron a transformar la casa renacentista en una casa... de estilo particular. Cada habitación predominaba un motivo, que se traducía o en una tonalidad, sino transmitía una sensación que trataron de mantener al redecorar cada habitación. El único lugar que permaneció indemne fue la gran biblioteca; de hecho Eliott casi golpeó a Ian cuando este sugirió que podrían cambiarla.
- Ella es perfecta, no necesita ninguna intervención, quizás una nueva adquisición pero más tarde haremos eso- le dijo.
Barani y Lilian salieron juntas mientras los dos nuevos lunáticos trabajaban. Felices de verlos radiantes, limpiaban sus desastres con agrado cuando estos, exhaustos, se dormían en cualquier parte tras acabar. Solo los interrumpían para llevarles comida, que en menos de dos segundos era devorada.
Cuando llegaron a la fachada Frederick quiso ayudar, Ian pensó que Eliott no lo dejaría pero se sorprendió al escuchar que no solamente lo aceptaba sino que además lo instaba a elegir el color. Así la casa pasó a ser azul petróleo y los marcos de las ventanas celestes.
- Se ve preciosa- comentó Ian.
- Si, es hermosa- coincidió Eliott
- Claro, si elegí yo- aseguró Fred.
Por supuesto el exterior de la casa no fue pintado un solo día, tardaron una semana en terminar. Cuando acabaron y se tendieron en la terraza de la recién enchulada casa, Eliott habló con tono despreocupado del dinero invertido en su trabajo.
- ... y ahora queda nada- terminó diciéndole a Ian, que con los ojos desmesuradamente abiertos no atinaba a canalizar la cantidad de dinero empleado sino que solo concentraba su atención en que su mentor decía no tener dinero.
- Pero...-
- Tranquilo, mañana iré al banco- lo tranquilizó riendo.
- ¿Por qué elegiste hacerlo todo de inmediato?
- Porque, hemos tardado bastante y eso ha mantenido las mentes distraídas- confesó sin miramientos- nuestro compañero ha estado jugando conmigo desde que llegamos, estoy harto a decir verdad, pero aún no llega.
- ¿Qué? ¿Viene caminando desde el polo?- dijo Fred emocionado
- Casi- contestó el griego con una sonrisa.
¿Casi? El compañero restante, el misterioso séptimo miembro, aquel que anunció la misión, el eterno. Tantas preguntas se le venían a la mente para hacerle cuando lo tuviera enfrente, aunque pensándolo bien, lo más probable es que las calmara menos que Eliott, si era sincero su mentor lo mimaba bastante en ese punto. Recordó divertido los primeros años, cuando agobiaba desde la mañana hasta la noche a su guía con preguntas, aunque en muchas ocasiones, siendo justo, solo formulaba una y el resto del día se desarrollaba en la respuesta, muchas veces práctica de la interrogante.
Ahora sus preguntas eran tan complejas que o bien las formulaba y recibían una larga y costosa respuesta o eran argumentadamente evitadas y descartadas por completo, o simplemente siquiera las formulaba atemorizado por la respuesta, esas veces, prefería la duda a la posible respuesta. Como bien le decía su maestro, hay cosas que es mejor no saber.

Ian acompañó a Eliott en su travesía al banco, y Lilian acompañó a Ian, este no dijo nada, el último tiempo lo había pasado más con el griego que con ella, y no se había quejado, era su turno de hacer mérito.
Después de tanto tiempo, Ian no sabía como lo haría para ponerse al día con una cuenta que debió haber pertenecido a su tataraabuelo; más aún con la teñida elegida para ir a reclamar una millonaria cuenta, con botas, jeans y chaqueta de cuero, parecía más de aquellos que se proclaman dueños de la carretera sobre una Hearley-Division de cuatro cilindros con una bandera de calavera hondeando al viento.
Entraron y Eliott se dirigió a un tipo que por su apariencia le recordó al típico banquero moderno que ilustran los libros y películas modernas.
-Buenas días señor- dijo sin levantar la vista- ¿en qué puedo ayudar... lo?
Lo miró de arriba a bajo con la boca fruncida, como quien huele un aroma poco agradable. Eliott sin intimidarse explicó que solo venía sacar dinero de su cuenta.
- Muy bien señor....-
-Fontenelle- aclaró este impaciente.
- Muy bien señor Fontenelle ¿el número de su cuenta?- pidió más por desconfianza, pues con la cédula de identidad bastaba para un tramite así de simple.
Eliott respondió y el sujeto abrió considerablemente los ojos, comprendiendo que la cuenta fue creada poco después de que naciera el banco, y eso que este era el más antiguo que existía en el país.
- Lo siento señor Fontelle, todos los datos son correctos, pero es imposible que un muchacho como usted sea el dueño de esta cuenta.
- A vamos, Freddy dame el dinero y deja de jugar- ordenó Eliott sonriendo.
- Chhht!- lo hizo callar- Alguien puede oírte papá.
El griego no respondió y se limitó a esperar a que el otro hiciera su trabajo. Ian y Lilian miraban al cuarentón en el que se había transformado Frederick, se habían dejado engañar por la farsa, aunque en realidad no tenían modo de saber.
- Más atentos, no se crean todo lo que miran, aprendan a ver- les dijo con tono ligero, pero Ian sabía que hablaba en serio.- Recuerden que él puede hacer todo e incluso más que nosotros.
Tenía razón, miró a su alrededor y se quedó mirando a una mujer mayor, se veía tan frágil, tan indefensa; ellos debían parar a ese sujeto, sino ella podría acabar muerta, o peor aún sola y sometida a un falso ídolo que haría de la Tierra un infierno. De pronto recordó a Jean, a Lond, solos en esa gran fortaleza, quizás cuando volviera ellos ya no estuvieran. Si al menos se hubiese despedido sabiendo que el viaje sería así de largo no sentiría ese vacío; debía llamarlos, saber si estaban bien, decirles cuanto los extrañaba y que lo esperaran que él volvería pronto y que les tenía una sorpresa, que ahora era mucho más feliz y que todo sería distinto, esa gran casa volvería a ser cálida, sería otra vez un hogar.
- Ian-
Volvió de su ensimismamiento, Lilian lo miraba con intensidad, le sonrió, y miró a su mentor que lo había llamado.
- Ellos están bien- le dijo.
- ¿Cómo sabes...?-
- Barani me lo dijo, hace tiempo que rondan en tu mente, mas bien en tu subconsciente.
- Los extraño- confesó en voz baja, Lilian lo abrazó por la cintura y apoyó su cabeza en su pecho. Devolvió el gesto.
- Lo sé, lamento no haberte advertido que las cosas serían así- contestó con suavidad- Pero ellos están bien.
- No sé cuanto tiempo más estaré lejos, pero solo pido volver a verlos.- dijo para sí en voz alta.
Ian hacía una petición al cielo, pero el griego quiso ser el cielo y respondió.
- Ellos te esperarán- aseguró.
Ian asintió pensando que no era más que unas palabras de consuelo. Lilian miró al de cabellos oscuros, adivinando en su mirada y en la sonrisa confirmativa que le regaló, que había decidido detener el tiempo. Este manto protector sería levantado cuando el rubio regresara, ellos no serían concientes del verdadero tiempo que había pasado desde la partida de su pequeño hijo. ¿No iba contra las reglas intervenir en los otros?
Salieron del Banco, y al poco andar se les unió Fred, que cantaba sin cesar. Eliott de un andar resuelto y ligero cambió a un paso lento y metódico. Ian miró a su mentor extrañado, estaba pálido pero sus ojos permanecían chispeantes.
Eliott se detuvo apoyándose en una muralla, los otros tres se volvieron para ver la causa de su pausa.
- ¿Estás bien?- preguntó frunciendo el ceño. La respiración de su compañero era irregular.
- Si- le contestó- solo mantenía una conversación poco agradable con nuestro colega escurridizo.
- ¿Conversación?- preguntó Lilian sin entender.
Eliott señaló su mente con una sonrisa que de pronto se volvió en una mueca de dolor.
- ¡Eliott!- exclamaron los dos.
Fred parecía asustado y no se movía.
Ian se acercó para ayudarlo, pero su mentor se irguió casi con prepotencia.
- Estoy bien- aclaró con brusquedad.
A Ian le pareció que su respiración regulada era forzada, de hecho parecía esforzarse en inspirar y espirar de forma rítmica y profunda. El color no había vuelto a su rostro.
Siguieron caminando, en un silencio preocupado. Los tres caminaban despacio, observando a cada momento a Eliott, que mantenía su ritmo al caminar pausado pero constante. De pronto, Eliott Fontelle se detuvo. Se volvieron. Su cuerpo pareció perder toda su energía y cayó.
Como un impulso, Ian se adelantó y detuvo su violenta caída, más bien, evitando que se desnucara contra el piso.
- ¡Ve por ayuda!- le gritó Ian a Lilian que ya corría rumbo a la casa que esperaba a solo dos cuadras de allí.
Ian sin detenerse a averiguar si estaba vivo a no, lo agarró con la ayuda de Frederick y caminaron lo más rápido que les permitía el peso de ese cuerpo inerte a casa.
-Tranquilo Fred, hierba mala nunca muere- le dijo en un tono bromista impropio de él, al ver al desequilibrado a punto de echarse a llorar.
Entraron en la casa.
- ¿Qué sucedió?-preguntó Barani cuando entraron
Lilian permanecía con la mano apoyada sobre el teléfono, estaba mirando a David cuando ellos irrumpieron, el pirata también se volvió a verlos pero permanecía tenso. De pronto Ian tuvo la sensación de haber impactado contra un muro, tuvo que esforzarse en no soltar a Eliott, cuando el dolor menguó observó que los otros habían sentido lo mismo; pero más impresionante era que la casa había vuelto a su estado original, de hecho un aroma dulzón, entre lirio y miel, impregnaba la habitación. Apartó el torrente de pensamientos que surgían, especulaciones para las que ahora no tenía tiempo.
- Llama una ambulancia- le dijo a Lilian despertándola.
- No- contradijo con seriedad.
- ¿Quieres matarlo?- le preguntó enojado.
- Si, pero con mis propias manos- masculló.- Si se pone a hacer cosas como estas en el hospital ¿Cómo lo explicarás?
- Eso es lo de menos con tal de salvarlo... no tenemos idea siquiera de que le sucedió
- No morirá- aseguró.
Ian lo miró sin ser capaz de albergar más rabia contra él, con el ceño fruncido y una mueca de desprecio leyó la expresión de su rostro, su boca era la sombra de una sonrisa satisfecha, alegre del estado en que se encontraba “su jefe”, el resto de su cara roja por la ira permanecía tenso, como un animal- un zorro- listo para aniquilar; sus ojos, pupilas dilatadas producto de la adrenalina apenas dejaban un delgado disco pardo donde había miedo. Ian, sin saber porque tuvo la certeza de que o bien el pirata tuvo algo que ver o había hecho algo contra su mentor, algo que no esperaba terminara así o actuara tan pronto.
- Ian- lo llamó Barani que trataba de reanimar el corazón de Eliott.
Su corazón no latía.
David e Ian se miraron como dos animales al acecho. Dejó el asunto de lado y se arrodilló junto al cuerpo de su mentor golpeando con sus manos su pecho para reanimarlo mientras Barani enviaba sin cesar oxigeno a sus pulmones. Fred acurrucado junto al enfermo, sin moverse, sin parpadear, sin respirar.
Vamos Eliott, vamos hombre ¡Vuelve! No nos abandones, repetía en su mente, comenzando a desesperarse, su corazón se resistía latir. Siguió intentando reanimarlo con más ahínco, sin darse cuenta contuvo la respiración mientras su frente se perlaba de frío sudor, producto del pánico que lo acalambraba.
Soltó el aire que retenía en un suspiro suplicando Por favor maestro, esta no es tu hora, por favor regresa. Se detuvo al sentir el débil palpitar de un fatigado corazón que volvía a la vida. Se apoyó en el piso no sabiendo si reír o llorar, se sentía cansado como si de golpe le hubiese quitado sus energías.
- El soplo de vida- susurró Fred clavando sus ojos de color verde mar al igual que su pelo.
¿Había usado su poder? Se preguntó. No había tiempo para eso, la respiración era irregular, pronto colapsarían sus pulmones, debían intubar. Lo llevaron a su habitación- su antigua habitación- donde Lilian ya había llevado el equipo médico que guardaba Eliott en la casa. No tardaron en estabilizarlo, y se detuvieron un instante.
- Le ha dado un ataque al corazón- confirmó Barani.
- Eso quiere decir que puede volver a fallar- comentó Ian.
- ¿Sugieres un bypass o un transplante?- preguntó con ironía David que solo había observado sin inmutarse.
- Jamás he estudiado medicina, David, pero creo que todos sabemos bastante ¿No?- Si bien muchas veces había tenido intensión de indagar profesionalmente en esa área, por no querer tomar riesgos sólo leyó, es decir, la teoría era perfecta, pero no estaba seguro si sería suficiente.
- Yo no recuerdo nada- contradijo abandonando la habitación.
- Lo mejor será dejarlo descansar- susurró Lily
- Aja... haremos turnos para acompañarlo, lo mejor será no dejarlo solo.- convino Ian, no solo por un posible ataque, no confiaba en el pirata.
Durante días permaneció inconciente, si bien no empeoraba tampoco había mejoría observable; la atención de todos se centraba en el enfermo.
Ian, se dijo que si al acabar la semana no despertaba, llamaría un médico, sabiendo el riesgo, pues al segundo día de ocurrido el accidente se habían encontrado con un niño Eliott y había permanecido así todo el día. En otro momento había hecho adolescente a Barani, para diversión de David que alegaba las dificultades legales que podía tener por estar con una menor.
Aunque permanecía inconciente, el griego la mayor parte de las veces parecía estar sumergido en un mal sueño, su rostro lejos de la serenidad se mostraba atormentado.
David había vuelto a ser el de siempre, colaboraba pero Ian seguía oponiéndose tenazmente a dejarlo a solas con su mentor, este se encogía de hombros y seguía con lo suyo.
Por fin una mañana, mientras Barani un tanto dormida permanecía junto a él, despertó. Ella se inclinó con el rostro embargado por la emoción.
- Hola- saludó Eliott con voz débil una vez reconocido el rostro. Trató de incorporarse pero Barani lo detuvo- ¿Qué sucedió?
- Te dio un ataque, tu corazoncito colapsó y dejó de latir.- le explicó con voz suave.
Eliott permaneció en silencio, y la mujer creyó que estaba asimilando la noticia. La verdad estaba muy lejos.
- ¿Cómo te sientes?- le preguntó con dulzura.
- Bien... un poco cansado, como si llevase días caminando- contestó sonriendo cansino.
El enfermo recorrió la habitación, pero no preguntó nada más. Alguien llamó a la puerta.
- Permiso, Barani- dijo Fred, pero se quedó quieto al mirar la sonrisa de él que se suponía estaba inconciente.
- Me das un momento, preciosa- le pidió Eliott.
Ella asintió y abandonó un tanto curiosa la habitación, Fred se arrodilló junto a la cama, cerró la puerta.
Minutos más tarde Ian entró sin preguntar, aparentaría sorpresa pero Barani ya le había mencionado que hablaba a solas con el loco. Eliott susurraba a Fred manteniendo una mano paternal sobre la cabeza de este. El enfermo se interrumpió y sonrió al recién llegado.
- ¿Cómo estas Ian?- le dijo alegre- Freddy me contaba que me salvaste la vida y como sin querer usaste tu don.
Ian no dijo nada, recordó lo que le dijo “Morfeo” pero le costaba creer como el simple deseo de salvarlo despertó el lado positivo de su poder.
Fred se despidió y salió cerrando la puerta.
- Con la práctica no te cansarás demasiado y podrás hacerlo sin siquiera pensarlo llegando a ser capaz de volver a la vida a los muertos, pero cuidado, eso esta prohibido.
Ian sonrió débilmente ante el tono jovial de su mentor.
- ¿Cómo te sientes?-
- Excelente, solo por prevención esperaré hasta mañana y haremos como si nada de esto hubiese pasado.
Eliott miró alrededor y en un instante la habitación volvió al presente, el esfuerzo que le requirió este simple “movimiento” lo obligó a recostarse, agotado y con el corazón desbocado.
- No te esfuerces- le pidió Ian, pero el otro gruñó frustrado por la repentina limitación de su don- solo descansa ahora ¿si? Duerme.
Un poco a regañadientes pero sin fuerza para negarse obedeció y se sumergió en los dominios de Fred de inmediato.
Cuando despertó era de noche y Barani volvía a estar con él.
Siendo sincero se sentía fatal. Así que ahora tenía un gran resfriado, se diagnosticó tras notar el estado completo de su cuerpo.
- Tengo frío- le dijo a pesar de que por la teñida de la morena debía hacer muchísimo calor.
- Estas afiebrado- le explicó.
- tengo frío- reiteró con voz débil.
Ella le sonrió, se acercó más a él y lo acunó entre sus brazos.
- Gracias- susurró él, antes de dormirse.
El sueño fue sereno hasta que Barani se apartó para ajustar un par de cosas, el chico sudaba y jadeaba casi con angustia, la fiebre iba y venía.
Barani recordó ese periodo oscuro, los años negros y bloqueados de Eliott, la forma en que sobrevivió el luto.
- No quiero volver a verte así, nunca, nunca- murmuró acariciando su rostro y su cabello empapados de sudor.
Como si la hubiese escuchado, la salud del susodicho comenzó a mejorar.
Ian acudió mas tarde para relevar a la morena, pero ella no ser marchó. Conversando con Barani sin querer llegaron a la causa del deteriorado estado de salud del viejo roble: Cansancio.
- Tu ya has comprobado que el uso de nuestros dones fatiga tal cual como cualquier esfuerzo tanto físico como intelectual, dependiendo de la intensidad será el agotamiento posterior. Eliott es el único de nosotros que mantiene permanentemente su don activo.
- Las 24 horas todos los días del año durante milenios...- siguió Ian concluyendo- Nos mantiene a nosotros, sus casas, el barco de David y quien sabe cuantas cosas más.
Lo admiraba, ese hombre desbordaba vitalidad, a pesar de que cargaba una cruz enorme y pesada todo el tiempo.
- Siempre ha sido así ¿Qué lo sobrepasó?- preguntó la morena.
Ian se quedó pensando, pero como siempre ocurría la respuesta se posó en su mente. Ellos te esperarán, había dicho... y había hecho. El favor concedido sin petición había excedido sus fuerzas, unas fuerzas ya debilitadas por el desgaste emocional que se arrastraba desde que pisaron esa maldita ciudad. Así que la vida otorgada no era más que el justo pago por haber provocado su casi-muerte.
- Lo bueno es que ya esta bien- le dijo Barani, no era su culpa pues él nunca le pidió nada- supongo que con esto aprenderá a dejar unas cuantas cosas libres, el tiempo debe hacer su trabajo sin importar que este sea destructor.
Miraron a Eliott que dormía en la cama, sin fiebre, con respiración constante y latir estable, y una media sonrisa en su rostro sereno.
La verdad, como se enteró en otra ocasión Ian, era un poco distinta. Cierto, Eliott estaba un tanto agotado, pero jamás colapsaría. Cuando decidió detener la vida de Jane y Lond, el séptimo, que velaba por el cumplimiento de las reglas e impartía los castigos, le ordenó revertirlo, y el testarudo recibió la sanción. Esa era la razón del infarto, “El Viejo” como lo llamaba su mentor, destruyó su sistema inmune y solo cuando sus defensas volvieron pudo comenzar a sanar.
Más tarde, ahora que ya estaba todo mejor, Ian dejó a Eliott a cargo de Barani, en mejores manos no estaría; y él fue a reunirse con la hermosa colorida que le había robado el corazón.
La abrazó y la beso lentamente, prolongando cada segundo, como queriendo retener para siempre esos momentos, memorizando cada rincón de su ser, su aroma, su tacto, su sonrisa blanca e inocente, esos ojos verdes que brillaban como zafiros deslumbrantes, esa cabellera roja que según antiguas creencias era buena suerte, esperaba de todo corazón que así fuera.

Eliott luego de volver a ser el que era, arrastró a Barani hasta la terraza.
- No abuses de tu buena salud- le pidió ella riendo ante la hiperactividad del otro.
- Vamos, soy inmortal... los dioses no podemos morir, Afrodita- replicó tomándola por la cintura.
- Cuidado hacia donde te diriges, Apolo- le advirtió en tono ligero.
-Baila conmigo- le pidió de pronto.
- ¿Aquí? ¿Con que música?-
Eliott rodeó su cintura atrayéndola hacía si, apoyó su mejilla en la mejilla de ella y comenzó a susurrar una canción.
-[Lentoooo]
Ella rió y pasó sus brazos alrededor del cuello de él.
- Me encanta esa canción- ronroneó.
Él siguió cantando, mientras pegados bailaban en la terraza a la luz de la luna. De pronto, desde el interior, les llegó el sonido de la canción que el griego cantaba. Barani apoyó su cabeza en su pecho, oyendo el milagroso palpitar de ese corazón que tanto quería y pidió no dejar nunca de oír la música que le regalaba cada latido; acompasado, enérgico y dulce.
La canción acabó pero ellos siguieron, ajenos al mundo. Ella alzó el rostro, encontrándose con esos ojos grises que brillaban como diamantes, con lentitud acortaron la distancia de sus rostros, él cerró sus ojos y ella los suyos, solo entonces sus labios se juntaron.
El interior de Barani estalló en mil sensaciones, su corazón latía desbocado y su estomago se había desecho en mil mariposas que volaban en su interior, el suelo desapareció, menos mal, él la sostenía de la cintura.
Sin saber que creer volvió a mirar los ojos de plata pero no los encontró; Eliott permanecía con los ojos cerrados. ¿Qué significaba todo aquello? Decidió no pensar, mejor era no comprender. Lo abrazó y volvió a apoyar su cabeza en su pecho, él acarició con lentitud y ternura su largo cabello.
Adentro, mirando oculto desde una ventana, Fred sonrió y se felicitó por su intervención músical. Miró hacía arriba sonriente: Mira mamá, comienza a cumplirse tu deseo, papá vuelve a ser feliz, dijo al cielo, viendo cosas que solo él podía ver. No te preocupes, te sigue amando y nunca dejará de hacerlo porque así es él, pero puede amar de nuevo ¿no? Aguardó la respuesta, Muy bien, entonces continuaré con mi misión. Te amo, mamá, hablamos después.
Afuera, la luna se marchaba, su luz era opacada y las estrellas desaparecían, desde lo profundo se alzaba lento y majestuoso el gran astro, tiñendo de rojo y dorado las nubes; la noche tocaba a su fin y el comienzo de la alborada era el anuncio de un nuevo día, hermoso y brillante.

||Las 7 puertas|| Capítulo 11

Gatillante

Eliott cerró la puerta de un portazo, parecía molesto por decirlo menos.
- ¿Algo anda mal?- preguntó Ian tras casi impactar con él.
- Nada importante- respondió recuperando su actitud despreocupada de siempre. Siguió su camino- Ah por cierto, guarda tus cosas, nos vamos.
Ian miró a su mentor alejarse, maldición, siempre anunciaba los cambios con tanta indiferencia y tan a la ligera que tenía más lógica conversar con la muralla si no estabas de acuerdo. Aunque los tercos e insensatos abundan.
- ¿Por qué debemos hacerte caso?- objetaba a gritos el desaliñado pirata.
- Si no quieres no vengas... sabes bien que el avión no te esperará
- ¡¿Avión?!- exclamó con un tono casi histérico.- Muy bien, “Dios”, iré… pero en mi barco.
- Esta bien, si te dan miedo los pájaros de hierro- le dijo sin poder ocultar una sonrisa burlona.
- No es miedo estúpido- le interrumpió sin poder evitar sonrojarse- es solo que no dejaré a mi bebe abandonado.
Eliott rió y le aseguró que más tarde le daría el destino para que fijara su ruta. Así el grupo se dividió; Lilian, Ian y Eliott tomarían el avión y Fred con Barani acompañarían a David en su cruzada marítima.

En el aeropuerto, esperaban que su vuelo fuera anunciado para poder abordar, Eliott aburrido, entró a una tienda para comprar algo para beber, pero mientras decidía una escena llamó su atención. Ian extrañado siguió la mirada de su compañero encontrándose con que un niño mientras corría por la tienda chocó con un estante botando varios frascos de vidrio que yacían rotos desperdigados por el suelo, su madre le retaba fuera de sí, luego le dio una fuerte cachetada al niño que lloraba tocándose su mejilla hinchada. Ian se vio a si mismo en ese pequeño niño, y el dolor y la rabia lo embargaron, quiso detener a la madre que le daba el segundo golpe pero Eliott lo retuvo interponiendo su brazo, frustrado lo miró como quien mira a un loco, pero el rostro de su compañero era una mascara inescrutable.
- Señor, yo pago- dijo con voz fuerte llamando la atención no solo del vendedor sino de las demás personas que o contemplaban la triste escena o la ignoraban adrede.
Sin mirar la reacción que produjo en la madre, se acercó al mostrador y pagó, Ian no alcanzó a ver que cantidad, pero no recogió el vuelto; luego se volvió y acercándose al niño le tendió una bolsa de dulces.
- Buen viaje- le dijo sonriendo ampliamente, el niño se enjugó las lágrimas y sonrió.
Ian miró a la mujer, que roja no sabía si de vergüenza o de rabia contenida, o quizás ambas, miraba a Eliott alejarse sin saber si agradecer, golpearlo o que; no pudo reprimir una sonrisa. Tomó un jugo, pagó y abandonó la tienda luego de revolverle el pelo al chiquillo.
Cuando volvió al sitio donde esperaban con sus bolsos de mano se quedó no menos que sorprendido al ver a Fred allí con sus cosas y a Eliott sentado agarrándose la cabeza.
- ¿Qué acaso no me quieres?- le decía con voz temblorosa el desequilibrado.
- No se trata de cariños Fred… pero debías decirme que querías venir conmigo- respondió con su mentón apoyado en su mano empuñada.
- Es que en ese caso Barani no habría aceptado irse sola con David- contestó- era un pequeño favor para mi amigo.
Un silencio anonadado. La mirada incrédula de los tres. Eliott riendo a carcajadas. Los otros dos y Fred mirando al macedonio casi asustados.
- Me imagino la cara de Barani cuando descubra que…-pero no pudo continuar volviendo a reir- David es idiota... si en todos estos siglos ella no le ha dado…- más risas, suspiró ya adolorido de tanto reír- Me pregunto porque no le da una oportunidad, por insistencia se la ha ganado.
Ian miró a Lilian que puso los ojos en blanco y murmuró algo que sonó como: Idiota ciego.
- Volviendo a cosas importantes… ¿Qué quieres que haga? ¿Te meto de contrabando o veo si logro comprar un pasaje dos segundos antes de subirme al maldito avión?
Fred lo miró de forma extraña y acercándose a él, se tiró encima, Eliott lo agarró en brazos sin pensarlo, acto seguido el griego sostenía en sus brazos un montón de ropa arrugada.
- ¿Qué …?- preguntó Lily pero se interrumpió al ver surgir una pequeña mano entre el montón de ropas- ¡Un bebe!
- Debería habérmelo imaginado- murmuró Eliott despojando al bebe de la ropa demasiado grande para él. – Tenlo- le pidió a Lilian, ella tomó la criatura desnuda mientras el otro abría la maleta, sonreía y sacaba unas cuantas cosas.
Ian miró la maleta donde Frederick había empacado solo cosas para bebes. Observó divertido a su mentor poniendo con extraordinaria habilidad pañales y luego la ropa al bebe Fred.
- Ahora no paga el muy astuto- dijo envolviéndolo en una mantita y tomando el bolso de él- Ian, lleva mis cosas.
El rubio obedeció y siguió al inesperado papá. Las personas parecían enternecerse sobremanera cuando miraban a Eliott con el bebe. El otro no se quejaba y aprovechaba los beneficios que le traía el pequeño Fred. Cuando llevaban un par de horas de vuelo, Eliott murmuró un improperio.
- Fred te has excedido, es beneficio para los dos que seas un bebe pero podrías haberme avisado- le dijo levantándolo como quien alza un cachorro.
- ¿Qué sucede?- preguntó el rubio.
- ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Huele!- exclamó acercándole el pañal a la cara.
- Ya entendí…- respondió apartándose asqueado.
Eliott murmuró otros insultos ininteligibles y se paró con Fred. Lilian sofocaba una risa divertida, que se volvió en carcajada cuando “padre e hijo” se alejaron. Minutos después volvió con un bebe limpió.
- No lo vuelvas a hacer ¿me oíste?- le ordenó a Frederick en un susurró. El bebe emitió un sonido como asintiendo.

Caminaban con su equipaje rumbo al puerto más cercano, hacía un calor húmedo, pero la brisa marina hacía mas ligero soportar el clima. Ian miraba constantemente a Eliott, el cual parecía estar sumergido en un trance de éxtasis, su vista recorría los parajes como queriendo devorarlos, había añoranza, nostalgia y alegría en su mirada; sinceramente, el tenerlo al lado tan distraído lo ponía nervioso, provocando que estuviera más alerta, como si el peligro los aguardara en cada rincón, muy bien, estaba siendo un tanto paranoico; pero se sentía un tanto vulnerable ante territorio desconocido, con un destino ignorado y un enemigo poderoso y misterioso rodeado de una muchachita bonita y confiada, un hombre ausente y un bebe.
Fred seguía siendo una criatura a pesar de que hace bastante tiempo que habían abandonado el aeropuerto, y curiosamente Eliott no se quejaba, de hecho, parecía no darse cuenta de que tenía un bebe en brazos; ¡maldición! Parecía no darse cuenta de nada.
- Así que aquí vive nuestro compañero- le dijo tratando de despertarlo.
- No, este el lugar que irritantemente eligió para encontrarnos, vive lejos de aquí… en realidad es difícil determinar donde vive, pero aquí nunca- contestó mirándolo como si nada, como si nunca hubiese estado ido.
- ¿Entonces por qué aquí?- preguntó con curiosidad.
- No lo sé, supongo que solo es por una mala intención… aquí vivía yo.
- ¿Cuándo?- preguntó recordando que no se encontraban precisamente en Grecia ni en el territorio que antaño correspondió a Macedonia.
- Antes de tu llegada.- respondió lacónicamente.
Eso significaba solo una cosa, vivía allí con el amor de su vida, hasta que ella desapareció y decidió no pisar nunca más esa ciudad. Eliott tenía razón, era bastante retorcido pedirle que se encontrasen ahí, y más allá de eso no entendía porque, siendo tan impetuoso y avasallador, obedecía sin chistar. Ahora que recordaba, cuando vio a su mentor tan enfadado cerrando la puerta con poca delicadeza debió tratarse de eso, en la habitación no había nadie más que él ¿con quien sino discutía?. Suficiente, estaba viendo cosas donde no había, quizás estaba exagerando un poco el asunto; pero si algo sacaba al limpio de todo es que, sin conocerlo, su desconocido compañero no le agradaba, y más por precario instinto que por raciocinio se mantendría atento, algo turbio se estaba gestando, lo sabía con una certeza casi fanática, esta vez haría caso de sus presentimientos.
- ¡Hey! ¿Cómo estamos?- exclamó Eliott viendo aparecer a Barani.
- ¡¿Cómo se te ocurre dejarme sola con ese depravado?!- gritó plantándose frente a él- Porque supongo que fue idea tuya.
- Pues no, no lo fue- le contestó sonriente- aunque me causó mucha gracia.
- Entonces ¿Quién fue?- musitó- ¡Frederick! ¿Dónde esta ese lunático?
- Aquí- contestó Eliott tendiéndole el bebe que sostenía en brazos del cual la morena no se había percatado.
- Esta preciosura se fue todo el camino amurrada como niña pequeña- David acababa de bajar de su barco y arrastraba unos cuantos bolsos; su barco estaba desierto.- Freddy ocúltala… no quiero que nadie la toque.
El pirata miró al bebe, luego en dirección a su barco y sonrió, ya no estaba.
- Llévanos a casa patriarca- le dijo a Eliott- estoy cansado de todo esto.
Eliott acomodó nuevamente a Fred en sus brazos y encabezó la marcha a través de las agitadas calles de la ciudad hasta una casa bastante grande, a pesar de ser una edificación renacentista parecía recién construida, la vegetación no había invadido en ninguna zona, las paredes blancas se mantenían libres de enredaderas. Eliott franqueó la reja exterior seguido de los otros, el camino empedrado hasta la casa estaba limpio también, a cada lado el pasto se mantenía fresco y los rosales que adornaban el jardín estaban asombrosamente florecidos, las rosas impregnaban el ambiente con su dulce y suave olor. El griego sacó una llave de sus jeans y abrió la puerta, se detuvo un instante antes de entrar. Ian pensó en cuanto dolor le estaba causando aquello, lo comprendía pero no sabía como ayudarlo.
La casa estaba exquisitamente decorada, de inmediato se sentía el buen gusto femenino rematando cada una de las habitaciones.
Eliott llevó al bebe a una pequeña habitación, volviendo minutos más tarde con Fred adolescente.
- Estás más joven- recriminó David.
- Así quiero estar- contestó el otro con su cabello del color rubio ceniza.
- Ahora no podremos salir como antes, eres muy pequeño- gruñó el pirata.
- Arriba están las habitaciones, usen lo que sea están en su casa- dijo Eliott para luego salir de la casa.
Ian examinó la casa, el hall contenía una chimenea que ahora solo servía de decoración, unos cuantos sillones, un amplísimo sofá, un armario y una vitrina, todos elementos de época; pero incluso los muebles renacentistas eran recientes cuando ser acercó a examinar el contenido de la vitrina; vasijas, joyas, figuras de épocas olvidadas, pudo reconocer la procedencia de varias civilizaciones ancestrales, incluso de la lejana sumeria. Quizás entre todas esas cosas encontraba algo de la primera civilización.
Frente al hall había una muerta de roble tallada, similar a la puerta doble en la casa de Fred pero en miniatura y sin tanto detalle; franqueó el arco quedando frente a una habitación hexagonal, alta, parecida a una torre, solo que en todas sus murallas habían repisas repletas de libros; incluso en el suelo habían unos cuantos apilados, en una de las caras del hexágono sobresalía una escalera que conducía a la segunda planta de la biblioteca; los libros parecían igual de antiguos que el resto de las cosas, estaban escritos en todos los idiomas posibles, incluso en lenguas muertas. Trató se seguir el orden de los volúmenes pero no había relación entre autores, idiomas, temas, épocas ni alfabética; aún así era claro que el orden no era casual. En un rincón tomó un grueso volumen de la Biblia, por su tapa de cuero, la tipografía y las miniaturas que decoraban el libro era trabajo de monjes a mediados de la edad media. Unos pergaminos más allá, fabricación de papiros egipcios, confirmado por sus extraños caracteres más semejantes a dibujos que a letras. Fascinado siguió revisando uno que otro libro procurando mantener el orden, estaba extasiado, ese lugar era más rico que la biblioteca de Alejandría; sonrió, quizás algunos libros desaparecidos no fue consecuencia del fuego. Sorprendido, leyó pasajes de obras de célebres y sabios hombres de los cuales nunca se tuvo conocimiento de su existencia.
Tratando de controlarse decidió subir la escalera, el segundo piso de esa magna fuente de conocimientos era idéntica, con la diferencia que una de las caras del hexágono era un ventanal y frente a este había un escritorio.
Por un momento olvidó los libros y se acercó a la pequeña mesa, sobre esta había unos cuantos libros abiertos, pero en el centro había un cuaderno sobre este un lápiz, bastó mirar brevemente la hoja abierta para reconocer esa pulcra y sofisticada caligrafía. Sin saber bien por qué no se atrevió a leer las anotaciones de su mentor, una parte de él temía el conocimiento que pudiera haber entre esas hojas, mucho más profundo incluso que aquellas obras ocultas al conocimiento de la humanidad; y la otra parte no quería trastocar la confianza, invadiendo su privacidad, no podía prever de ninguna manera su reacción. Mas allá del cuaderno de notas, centró su atención en la forma en que estaban dispuestas las cosas, era como si hubiese estado trabajando y de pronto hubiese sido interrumpido trivialmente, eso explicaría porque no guardó sus cosas; tal vez fuera algo demasiado urgente, pero conociendo a su mentor, era mas probable que hubiese corrido con el cuaderno en su mano antes que dejarlo tirado allí; era claro que planeaba volver pronto, pero no lo hizo. Algo ocurrió que no pudo volver con prontitud, la muerte de ella, eso explicaría a su vez porque no volvió a pisar la biblioteca, ni la casa en consecuencia.
Volvió su vista a la biblioteca, tantos libros, pero ya tendría tiempo de revisarlos, si bien no todos, suficientes para dejarlo pensando por un siglo.
Salió de la biblioteca por la planta baja, la habitación contigua estaba cerrada, frente a ella estaba el baño y la escalera que conducía al segundo piso, más allá estaba la cocina, bastante grande, junto a una especie de lavadero; la cocina tenía un estilo particular que no logró identificar, era única; parecía que Eliott se hubiese esmerado en la construcción de una cocina hermosa, eso significaba que el lugar era importante para ella y que además cocinaba muy bien. Una pequeña puerta conducía a la terraza, pero no salió sino que entró en la última habitación del primer piso, el comedor; que contenía una puerta doble de vidrio que conducía al inmenso patio que se perdía entre los árboles.
Volvió a mirar el comedor, notando algo extraño, la casa tenía muchísimos cuadros, unos originales de pintores famosos y unos cuantos no menos bellos de su autoría, oh Dios, su mentor era un verdadero artista. Pero a pesar de los cuadros, las vitrinas con objetos milenarios, los libros valiosísimos y las armas que decoraban la sala de la escalera no había ni una sola fotografía. ¿Razón personal, mera casualidad o motivo estético?
Alguien tocó su hombro. Se volvió, allí estaba su pequeño sol escarlata, como el fuego hermosa y quizás también peligrosa, sonrió, en realidad así era, pues ya lo había abrazado por completo. Alejó de su mente sus cavilaciones, por un instante se sintió egoísta, pero se dijo que ya tendría tiempo de buscar una forma de ayudar a su mentor, por ahora la felicidad tocaba su puerta, no iba a desperdiciar ni un segundo, pues bien sabido tenia que las cosas buenas acaban pronto. Tomó la mano de la colorida y dejó que lo guiara.

En dos días habían vivido como en ensueño, Ian y Lilian solo tenían ojos para ellos; Fred estaba en un constante cambio de forma pero casi no salía de su pieza, quien sabe en que locura había transformado esa habitación, en realidad, nadie se atrevía a entrar. David parecía estar en hibernación, una vez al día se levantaba a comer junto a una botella de ron y luego se encerraba a dormir nuevamente, se le veía bastante huraño a pesar de que no pronunciaba ni una sola palabra. Barani se mantenía preocupada por el paradero del griego, que seguía sin aparecer.
Esa noche, pasada la media noche, comenzando el tercer día de su llegada a la ciudad, se oyeron ruidos y risas, pero ninguno averiguó su procedencia. Pero pasado el mediodía la morena subió y por el reguero de ropa que había en el pasillo del segundo piso supo que el desaparecido había vuelto a casa. Cuando Ian la vio recogiendo ropa, tuvo el presentimiento de que se acercaba una tormenta. Su primer impulso fue huir con Lilian pero luego de ver la expresión cansina de sus ojos prefirió acompañarla en el momento en que decidiera visitar al león. Barani lo miró y sin pronunciar palabra comprendió y agradeció su compañía con una sonrisa.
Dentro de la habitación parecía que un cataclismo hubiese revuelto todo por completo, Ian impidió que la morena se cayera al resbalar con… un sostén rojo. En la gran cama matrimonial que había al centro de la habitación estaba tendido, en medio, el griego; a su derecha habían dos rubias, la mas cercana lo abrazaba y la otra mantenía entrelazada la mano del hombre; por el otro lado había un trigueña verdaderamente despampanante que quedaba en medio del abrazo con el que la negra lo mantenía sujeto; a los pies había otro bulto que Ian no alcanzó a distinguir y durmiendo sobre Eliott, apoyada en el pecho había una muchachita menuda de cabello rojo oscuro que se veía bastante joven, o quizás era el contraste por estar rodeada de esas tremendas mujeres.
Ian miró de soslayo a su compañera, y por su forma de respirar era evidente que estaba furibunda, dio un paso al lado un poco asustado. Ella se acercó y despertó bruscamente a una de las rubias.
-Se acabo la fiesta, váyanse- le dijo con sarcástico tono amable.
La rubia sorprendida obedeció asustada vistiéndose a toda prisa y diciéndole a su compañera que la imitara.
- La novia está un poco enojada… murmuró por lo bajo una de ellas.
Ian sonrió y se hizo a un lado para dejarlas marchar. Barani repitió lo mismo con la que estaba a los pies y la negra que se resistió un poco más a obedecer, pero había algo homicida en los ojos de la morena que hacía difícil el resistirse.
Pero cuando despertó a la trigueña esta se negó a obedecer, quería una más al menos.
- No terminaré así mi mejor noche- le dijo volviendo a acurrucarse.
- Muévete o te muevo- fue el ultimátum.
Como respuesta, bastante provocadora por cierto, la trigueña se incorporó para besar al griego que murmuró algo en sueños.
Barani a su vez la sujetó del pelo y la lanzó al suelo, la otra se incorporó furiosa y le dio una cachetada. Ian sobresaltado se dio cuenta que el asunto estaba tomando un matiz bastante desagradable y fue a detener a las leonas que peleaban por ese macho que ni cuenta se daba de lo que sucedía a su alrededor.
- Suficiente- dijo poniéndose en medio pero no le hicieron ningún caso. Al menos hubo una pequeña tregua donde solo se insultaron a gritos y en varios idiomas.
- ¿Qué sucede?- dijo la muchachita despertando.
- Tu sal de ahí- gritaron al unísono las dos mujeres.
- Peleen ustedes, el se queda conmigo- dijo volviendo a su lugar.
Ahora el escándalo fue entre las tres consiguiendo despertar a Eliott, que miró en principio adormilado, luego confundido para pasar a una cara de sorpresa o más bien horror.
- Tranquilas, si yo alcanzo para todas- dijo en tono alegre y conciliador.
Ian puso los ojos en blanco, que manera de aplacarlas, exasperado tomó en brazos a Barani y la apartó, la soltó y la miró con rudeza.
- Barani ¿Qué es esto? ¿Cómo te sometes a semejante bajeza?- le recriminó en voz baja para que solo ella lo oyera.
Inmediatamente se calmó y un intenso rubor la cubrió. Ian la dejó ahí y fue a separar a las otras dos mujeres, Eliott había reído un par de minutos y ahora se había acostado tapándose la cabeza con la almohada.
- Suficiente, vístanse y váyanse las dos- ordenó separándolas con brusquedad, ellas obedecieron sin antes dejarles sus teléfonos en la mesa al otro.- y tú, tápate.
Eliott sin abrir los ojos se puso unos pantalones. Ian suspiró y se alejó.
- Todo tuyo- le dijo a Barani antes de salir cerrando la puerta.
Barani volvió la vista hacia Eliott, este alzó su rostro y de repente palideciendo corrió al baño dentro del amplio dormitorio y cerró la puerta de un manotón.
Ella aguardó quieta, cerró los ojos pues a donde miraba había ropa, botellas y quizás que cosas que no deseaba averiguar. El de pelo negro gruñó volviendo a sentarse al borde de la cama sujetándose la cara con sus manos.
-Estas ebrio- afirmó
-Ojala- ella lo miró alzando una ceja-... solo fuera eso.
Por primera vez lo miró con detenimiento, con cinco síntomas dejó de buscar, estaba más que confirmado
- Estas drogado- gimió. Estaba horriblemente dopado.
Él rió hilarante pero no contestó, con una sonrisa bobalicona parecía mirarla, pero su mirada estaba ausente.
- No hagas esto... ¡Eliott por Dios!- exclamó agarrándose la cabeza con frustración.
- Hey…- la llamó
Barani se había apartado apoyándose en la muralla. Él volvió a llamarla, pero al ver que permanecía inmóvil sin mirarlo, se situó frente a ella y la atrajo hacía si, se apartó del muro pero no dejó que la envolviera en un abrazo. Eliott tomó su rostro en forma de corazón de la morena entre sus manos temblorosas por el exceso de toxinas.
-No quiero que te comportes así- le dijo.
Barani no podía creer que la reprimenda fuera para ella ¿Cómo podía tener el descaro...? no comprendía a que venía todo eso.
- Esas son unas cualquieras-
Ahora entendía, era por la pelea. Sintió la rabia emerger de su interior casi como algo físico, abrió la boca para replicar pero el griego continuó.
-Eres una buena chica, no quiero que hagas estas cosas, no te rebajes ¿si?
- Pero...tu...-
-No entiendo que te preocupa, pero aunque sea por mi bien...- sonrió- te lo agradezco pero no te ensucies con la mierda en que estoy metido, no me gusta.
- A mí tampoco me gusta que te revientes así. Replicó con voz débil sin apartar la mirada de esos enrojecidos ojos gris metálico.
- Estoy jodido, soy un asco, mi condena ya esta firmada. Suficiente es que convivas con esta escoria- masculló señalándose- no quiero manchar esa blanca alma.
- No es tan blanca- susurró con una sonrisa pícara.
- A que si, primor- coincidió riendo entre dientes apoyando luego sus labios en su cuello- My beaty queen
Barani lo empujó y le dio la espalda para que no viera su rostro conmocionado, ruborizado y demasiado feliz.
- Vete a dormir-
Eliott rió nuevamente y se acercó a su cama pero la chica lo detuvo, exclamando que eso estaba insalubre, no podía dormir allí.
-En ese caso me voy a tu habitación- sin esperar respuesta se fue al cuarto de Barani dando tumbos.
Barani entró minutos más tarde. Estaba tirado en diagonal en la cama con la mitad del cuerpo colgando. Se acercó y lo subió no sin esfuerzo a la cama. Cuando estuvo acomodado besó su mejilla, besada infinidad de veces por las otras chicas, salpicada de alcohol y sudor; le apartó la maraña de pelo del rostro y deseándole buen descanso salió.
- Tanto que entregas sin recibir- dijo con resentimiento el pirata cuando la vio salir.
- David- fue toda su respuesta. El susodicho estaba de brazos cruzados apoyado en la pared.
- Y a mi que con tanto esfuerzo trato de complacerte ni un abrazo.
- Cuando seas un caballero- contestó bromeando, sin captar que esta vez el señor de los mares hablaba en serio.
- Este desgraciado llega drogado, ebrio, ensucia y rompe todo a su paso, hace escándalos dignos de Enrique VIII y lo aceptas igual. ¡Hasta limpias el caos que deja tras sus orgías!...yo solo quiero un poco de cariño.
-¡Dave!- exclamó la mujer enternecida, se acercó y lo abrazó- sabes que te quiero, pero no caeré en tus juegos de lujuria.
- ¿Por qué no?- preguntó volviendo a ser el de siempre.
-Eres imposible. Respondió alejándose.
David la vio desparecer escaleras abajo y volvió su vista a la puerta donde descansaba el griego.
- El infierno es un lugar muy feo, amigo. Te juro que cuando llegue tu hora desearás nunca haberme elegido...
El pirata abandonó la casa, buscando un objetivo que se había trazado limpia y claramente en su mente, y para su total sorpresa y deleite, la respuesta fue a su encuentro.

jueves, 31 de julio de 2008

Una princesita


Esta es el cuento de una chica, una princesita de oscuros cabellos. Ella tenía varias amigas, doncellas y princesas; y vivía feliz en su castillo, pues sus padres mantenían la paz en el reino. A veces las otras princesas le hablaban sobre bellos príncipes, pero a nuestra princesita no le importaba en realidad, le bastaba con escuchar sobre caballeros, dragones y lejanos reinos.
Un día, ella partió, junto a su padre a un baile en el reino vecino, el palacio era hermoso y todos la atendían muy bien, ella estaba encantada. Durante la noche alguien se le acercó, el príncipe de los ojos deslumbrantes le pidió bailar, ella encantada aceptó, y juntos danzaron toda la fiesta, pero la noche acabó, y cuando el sol volvió a brillar con intensidad, ambos tuvieron que volver a sus tierras, aunque antes de partir él le regaló una rosa y le pidió que lo visitara en su reino, en las tierras lejanas del sur, ella accedió tras escuchar las maravillosas promesas del príncipe de los ojos deslumbrantes, y así llenos de ilusiones se separaron.
La princesita de oscuros cabellos volvió a su vida, la rosa se marchitó, y el camino trazado se borró, ella ya no sabía como llegar a las tierras de aquel príncipe.
Tiempo más tarde, se organizó una justa en el reino, ella asistió feliz junto a sus amigas. Observando desde el público vio aparecer a uno de los participantes, un caballero de armadura negra. Impulsada por la curiosidad, la princesita se acercó al caballero misterioso que ese día había vencido a todos sus contrincantes. Poco a poco y no sin temor, habló con él, y lentamente lo fue conociendo; dándose cuenta que detrás de esa armadura negra, había un joven melancólico, pero de un alma bondadosa.
Un día mientras él le hablaba sobre algunos misterios de la vida, le contó a nuestra princesita de su amor hacía una doncella pero que ella guardaba silencio, ella le sonrió y le pidió que no se pusiera triste, todo saldría bien. El concurso siguió y mas caballeros se sumaban, todo se volvía muy interesante, y la princesita no se dio cuenta, que el caballero de la armadura negra había sido correspondido. Cuando luego los vio juntos, cayó en cuenta de que quería al joven caballero, pero era tarde; sin embargo, la princesita de los oscuros cabellos se alegró por su amigo, le bastaba con verlo feliz.
Esta princesita no tardó en olvidarse del caballero, conservándolo solo como un buen amigo, tal y como lo predijo una de sus doncellas.
Pero ¿saben que ocurrió luego? Si, apareció otro caballero, el de la sonrisa dulce, este tierno príncipe muchas veces jugó con nuestra princesita y con sus amigas, rieron y corrieron juntos felices y despreocupados; pero ocurrió que lentamente su dulce sonrisa cautivó a la princesita, el sentimiento que nació dentro era distinto que el que sintió por el príncipe de los ojos deslumbrantes y mas intenso que el sentimiento por el caballero de la armadura negra.
El día en que se anunció el ganador de las justas, se realizó un baile de celebración, pero la princesita estaba enferma, así que no asistió. Ya entrada la noche, la chica de nuestro cuento bajó rumbo a las cocinas, no había cenado y tenía mucha hambre, cruzó por afuera del salón donde se realizada el baile, la puerta del mismo estaba abierta, viendo sin planearlo al príncipe de la sonrisa dulce, con una de sus doncellas. Deshizo el camino y volvió a su habitación decepcionada. La princesita paso mucho rato mirando por su ventana, una amiga le decía que se despreocupara que todos cometían errores, alimentando su ilusión, otra, le aconsejó que lo olvidara pues se merecía algo mejor; con una sonrisa, les agradeció a ambas por estar con ella.
Una vez se encontró sola, tomó su abrigo y salió afuera, caminó largo rato mientras el frío le hería el rostro, la noche estaba nublada, ni siquiera la luna la acompañaba esta vez. Llegó hasta un lago y contempló su reflejo en las calmas aguas, miró esos ojos que no brillaban felices, y desvió la vista tras ver aquel rostro que nada le gustaba. Cuando quiso volver a ver, ya era tarde, la lluvia agitaba las aguas y nada podía reflejarse. La lluvia intensa empapó a la princesita de oscuros cabellos, pero no le importaba y allí se quedó con la vista clavada en el lago que nada mostraba. ¿Alguien vendrá y tomará de la mano a la princesita y la traerá de vuelta casa?

La lluvia se detuvo y las oscuras nubes comenzaron a disiparse, pero una fría quietud se mantenía. La princesita de los cabellos oscuros seguía frente al lago, arrodillada contemplando las aguas que no veía; sus ropas empapadas lentamente se fueron secando, aún así el paso de la lluvia por su rostro se percibía ¿o eran acaso lágrimas?
De pronto, transcurridas quien sabe cuantas horas, la imagen en el agua cambió, una figura alta proyectaba su sombra sobre la princesita. Ella miró el reflejo, él le tendió su mano preguntándole si estaba bien, nuestra princesita mintió diciendo que todo marchaba perfecto y aceptó la ayuda. El príncipe sonrió tímidamente, y ella no pudo evitar el mismo gesto; luego, lo abrazó con fuerza, la princesita estaba fría como la nieve y él cálido como el sol que volvía a brillar en la bóveda celeste, él ignoraba cuanto vio y lo mejor era que lo siguiera creyendo.
Con ese cálido abrazo caminaron juntos hacía el castillo, allí, como era de esperarse, estaban todos muy preocupados por su paradero, y se alegraron enormemente cuando la vieron aparecer junto al príncipe de la sonrisa dulce. Todos creían que se había extraviado y, entre atenciones y celebraciones, nadie se dio cuenta de lo que en realidad sucedía, mejor así, se dijo la princesita, y en su corazón agradeció el volver a la seguridad de su hogar.
A pesar de su tranquilidad, cada vez que estaba junto al príncipe sentía la amargura alojarse en su ser, y sin proponérselo evitó los encuentros; pensó que alejándose podría olvidarlo mas rápido, pero sus doncellas no paraban de hablar del encantador y tierno príncipe de la dulce sonrisa.
Días después, la lluvia se cobró su pago en la princesita, y enfermó. El príncipe de la sonrisa dulce fue a visitarla, estaba muy preocupado por su salud; así en los días que siguieron él iba hasta su alcoba y se sentaba junto a ella en la cama, impedido de ayudarla al menos intentaba alegrarla.
En un comienzo para nuestra princesita las visitas eran un triste martirio. Un día en que se quedaron dormidos leyendo, un tenue movimiento del príncipe de la sonrisa dulce despertó a la princesita y ella miró a su compañero, hace ya tiempo que esperaba sus visitas, no podía mentirse, ensimismada lo observó largo rato, el príncipe la quería mucho, pero no como ella lo quería; con un suspiro tomó una decisión, el tiempo se encargaría de transformar su amor, pero no estaba dispuesta a perder por completo a ese joven tan atento y afectuoso con ella. ¿Lograría su cometido la princesita? ¿El tiempo sería generoso y actuaría rápido?
La princesita mejoró, y la vida en el castillo se normalizó, el príncipe de la dulce sonrisa fue nombrado comandante de la guardia real, por lo que la princesita gozaba cada vez menos de su compañía, un regalo del destino pensó ella.
El padre de nuestra princesita de oscuros cabellos acogió a una misteriosa mujer que gozaba de fama de buena consejera. Extraña mujer, delgada, de cabellos rojos y rizados, y para sorpresa de la princesita, joven, demasiado joven y hermosa.
La princesita pronto empezó a extrañar a las personas que más quería en el mundo, a su padre y al príncipe de la sonrisa dulce, que preocupados en sus labores, pasaban mas tiempo con la consejera que cualquier otro.
Un sábado en la noche, durante la cena real, la princesita percibió una muda complicidad entre la colorida consejera y el comandante de la guardia real. ¡Ah! claro esta que el tiempo no ha hecho su trabajo en el corazón de la pobre princesita. Pero vamos, no gastaré una infinidad de inútiles palabras para definir nuevamente el limpio dolor ni que tipo de relación se estaba gestando entre el príncipe y la mujer. Aunque, si prodigaré palabras contra esa mujer, pues ella poseía un pasado digno del averno, y las intenciones para con el inocente joven comandante eran tan oscuras como las alas de un cuervo, pues lo único que ella deseaba era tener a su merced la voluntad del príncipe usando como arma la efímera belleza que dios le había regalado. Llamaremos inocencia al rápido sucumbir de él, y habilidad a la total usa de sucias armas para atrapar al príncipe de la sonrisa dulce.
¿Y en que lugar dejamos a la princesita de oscuros cabellos? Aparte, pues ella prefirió apartarse, prefirió seguir con su vida, haciendo lo que la llenaba, divirtiéndose con sus amigas, después de todo, a ella no le importaba a quien consagrara su vida el príncipe de la sonrisa dulce…
Pero como la maldad no tarda mucho en salir, la princesita sin planearlo se enteró de las intenciones finales de la consejera… matar a su padre y convertirse en la reina regente. Esa misma noche, seria su gran golpe.
Las horas que siguieron, la princesita deambuló sin saber que hacer, no saber como procedería la mala mujer, ¿a quien podía recurrir? Pues en situaciones así a quien acudía era a su padre, pero este ahora era la victima. Por desgracia, el tiempo avanzó como siempre, y llegó la hora de la cena; la princesita incapaz de ingerir ningún alimento se sentó en la mesa, a la derecha de su padre la mujer de cabellos rizados parecía leer el miedo de nuestra protagonista. Su padre se levantó para hacer un brindis, agradeciendo los servicios de su nueva y mejor consejera; una sutil sonrisa de la halagada y la princesita comprendió; sin siquiera pensar se abalanzó sobre su padre que acercaba la copa a su boca, de un empujón la apartó y el mortal liquido se esparció por el suelo; a la vez que la mujer cometía el primer y último error, en un arranque de rabia apuñaló a la princesita.
Luego todo se sucedió muy rápido, el rey furioso ordenó a su comandante apresar a la mujer, y en esa misión casi pierde la vida; pero mientras la mujer era reducida…. ¿Qué pasaba con la princesita? Tendida en el suelo, la vida se le escapaba, la herida sangraba profundamente, su madre lloraba tomando su fría y pálida mano, el rey le pedía al médico real que ayudara a su hija, pero la sangre que perdió era mucha. El príncipe de la sonrisa dulce se arrodilló junto a la princesita, y ella le tendió una daga, él la tomó y reconoció el arma a la vez que comprendía que estuvo a punto de ser asesinado junto al rey, de hecho antes que este mismo. Conmovido, apartó el pelo del rostro de la princesita, pero antes de que pudiera hablarle el rey se la llevó para tratar de salvarla.
Las horas que siguieron pasaron lentas para los habitantes del castillo. Dos días más tarde, la consejera fue condenada, y cuando la alborada llegaba, el médico anunció que las puertas de la muerte se habían cerrado. No me detendré en las visitas que se sucedieron en la habitación de la princesita, que aunque débil ella sonreía agradecida por las muestras de afecto de todos. Por fin, luego de mucho pensarlo, el príncipe de la sonrisa dulce entró en la habitación donde estaba la princesita, ella dormía. Se sentó en la cama y tomó su mano, pensativo y temeroso, para luego, lentamente inclinarse sobre su rostro y depositar un suave beso en sus labios. La princesita abrió los ojos pensando que había despertado del mejor de sus sueños, pero cuan grande fue su sorpresa al descubrir la sonrisa del príncipe ahí junto a ella. Un encantador rubor cubrió a la princesita que sentándose se quedó en silencio sin saber que decir, por suerte el príncipe abrió su boca para pronunciar un par de palabras que hicieron florecer la alegría en su interior, palabras que inconscientemente estuvo tanto tiempo esperando oír; esas dos palabras eran “te amo”.

|| Las 7 puertas || Capítulo 6

Fred

Una nueva jornada comenzaba, pero las horas pasaron, e Ian no vio a Barani y menos aún a su mentor. Cada uno encerrado en su habitación, encerrados en sus mentes, recuerdos y orgullos.
Lilian y David se turnaron visitando a Barani quien se fingía indolente, enojada por el descaro y egoísmo de Eliott Fontelle, pero bien sabían los otros dos que tras esa rabia se escondía la tristeza, y el dolor que cargaban sus ojos confirmaban la teoría.
Ian no se atrevió a quebrar el mundo del ojigris. Quizás lo mejor era hablar, contarle lo que pensaba al respecto, que se disculpara con la mujer, o que el otro se desahogara; explicar esa parte de su vida de la que él no sabía nada. Pero la falta de determinación, la inseguridad y el miedo lo mantuvieron lejos de esa habitación. Como culparlo, el guardián de tiempo no era un hombre simple, milenios de vida agravaban el asunto, las vivencias nos moldean, el tiempo nos desgasta, el choque de la vida nos va erosionando, las heridas recibidas si no sanan nos alejan del cielo, pues las alas se van perdiendo, si sanan bruscamente nos endurecen, para mas tarde con la nueva ola solo ser pulida, pero sin dejar marcas duraderas. El tiempo cura todo ¿también podía aplicarlo para el dueño del mismo?
El sol se fue y una luna menguante brilló en el cielo, el barco seguía navegando a buena velocidad hacía su destino fijado por el capitán.
Pensando en la majestuosidad del océano caminaba por la cubierta, una brisa salpicada de salada humedad corría agitándole los cabellos, miró dentro del barco y unos pasos delante de él, sentado sobre la baranda del barco estaba Eliott.
Su mentor lo saludó con una suave sonrisa, Ian avanzó y se detuvo a su lado, apoyando sus codos en el rastelillo.
-Hermoso- murmuró Eliott mirando el mar- da a impresión de que fuera eterno como el cielo… siempre se ha dicho que una vida mortal es poco, pero quizás lo sea suficiente. Por suerte Dorian Gray murió, sino su mente no hubiese podido guardar tantos recuerdos y culpas. ¿Sabes? Mil años son demasiado tiempo. La vida aburre cuando no se quiere nada, cuando no hay razón para vivir; los recuerdos nos salvan a veces, pero no puedes vivir de ellos, y no hay que olvidar que la rosa tiene espinas, por ello nos rendimos ¿Cómo escapas de tu pesadilla rememorada? Dormir la mente ayuda mucho, no es fácil, aún con ayuda celestial, el corazón despierta a la memoria adormecida…
Ian lo escuchó en silencio, pero no lograba llevar el hilo de ese extraño monólogo.
- A veces nos dormimos, pero el subconsciente es incontrolable y nos lleva, y nos hace caer nuevamente. No queda más que enfrentarlo y lidiar con ello, el destino se encargará de hundirte o de salvarte… ¡oh Dios! Que pesimismo, siempre es posible doblarle la mano, siempre hay esperanzas.
Eliott se volvió para mirarlo y sonrió lánguidamente, era evidente la confusión en el rostro del rubio.
- Las cosas no marchan como deberían, de hecho nunca lo han hecho, pero ahora no puedo ignorarlo-
- ¿Hablas de Barani?- preguntó tímidamente.
- No en realidad, pero veo que quieres tocar el tema…
- ¡Oh no! Yo solo... continúa- Eliott siguió mudo esperando que hablara- esta bien… ¿Quieres saber lo que creo? Se te fue la mano ese día… no es que estuviera escuchando, solo oí el término- el otro le hizo ademán de que continuará, yendo al meollo del asunto-. En fin, creo que deberías disculparte con ella.
- ¿No esta bien, cierto?
- Que creías, esta triste, la heriste.- en esos sentimientos él era un experto, sabía como se sentía la mujer.
Ian lo miró de reojo, curioso, pero su compañero se encontraba inclinado hacía adelante y no logró verle el rostro. Tras un momento de silencio, se giró y saltó dentro del barco y sin volverse a mirar al rubio se fue, este sonrió, lo había conseguido.

El guardián del tiempo tocó fuera de la habitación, pero nadie contestó, así que entreabrió la puerta, estaba vacío. Caminó por el pasillo y llegó hasta una especie de estudio como solo lo podía ser un estudio pirata. Sentado en un amplio sofá estaba Barani.
-Hola- saludó él tanteando terreno, ella lo miró y movió su cabeza como gesto de saludo- ¿Podemos hablar?
- No hay nada de que hablar, Eliott- dijo con voz ronca.
Se acercó y se sentó frente a ella, pensó un momento en que decirle y luego comenzó a hablar.
- Si hay, nuestra… conversación de ayer no estuvo del todo bien- ella sonrió un poco irónica- solo vengo a decirte que- se calló de golpe, la miró, pero ella jugueteaba con sus manos y no lo miraba, él le tomó una de sus manos entre las suyas, y clavó sus profundos ojos en su rostro- Barani, mi comportamiento no estuvo bien, no te lo merecías, yo lo s…
-No- le interrumpió viéndolo por primera vez, tenía los ojos rojos e hinchados- no digas nada, fue mi culpa, yo sabia que no debía… pero te forcé… es lógico.
Eliott se paró del golpe y comenzó a pasearse por la sala con el ceño fruncido.
- ¿Estás loca?- preguntó deteniéndose bruscamente frente a ella- tu no hiciste nada, no debes disculparte, soy yo el que debe…
- No, Eliott, es mi falta- le contradijo poniéndose de pie.
- No vamos a echarnos la culpa mutuamente ¿cierto?- murmuró sonriendo divertido- se que te traté mal, y es por eso que soy yo el que- ella lo frena- Como sea… tienes razón, si no fuera por ti no estaría aquí… olvidemos ese desagradable episodio ¿Esta bien? ¿Perdóname bueno?
- No hay nada que perdonar- aclaró abrazándolo.
- ¿Sabias que te adoro? – susurró dándole un beso en la cabeza.
Ella cerró los ojos apoyada en él con una sonrisa, al tiempo que una lágrima rodaba por su mejilla, pero Eliott no lo vio ni comprendió lo que era evidente para los otros.

Ian volvió a encontrarse con Eliott en la cocina, su mentor comía una manzana sentado sobre el mesón, frente a la cocinilla esta Barani atareada. De modo que habían echo las pases, no podía sino alegrarse por ellos.
- ¡Hey! rubito ¿Cómo estas?- le saludo el hombre, lanzándole una manzana-come, están bien dulces.
- Gracias…- murmuró dejando la manzana sobre la mesa. Sin siquiera pensar dijo- ¿A dónde vamos ahora?
- Rumbo a la redención que se alcanza en el estado de delirio o pérdida de cordura- anunció imitando a un fanático religiosos, y luego continuo burlón- ¿Qué acaso no es obvio? ¡Niño! Te creía más inteligente.
- Se que a otro de nosotros, donde y quien es.
- Simplemente es Fred, el lugar es totalmente impredecible-contestó el otro encogiéndose de hombros.
El humor de Eliott parecía estar alcanzando la cumbre, con una amplia sonrisa y un brillo travieso en sus ojos de plata, era como si el niño que fue hubiese tomado el control. Alejando responsabilidades, pasados, eternidades viviendo, todo. Una momentánea recuperación de la inocencia y de ese entusiasmo de quien cree en la magia reinante en el mundo. Tanto entusiasmo, ¿se debía a la solución del conflicto con la mujer a su lado?
Se preguntó además, en su interior ¿Qué era del Ian niño? ¿Estaba sufriendo, sumergido en soledad, sin voz de tanto gritar y no ser oído? La melancolía volvió a abrazarlo y se estremeció sin querer, cerró los ojos para tratar de disipar un poco el miedo, cuando los abrió su mentor lo miraba, se obligó a sonreír.
- ¿Quieres ver algo?- le preguntó sin quitar la sonrisa, Ian asintió- ¡Tarán!- exclamó con voz infantil, verdaderamente, pues ahora tras toda esa ropa arrugada y grande estaba Eliott de unos seis años.
-Eres un niño…- murmuró sin poder evitar reír.
- Siempre lo ha sido-corrigió Barani acercándose al de cabello azabache- ahora concuerdan tu mente y tu cuerpo. La mujer recibió el abrazo del niño, que se acurrucó en ella.
-ya hombre, déjame cocinar- acto seguido Eliott volvía a ser adulto.
Un simple echo e Ian olvidó su malestar ¿Cómo no adorar a su mentor?

El sitio donde arribó el barco pirata resulto ser una playa de arena blanca, tras ella se alzaba una selva tropical suntuosa.
-Hace muchísimos años que no tocaba tierra-comentó David mirando la arena bajo sus botas- ¡Que calor hace!
Ian lo miró mientras se desasía de su chaqueta, en la parte interior de su antebrazo derecho tenía tatuado lo que le pareció un trival, echo de pequeños trazos y en la curva mas pronunciada del tatuaje los trazos se convertían en signos mas específicos y mas complejos, como si fuera un mensaje escrito en antiguas runas.
-¿Qué es?- le preguntó luego de tratar de descifrar su significado sin éxito.
David sonrió y se arremangó bien la camisa, luego junto la parte interior de ambos antebrazos; el trival se unió para formar lo que le pareció una serpiente medieval, pero si miraba con detenimiento cada escama del ser era un signo, un código, una letra. Este tipo era un pirata hasta el tuétano, tal y como señalaban libros y dibujos, solo que de apariencia mas joven y limpia.
-¿Qué dice? ¿Es algún código pirata?- preguntó curioso.
- Algo de pirata tiene- río- pero son reglas, reglas que no puedo volver a transgredir.
-Nuestras reglas- agregó Eliott- y cuando las rompe, el tatuaje le recuerda sangrientamente su lugar.
- ¿Sabes como duele una herida abierta de adentro hacía afuera?- preguntó el pirata, Ian miró horrorizado el tatuaje al tiempo que le preguntaba que reglas había quebrantado.
- La de “No uses tus poderes para fines egoístas y personales”, o algo así- contestó con un claro desprecio hacia la regla.
- “Algo así”… las has desobedecido varias veces David, es hora de que lo aprendas- dijo Eliott.
- Un millón, ladrón marino masoquista- corrigió Lilian.
- Lobita cállate… Señor líder, no tienes moral para criticarme.
- David, no empieces- advirtió Barani tras darle una aprensiva mirada a Ian.
- ¿Qué pasa? Los dos somos pecadores, hemos transgredido gravemente las estupidas reglas, y más de una vez ¿o no pecador? Las reglas se hicieron para romperlas.
Ian se volvió hacia su mentor, y lo quedó mirando largo rato, pero este solo observaba a David con rostro serio, con ese semblante lleno de sabiduría pero con aquel brillo de malicia en los discos de plata.
- Si, también he desobedecido las normas… esa debilidad me llevó a obtener un castigo más duro que el que te dieron a ti- se volvió al más joven- Ian, luego hablaremos de esto, debemos encontrar a Fred.
Con esto el tema quedó zanjado de golpe. Conforme con la instancia para hablar a solas prometida por su mentor, caminó con los otros. Cuando acababan de entrar en la selva apareció un chico de unos veinte años vestido con jeans, una polera y sobre esta una camisa, zapatillas de lona con caña corta y un alborotado cabello azul eléctrico.
-¡¡Eliott!!- gritó corriendo a abrazarlo- Papá, te extrañé tanto
-¿papá?- preguntó anonadado Ian
- Solo le dice así, a veces, es… es Fred- contestó Lilian.
Tras soltarlo, saludo a Barani con un beso en la mejilla y un abrazo; luego a David, y por el escándalo y los comentarios, Ian se dio cuenta que eran buenos amigos, no supo si alegrarse o sentir miedo por la dupla.
- ¡Hola!- lo saludó después de soltar a Lilian.
- Hola Fred- contestó.
- Hola Fred
- No, tú eres Fred-
- ¿Yo? ¡Me llamo Fred! – les dijo a los otros- Entones somos tocayos.
- No, espera… Yo me llamo Ian- aclaró señalándose a si mismo. Su interlocutor se quedo mirando su mano y de pronto la agarró- ¿Qué haces con mi mano?
- ¿Qué son?- preguntó agarrando el anular.
- Pues… dedos-
- ¡Yo quiero!
- Pero si tú tienes- dijo anonadado, y agarro su mano y se la puso frente al rostro- ¿ves?
Fred la sostuvo y la miro un rato con el ceño fruncido, luego abrió la boca y se mordió un dedo, de inmediato soltó un grito de dolor.
- No hagas eso, son parte tuyo, te volverá a doler- le pidió Ian cuando el otro hizo además de repetir la acción.
- Ya ya, Fred, tranquilo… ven aquí- le pidió Barani llevándoselo a un lado.
Ian estaba pasmado con la escena recién vivida, este sujeto era más extraño que todos ellos juntos, o al menos más visiblemente trastocado.
- Quita esa cara de idiota- le pidió David riendo.
- Fred vive en el mundo mas allá de su puerta, donde convergen todos los sueños e ilusiones concientes e inconscientes.
Ian asintió pensativo, y cuando se dio cuenta de su entorno, estaban parados en la vereda de una gran urbe, a su lado una avenida atestada de vehículos hacían sonar sus bocinas. Comprendió la habilidad de Fred, que ahora tenía el pelo largo y verde, y se unía al grupo.
- Fred vamos a casa- le pidió Eliott
- ¿Cual? ¿A la mía? ¡No! Tu quieres ir donde ella… si, si, para abrazarla y besarla y dejarnos de lado de nuevo. – El rostro del de ojos grises se tensó- ahora les tengo una cama matrimonial, ¿me darán un hermanito?- David puso una mano sobre el hombro de Fred- ¿Qué? ¿Qué pasa? Ups! Había olvidado que ella te dejó, que…
Eliott no dijo nada, solo dio media vuelta y desapareció entre la gente.
- ¡Fred que has hecho por dios!- exclamó Barani.
- Hey, simplemente lo olvidó nada más…- intervino Lilian, mirando al culpable que parecía a punto de echarse a llorar.
El pirata agarró a su amigo, y lo separó del grupo, tras unos segundos David inició la marcha junto al desequilibrado nuevo compañero, que por supuesto ya había olvidado lo que acababa de ocurrir. Ian no comprendía nada, pero Lilian a su lado le explicó sin tener que preguntar nada.
- Eliott tenía pareja, una mujer a la que amaba profundamente, tanto así que le era fiel... bien, fiel a su modo- suspiró- para evitarse problemas, quizás, nosotras eramos intocables... creo, no sé si lo hizo por respeto hacia nosotras, o porque debía seguir viéndonos, o por su amor, quien sabe… Cuando ella se fue, Eliott estaba desecho, nadie lo vio a excepción de Barani, nunca me sentí tan sola como cuando el desapareció… fue como si aquella eterna llama de esperanza que vivía dentro se hubiese apagado…
- ¿Estas bien?- le preguntó, Lily miraba la nada con ojos vidriosos.
- Si, gracias. Supongo que Eliott deberá contarte lo que sucedió, él conoce la historia mejor que nadie.
De pronto miraron a su alrededor y se encontraron dentro de una catedral, antes de que pudieran siquiera reaccionar cayeron en el mar, inmediatamente después estaban en medio de un desierto.
- Fred, detente- le pidieron al unísono las dos mujeres.
David rompió a reír, pero no había rastro de Fred, tras una duna, apareció un camello y tras este se aproximaba una tormenta de arena.
- ¡Amigo! Sácanos de aquí- le gritó el pirata al camello. Acto seguido volvían a estar en la playa donde arribaron.
- Deja de hacer eso- le pidió la niña. Fred ahora era un niño rubio de la edad de Lilian.
- ¿A dónde quieres ir?- preguntó el niño- ¿a casa?
Al instante siguiente estaban en la ciudad natal de Lily, y un adolescente de cabello oscuro reía al lado de David, este lo alababa y lo instaba a seguir. Ian mareado, vio como el lugar a su alrededor cambiaba, como Fred desaparecía y aparecía siendo otra persona, animal e incluso cosa, David manipulando los elementos le daba un realismo duradero; como resultado al cabo de unos minutos estaban empapados con agua salada, con arena, y escarcha en el pelo.
- ¡Solo, solo queremos ir a tu casa!- le pide Barani corriendo detrás de un pequeño perro junto a los demás.
De pronto estaban de pie sobre ¿el arcoiris? Abajo, una paisaje maravilloso se desplegaba, lo mejor de la naturaleza junto a animales ficticios, un Pegaso bebiendo de un arroyo, un dragón durmiendo en una nevada montaña, unos niños juntando con pequeños querubines, y Fred recostado sobre una nube.
- ¿Qué es este lugar?- preguntó Ian
- Mi casa- contestó el otro con una sonrisa.- ¿Tienen hambre? Tengo manzanas doradas o…
- Frederick… es suficiente por hoy- dijo una voz suave y profunda.
Junto al alocado muchacho, apareció Eliott, que apoyó su mano en el hombro del ilusionista, inmediatamente todo se desvaneció en un remolino de colores y formas. Cuando todo volvió a quedar quieto, estaban en una pequeña calle, a la derecha vegetación y a la izquierda la ciudad, estaban en el mirador de un cerro.
- No me llames así…- le pidió, e Ian observó que volvía a tener la apariencia de cuando se encontraron con él.- esta bien, vamos a casa. ¿Cómo quieren que sea la casa?
- Solo queremos tu verdadera casa, ¿recuerdas que te regalé una muy bonita? ¡No hay ninguna como esa!- dijo Eliott.
Fred parecía satisfecho, y los guió hasta su casa, que resultó ser una construcción muy grande y de una forma bastante rara por decirlo menos, la fachada era de un intenso naranja, y la puerta junto al tejado, escarlata. Cuando atravesaron el umbral se encontraron con un pasillo con varias puertas a los costados, puertas cuadradas, redondas, de madera, de vidrio, azules, moradas; en fin, de todos los tamaños, colores y formas posibles. Al final del pasillo había una puerta doble, de roble tallado, Ian pudo ver las distintas figuras que habían sido esculpidas, pero al centro las que sobresalían eran dos leones rugientes frente a frente.
Entraron, y se encontraron en una amplia sala donde a su izquierda había una chimenea eléctrica encendida, una mesilla con un sofá y dos sillones alrededor; hacía la pared opuesta una vitrina con extraños objetos estaba pegada al muro, y en el centro sobre una alfombra, una mesa de vidrio con seis sillas.
- Tomen asiento- dijo alegremente Fred- ¿Qué quieren comer?
- Comida de verdad, si no es mucha molestia- pidió Barani.
Esta vez, los hombres se tomaron la cocina, Barani junto a Lily sentada parecía bastante nerviosa por el resultado; más que nada por el griterío y escándalo que salía de la cocina, cocina que se encontraba en el largo pasillo tras una puerta verde y cuadrada. Luego de una media hora, comenzaron a disponer la mesa, negándose rotundamente a ser ayudadas por las chicas. Ian acarreaba copas, cubiertos, platos y botellas, además de reproducir los mensajes que los cocineros enviaban. Mas tarde, todos sentados en la mesa, tuvieron una cena realmente exótica, recetas que cada uno aprendió en quien sabe que lugar y tiempo; pero sin lugar a dudas era exquisita.
- Estoy sorprendida, tenía miedo de lo que trajeran de adentro- les dijo Lilian.
- Que feminista… olvidaba que los hombres no sabemos cocinar- comentó David con la boca llena.
- Y aunque así fuera, en cientos de años todos hemos aprendido de todo… bueno, casi- agregó Eliott.
Y como tanta buena voluntad no puede ser gratuita, tras el postre, la limpieza y orden quedaron en manos de las chicas; resignadas hicieron lo que les ordenaban con la ayuda de Ian, que se sentía un poco avergonzado por la actitud de los otros tres. Lily no paró de agradecerle y elogiarlo por su buena disposición, a pesar de que el rubio, un poco incomodo, le insistía en que no era nada. Cuando volvieron a la sala, el pirata y el loco reían y jugaban sentados junto al fuego, en cuanto al otro, parecía absorto en los objetos de la vitrina, pero Ian lo miró con detenimiento, y si su mentor observaba algo era más allá de aquellas cosas.
Eliott levantó la mirada y le sonrió, luego volviéndose al resto les pidió que tomaran asiento. Mientras se acomodaban, el manipulador del tiempo escudriñaba el falso fuego desde la cabecera de la mesa; Ian recordó esa actitud la primera vez que lo vio, creyó que se debía solo al tipo de vida de su mentor, pero ahora cientos de años después la volvía a ver en él, y en ninguno de los otros; era como si de pronto, pareciera increíblemente anciano y joven a la vez, sabio pero ingenuo, luminoso y oscuro… tenía un aspecto ¿Cómo definirlo? Milenario.
- Se que se preguntan porque los he buscado… porque los he reunido- comenzó a decir Eliott con voz suave, queda- No lo hice, como siempre hacía, cuando entró Ian al juego… ¿Por qué ahora?
- Porque nos quieres mucho y nos extrañabas- sugirió Fred.
- Si también, pero para eso solo bastaba visitarlos a cada uno- contestó con una sonrisa divertida, y continuó antes de que el chico pudiera agregar algo más- aunque claro, se que dirás que quería verlos como “familia”… chicos, hace tiempo que hay un pequeño problema; en realidad siempre ha existido, pero… no permitiré que vuelva a ocurrir.
Un silencio preocupado reinaba en la sala, un silencio agobiante, aunque era claro que nadie comprendía que quería decir Eliott, a pesar de ello nadie rompió el silencio.
- Si no fuera necesario no los hubiera molestado, es mi deber quitar las espinas, pero no puedo solo. Además por su seguridad es mejor que sepan lo que sucede, deben entender esta advertencia… es hora que extirpemos esta mala hierba que ensucia el campo.
- Dices que siempre ha existido… entonces ¿Qué ha cambiado ahora? ¿Cuan grave es que recurres y reconoces que se te ha ido de las manos?
- En realidad, subestimé estúpidamente el problema… pero para que entiendan es necesario que les explique como comenzó esto. Solo les pido que no me interrumpan, no es fácil recordar claramente algo que hace tanto tiempo quedó guardado en mi mente; nunca antes la he contado, y ahora escucharan tal cual me fue contada la historia de nuestro comienzo…

|| Las 7 puertas || Capítulo 8

Lamentaciones
- A pesar de todo la eternidad es demasiado perpetua para comprenderla en mi mente y sentirla en mi ser- murmuró Eliott con una sonrisa irónica tras acabar su relato; había tratado de sintetizar los orígenes para no abrumarlos con demasiados detalles, solo contando el día crucial habían quedado tantas cosas por decir. En silencio, contemplando el tallado de la mesa se preguntaba si no habría sido mejor, extenderse más y así prepararlos para continuar… ¿Por qué tenía esa sensación de término? Estaba comportándose como aquel hombre que ve la muerte como algo inminente e inevitable. Riéndose de su estupidez su mente se relajó, como al humo molesto espantó sus recuerdos y los volvió a guardar, dejando su mente limpia y clara. Apoyo los codos en la mesa y su cabeza sobre sus manos entrelazadas, y con rostro inescrutable miró a sus compañeros, que cada uno en posiciones distintas permanecía absorto en sus pensamientos.
Fred parecía increíblemente tranquilo, echado sobre la mesa con los brazos cruzados y la cabeza apoyada, parecía mas bien presto a dormir, si no fuera por sus ojos, ahora turquesas que muy abiertos contemplaban al hombre que solo momentos antes hablaba, con aquella voz tan pausada y melodiosa, impregnada con un dramatismo que inconscientemente fluía cada vez que rememoraba algún echo.
Lilian por su parte, apoyaba su espalda en el respaldo y sus manos descansaban sobre los brazos de la silla, tenía en su rostro de niña plasmada la preocupación, con el ceño tenuemente fruncido y la boca tensa, mantenía la vista en la nada.
David se balanceaba en la silla, con los pies entrecruzados apoyados sobre la mesa, miraba el techo de la habitación con aire meditativo.
Barani, sentada correctamente en la silla, tenía sus manos enlazadas descansando en su regazo, su cabello suelto caía sobre su rostro que mantenía gacho con la mirada fija en sus manos, con la fijeza de aquel que mira sin ver.
Ian, apoyaba su cabeza en la palma de su mano derecha y miraba a Eliott, o eso se figuraba él; sus ojos se veían perturbados y su cara serena con ese aire de melancolía tan característico de él que se impregnaba hasta de su forma de andar estaba más acentuada de lo normal, a diferencia de los otros que reflexionaban a raíz del breve relato, el rubio parecía haberse sumergido en un mar de preguntas, interrogantes que surgen al entender ciertas cosas, la curiosidad de indagar más, el significado de todo aquello y por supuesto el siempre incierto futuro.
Entretenido, tratando de adivinar en que enmarañadas cavilaciones se encontraba atrapado el menor de los presentes, descuido la vista de los otros que poco a poco volvían desde lo profundos de sus mentes para atender al presente.
- ¿Qué era esa ciudad?- preguntó Frederick de golpe, sobresaltando a Eliott que disimulo su respingo echándose en la silla.
- ¿Quién sabe? La verdad es que jamás lo supieron, lo más probable es que solo fuera una ilusión- respondió encogiéndose de hombros dando a entender la poca importancia que tenía ese asunto.
- ¿Vanidie destruyó la ciudad?- preguntó Lily en un tono que sonaba más a una afirmación que a una interrogante.
Eliott asintió suavemente con su cabeza, explicándole luego que unos tres siglos más tarde, el renegado volvió a su hogar, justo en un periodo en que los seis estaban separados y lejos de todas las ciudades; con trescientos años sobrevividos era lógico que había conseguido la eternidad de alguna forma, que él se inclinaba a creer que el bueno (con un tonillo que más bien quería decir idiota) de Ráfuez aplicó su poder sobre su amigo apartado también, hecho que desencadenaría su propia muerte.
- ¿Estás diciendo que Van asesinó a Ráfuez?- preguntó Barani.
Antes de que Eliott pudiera contestar afirmativamente la pregunta de su compañera, David exaltándose interrumpió pidiéndole, más bien exigiéndole, que dejara los rodeos, suficiente tiempo racionando la verdad, y por ultimo, que de una puta vez les dijera que mierda estaba pasando, que nadie dudaba que fuera grave y que por lo mismo no perdiera el tiempo.
Tamborileando con los dedos, el pirata espero ver el efecto que producían sus palabras, creyendo que el de ojos grises, lo increparía por su impaciencia, aludiendo con su bien dotada lengua la complejidad del asunto, no resumible en unas cuantas líneas, justificando su forma de entregar la verdad manifestando que de esta forma era más fácil comprenderla y asumirla o que bien era mejor para ellos tratar de deducir las cosas; después de todo si habían aguardado tanto tiempo que importaba esperar unas horas o unos días más.
Sin duda, el señor del tiempo era un tipo raro, pues tras mirarlo un rato con una extraña expresión suspiró, para luego decirle que tenía razón ¿había oído bien? ¿Le daba la razón? ¡Por el rey de los tritones! ¿O se viene algo muy malo o se le salió un tornillo a este burgués?
- ¿Nunca se detuvieron a pensar que si cada uno de ustedes comenzó a jugar este juego es porque la pieza anterior fue eliminada?
- Claro, pero hay muchas formas de ser eliminado- respondió David encogiéndose de hombros.
- Pues imaginen la peor eliminación, todas por la misma mano- agregó Eliott Fontenelle.
- ¿Quieres decir que Vanidie los mató a todos? ¡¿Cómo no lo detuvieron?!
- Cuando cayó Ráfuez y asumió ese macedonio tan guapo, no creyeron que volviera a ocurrir, y pasaron muchísimos siglos hasta que Van dio un nuevo golpe- se cayó de golpe como recordando algo, pero continuó de inmediato- y luego, simple, era su amigo, se negaban a creerlo y como nunca hubo pruebas concretas que lo acusaran… es cierto que a medida que fueron pasando los años debieron, debimos mas bien, hacer algo pero mientras quedó uno de los primigenios se respetó un poco la antigüedad… ah! ya sé que dirás bárbaro de los mares; y sabes bien que no lo creí posible, él la amaba.
Se interrumpió perturbado; Ian observó que parecía sorprendido de lo que acaba de decir, no como si fuera una verdad tan simple de la que no se había percatado sino de haber siquiera ¿mencionado a Zarepsena? El rostro de su mentor se volvió inescrutable, la misma apariencia arcana cuando hablaron de la caja de música.
Un incomodo silencio se hizo, Eliott clavó su mirada en la vitrina al otro extremo de la sala, perdido en la contemplación de los objetos en su interior, muchos regalados por él al lunático anfitrión, entretenido recordando la procedencia y lo vivido en ese entonces; pasados varios minutos, eternos y pesados, el de cabellos azabaches con voz baja, pausada y carente de toda emoción les mencionó lo esencial: Vanidie había matado, no solo en venganza por haberlo “abandonado” sino que de paso hacerse con el poder de sus amigos ¿como? Ni idea, pues hace solo un breve tiempo se había dado cuenta de ello; aunque jamás había tenido contacto con este extraño personaje, a pesar de ello sabía demasiado sobre él por lo que era evidente que se dirigía al único don que le faltaba, no porque los robados fueran insuficientes sino solo por la codicia del hombre vacío que abraza y abraza poder y posesiones para sentirse seguro y pleno superfluamente. Para luego, estúpido pero no por ello menos peligroso, alzarse como el único amo y señor de este mundo, abriendo las puertas de los otros mundos para crear el caos y la miseria, y que finalmente la gente acudiera a él proclamándolo el único dios verdadero…
- Espera, espera amigo… esto me suena a una mala historieta, película o novela ¿de donde sacaste esto hermano?- interrumpió el pirata, haciendo sonreír a su interlocutor.
- Esta bien, no lo se, pero todos los malos quieren lo mismo ¿o no? Este tiene los medios y no duden en que nos quitará de su camino. En resumen, tenemos contra nosotros un tipo que posee sin restricciones todos nuestros poderes y que ávido desea el don del séptimo de nosotros, y antes o después de asesinar al séptimo nos aniquilará a nosotros.
- Suficiente para mí... ahora ¿Por qué nos vamos a buscar a nuestro compañero faltante que nadie conoce a parte de tu? – pidió David bostezando a sus anchas.
- Todo a su tiempo, preocúpate primero de saber defenderte para cuando Van quiera eliminarte.
En ese momento un reloj comenzó a sonar, anunciando medianoche, instrumento que fue detenido de golpe por el señor del tiempo que detestaba los relojes. Barani los envió a dormir, todos se sometieron, el cansancio era evidente.
- Ayuda a que logren descansar, llena sus mentes de sueños bien lejos de la realidad y de sus temores por favor- le susurró Eliott a Fred agarrándolo del brazo cuando salieron todos, este asintió encantado y se unió a los otros.
La puerta se cerró, quedando a solas consigo mismo, se puso de pie para instalarse, acostado, en el diván junto a la chimenea eléctrica, con la mirada perdida no tardó en adormecerse, pero esta vez su sueño fue ligero y breve, a las pocas horas se desperezó, sentándose cómodamente en el sofá. Un tenue movimiento lo hizo volverse hacía la puerta que daba al balcón a la izquierda del fuego, una sombra permanecía apoyada en la baranda, siendo agitada por el frío viento de la noche.
- Una noche idéntica a la que vivieron esos siete- murmuró Eliott ubicándose al lado de Ian contemplando el cielo sin luna.
Hay personas que tienen un grado de entendimiento que excede el lenguaje, Eliott comprendía a su compañero sin necesidad de palabras, no así en sentido inverso; pero aunque a veces Ian Wordsworth no comprendiera a su mentor, podía pasar horas a su lado sin incomodarse, sintiendo luego que habían tenido la mejor de las conversaciones o en otras solo gozando de su compañía. Esta era una de esos momentos, durante un lapso de tiempo más bien largo, permanecieron contemplando la playa, el barco por el que hace poco surcaban los mares y, el infinito y majestuoso mar.
- ¿Así que griego eh?- dijo Ian sin alterar su postura.
- En efecto, bajo el cielo griego nací, en la región de Macedonia.
El más joven no pudo evitar acordarse de Alejandro Magno, uno de los conquistadores más grande de todos los tiempos. Tras escuchar el comentario su mentor se rió, con esas carcajadas tan sinceras que contagiaban alegría.
- Grande fue, atractivo, fuerte, inteligente e hijo de rey ¿Qué cosa no se le concedió a este hombre? Una vida demasiado larga sin duda, no así a su hermano menor que aún disfruta el mundo- contestó con esa chispa que bailaba con frecuencia en sus ojos de plata azulada.
Ian perdió por completo la compostura y su rostro sereno se transformó en uno de profundo asombro. Su mentor, era el segundo y último hijo de Filipo I, rey de Macedonia y hermano del hombre que formó el imperio más grande hasta entonces conocido, brillante carrera que se perdió con la inesperada y apresurada muerte del joven Alejandro. Asistió a la misma educación que su hermano, pero el destino ya los había separado, pues su hermano sería el rey de Macedonia y a él, le aguardaba un futuro en “servicio del mundo”, esas fueron las palabras utilizadas por el oráculo, para referirse la eterna misión a la que sería atado muy pronto. Por razones de seguridad, luego de morir Filipo y de que los dos hijos tomaran sus papeles en el juego de la vida, la existencia del segundo fue borrada de todas las mentes; fue así como Alejandro dejó de tener hermano para el mundo. Aunque la única persona que conservó su mente intacta fue el mismísimo conquistador macedonio, que muchas veces durante su magna empresa se encontró a solas con su querido hermano y fue aconsejado por este como enviado de los dioses. Lástima que no dejaron apartar el amargo cáliz de la boca de su bienamado hermano mayor; dejándolo prontamente solo en el único mundo que conocía.
- ¿Hablas en serio o esto te lo acabas de inventar?- preguntó confuso.
- Claro que es verdad, como voy a inventar algo así- dijo riendo ¿Era ironía lo que había en su voz risueña?
Bueno, no cambiaba nada si era o no hermano de Alejandro, de Pedro o de Felipe; había otro asunto que ocupaba su mente, y Eliott lo percibió indicándole como siempre que podía preguntar, pero no podía decidirse, miraba a su mentor y temía su reacción, sobretodo no quería hacerlo recordar cosas dolorosas. Así como aquel sujeto se afanaba tanto en alejar su mente los pensamientos y recuerdos que le hacían daño él iba a pagar la dedicación hurgando en su herida. Su maestro lo conocía bien, pues tras un suspiró decidió iniciar él la conversación.
- Quieres hablar sobre ella- eso sin duda, no era una pregunta- Pues he de decir que jamás he conocido ni conoceré mujer igual. ¿Si el amor es eterno? Lo es, tengo la certeza, creo que dos milenios no son prueba suficiente de la profundidad de nuestro querer.- sonrió- se que a algunos les parece estúpido y poco varonil hablar así, pero con tanto tiempo te das cuenta que no tiene nada de mamón afirmar que le fui fiel, bueno, relativamente fiel pero siempre leal… Vanidie la amaba también, supongo que en secreto me odiaba y envidiaba, pero jamás se me acercó y yo creí que con Fred acababa el tormento, nadie pensó que mataría a la persona que provocaba el único sentimiento noble; ella era el único vestigio de humanidad que le quedaba y cuando ella… entonces, perdió también su alma.
Ian comprendió entonces porque su mentor sentía que el asunto se le iba de las manos, su enemigo era demasiado poderoso, no lo conocía y aunque no lo reconociera temía por la vida de ellos, lo que no entendía era porque ahora.
- Ven conmigo muchacho- dijo llevándolo hasta la vitrina de la sala donde habían estado hace un rato atrás. Allí le enseñó una serie de objetos, curiosos y maravillosos, de variadas lugares y épocas. Entre ellas, un casco espartano, su casco. Dentro de su existencia, cumpliendo muchos más que Cristo, se hizo espartano, llegando hasta la ancianidad de tres décadas-toda una hazaña- sirviendo, sin trampas, a Esparta. Un poco excitado contempló el casco, se lo colocó y luego lo devolvió a su sitio.
- Las otras muchas cosas están en mi casa- murmuró mirando un sable oriental, con una media sonrisa- Cuando llevas tanto tiempo viviendo, debes tratar a toda costa de mantenerte activo, de romper la monotonía, sino esta terminará por matarte; he pasado varios años de mi vida en un estado de hibernación; pero muchos más recorriendo y probando todo lo existente- lo miró y rió maliciosamente- cuando digo todo, es todo. Hasta ahora tu lo has llevado muy bien, diría que mejor que yo en ese entonces.
Ian sonrió al oír el cumplido, no se lo creía, pero agradeció como siempre la buena voluntad de su compañero, que continuaba monologando sobre lo mucho que le sorprendía por ejemplo, que Barani permaneciera en el mismo sitio durante tanto tiempo, abandonando su hogar solo cuando la arrastraba fuera; y que él mismo, había estado un largo periodo viviendo en su pequeño castillo, hizo una pausa mirándolo escrutadoramente.
- ¿Como ha estado tu mente?- preguntó
Ahora que lo mencionaba, porque ni siquiera se había percatado de ese punto que tanto fastidiaba su tranquilidad, que sus pensamientos, siempre incesantes se habían mantenido lejos de sus recuerdos, de echo, lo único que estaba en su mente era el presente; no recordando nada antes de estar ya metido en este embrollo, tuvo miedo de mirar hacia atrás, de intentar encontrar algo, una extraña agitación había en su corazón deteniendo el impulso de curiosidad que comenzaba a nacer y lo movía a rememorar.
- No, no recuerdo nada, o sea aquello que no recuerdo cuando intento traerlo a mi, mi corazón se acelera y desisto de mi intento.
- Te prometí que te ayudaría- murmuró Eliott sonriendo aliviado.
Un fugaz vislumbramiento de su mente perturbada y de la ayuda ofrecida por su mentor, luego la actual paz de su alma fueron suficientes para emocionar al chico de ojos ambarinos que obedeciendo, como nunca a un impulso, abrazó a su maestro con fuerza murmurando palabras de agradecimiento. Con un gesto más bien paternal el otro puso su mano en la nuca de Ian.
- Vamos a dormir, que mañana nadie tendrá respeto por nuestro poco descanso.


- Bien, es hora de hacer ejercicio- dijo de pronto David desemperezándose y parándose del sillón donde llevaba todo el día tendido. El crepúsculo con su hermosa gama de colores entraba por el tragaluz del techo de la habitación circular donde estaba el pirata, Ian y Eliott, estos últimos jugando ajedrez.
- Jaque Mate- dijo Eliott matando al rey blanco con demasiada presunción- Tienes razón, piratilla ¿nos marchamos?
- Te advierto que si quieres gozar de mi maravillosa compañía tendrás que pagar mis consumos, porque soy un pobre hombre sin una moneda que gastar.
- Solo por esta vez, asqueroso embustero- contestó con fingido desprecio- ¿nos acompañas?
- Claro que nos acompaña, venga, deja que el tío David te enseñe como se comporta un hombre de verdad- interrumpió el pirata rodeando con su brazo a Ian, empujándolo, fuera de la sala y luego hacía la salida- Nos vamos, hasta mañana.- anunció antes de salir a la calle sin soltar a su presa.
Eliott les dio alcance, tras tener una breve conversación con la morena. Caminaron por un sendero de tierra, y tras una curva, abrieron una pequeña reja, y luego ante ellos se desplegaba una ciudad que cesaba sus actividades; Ian se volvió para ver la casa que acababan de abandonar, pero ni siquiera encontró la reja recién atravesada, una ilusión mantenía el mundo de Fred apartado de la curiosidad del hombre. Se dirigieron al sur, donde recién comenzaba a abrirse los locales, el barrio bohemio les abría las puertas. Haciendo incluso más estruendo que su maestro, David fue recorriendo en el transcurso de la noche local tras local, seguido de Eliott que se le equiparaba pero con mucha más elegancia y dignidad, estos bohemios reían de todas las bromas y aceptaban sin demasiados miramientos lo que les ofrecían; cada vez que abandonaban una taberna o una casa de señoritas, Ian veía al de ojos grises entregar una buena cantidad de dinero, que dejaban mas que contentos a los dueños que los atendían con mucha empeño invitándolos a volver pronto. Los siguió durante toda la noche, un poco apartado, participando de vez en cuando; admirado de la resistencia de los otros dos, al poco rato ya se sentía mareado.
Cuando por fin, temprano en la mañana, Eliott le indico a Ian que volverían a casa, agarraron al bulto que era a esa altura David, y cargaron con él hasta el hogar de Fred; demasiado borracho para estar conciente y menos para mantenerse en pie, fue necesario arrastrarlo hasta una cama para que el descanso lo volviera a la vida. Luego, cansado, mareado y extenuado, Ian se tiró en la otra cama de la habitación, durmiéndose de inmediato. Eliott no perturbó el descanso de sus dos compañeros de farra y él mismo se encerró en una habitación a dormir, en la cual pronto recibiría la visita de una pequeña pelirroja que indiferente con su cansancio lo despertaría para conversar.
Ian despertó horas mas tarde, bastante despejado y de buen humor, salió de la pieza en silencio para no molestar a su compañero que aún roncaba, realmente aunque hubiese tocado batería en su oreja David no hubiese despertado.
Fue a recibir el sol, afuera había un día hermoso y caluroso, de pie en medio de un pequeño prado cerró los ojos sintiendo el calor del astro mayor y la tranquilidad que se respira cuando la mente y el corazón están en calma. El saludo de una voz femenina que no reconoció lo hizo abrir los ojos y mirar a la persona que sonreía frente a él. Una muchacha de unos dieciocho años, cabello rojo fuego, sus rizos parecían absorber los rayos del sol que caían con gracia sobre su espalda, sus ojos de un claro celeste con unas pestañas largas y crespas; su rostro en forma de corazón, con una frente amplia, de pómulos altos y labios si bien delgados, bien formados, aún conservaban la redondez de la infancia. No era muy alta, no debía siquiera alcanzar el metro sesenta, pero poseía una figura esbelta y delgada, al ser tan finita daba la impresión de una gran fragilidad y la inocencia de su rostro, la pureza de su mirada le hicieron recordar los retratos de la virgen María.
- ¿a que no es una muchachita preciosa?- dijo la voz de su maestro mirándolo divertido, apoyado en un árbol un poco más adelante.
- Hey crío, quita ya esa cara de idiota que ya estas babeando- dijo David saliendo afuera con la boca llena de fruta. Ian le dirigió una mirada de pocos amigos, una cara poco habitual en él que hizo reír a la chica.
- Lilian… estas tan…- comenzó a decir el rubio mirándola con una suave sonrisa en los labios.
- ¿Tan más grande?- intervino David.
- Tan hermosa- continuó, ignorando por completo al otro. Lilian se ruborizó encantadoramente.
- Y así planea conquistarla, mediocre manera de seducir- murmuró el pirata para sí en voz demasiado alta. Acto seguido, Eliott lo agarró de un brazo y lo arrastró adentró cerrando la puerta tras sí. Al parecer, la embriaguez aún no abandonaba al dueño de los mares. Un minuto después un sonido de agua, luego un rosario de improperios por parte de Eliott, seguido del sonido de cristales rotos por el azotamiento de un fuerte viento, después el grito de Fred por su vitral roto, finalmente la voz de Barani llamando al orden.
- Esto es un manicomio- murmuró Ian, volviéndose por fin hacía su compañera.- ¿Esto era lo que le pedías a Eliott?
- Si, a veces me cansa ser siempre una niña… y esto es lo más que conseguiré.
- Así estás bien- declaró sin pensarlo.
Sin poder evitar seguir ruborizada ante aquel joven que la ponía tan nerviosa, debatía en su mente sobre si hacer aquello que deseaba desde que lo vio en el orfanato San José, hace ya meses atrás.
- ¿Qué pasa?- preguntó notando su turbación, ella lo miró, transmitiéndole la misma sensación que cuando la vio aquel día, por último lo abrazó, él imito el gesto con ternura, sin entender bien el motivo de la acción.
Pasados un par de minutos, o eso le pareció a Ian, la chica se apartó y con una gran sonrisa le dijo que entraran a merendar; efectivamente los demás ya estaban instalados en el comedor. Mientras comían, bastantes silenciosos debido al hambre, pero de un buen humor que se transmitía. Ian tuvo una sensación de familiaridad que no recordaba haber sentido, miró a sus compañeros comprendiendo de pronto que ellos eran su familia, o lo más parecido a ello que jamás tendría, sonrió para si, era más de lo que deseaba.
- Estaba pensando- comenzó a decir Lilian, un comentario venenoso afloraba en la boca de David, pero ella lo cortó con una mirada poco amigable- que necesito ropa, urgente, no puedo disponer del armario de Barani.
- Estoy de acuerdo- dijo David sorprendiendo a la colorida- tu cuerpo no se compara al de esta bella mujer- sentenció dedicándole una sonrisa a la morena.
Lilian se puso de pie, roja de furia, pero Eliott alzó la mano para frenar su agravio.
- Muy bien Lily, acaba tu merienda y saldremos a colmarte de atavíos- indicó con esa voz suave, profunda y sensual que poseía. – Ian, acompáñanos, sé que tienes buen gusto.
Ian asintió, en realidad el hombre de los gustos exquisitos era él, su maestro, pero atajó la indirecta, que eligiera la ropa para esa guapa señorita a su derecha que por debajo de la mesa buscaba su mano. Se preguntó si durante la salida, no tendría un extravío casual y no planeado para dejarlos solo. A por Dios, quizás estaba siendo demasiado pretencioso, quizás era eso lo que deseaba, lo que necesitaba y le hacía falta. Miró a la muchacha, definitivamente, era encantadora, perfecta, porque no arriesgarse a iniciar algo con ella, la felicidad esta reservada para todos los hombres, y desde siempre que esta había sido esquiva con él, pero ahora era su turno de estar en paz, ahora a él le tocaba sonreír.
Salieron de inmediato, el sol brillaba aún en el cielo con intensidad, en aquel lugar el clima era muy cambiante, ilusoriamente versátil. Esta vez, se dirigieron al oeste, el barrio comercial, la chica parecía encantada con todo, emocionada de dejar la ropa de niña y poder lucir como mujer, no podía quitar la sonrisa de sus labios al verla tomar con euforia la ropa, correr al probador, luego pedir la opinión de los varones para después saltando de alegría salir con las bolsas, sin antes darle un beso en la mejilla agradeciendo a Eliott la benevolencia con que la dejaba comprar y comprar, por su lado el benefactor celebraba y se contagiaba con la euforia de Lilian y lo invitaba una y otra vez a sumarse, sabiendo que la sonrisa era suficiente manifiesto viniendo de él, también capto las furtivas miradas que a veces le dirigía como espiando su reacción cuando contemplaba a la joven colorida, ¿este hombre sabía acaso más que ellos dos?
Cuando emprendieron el camino a casa, la noche ya se cernía sobre sus cabezas, y una sonrisa de luna iluminaba tenuemente las pocas calles sin alumbrado eléctrico. Lilian entonaba una canción, quien sabe de que época y origen, pero sin duda de una alegría que invitaba a la danza. Los dos hombres, un poco más atrás de la joven que daba saltitos y giros al caminar, la miraban divertidos, cargadas ambas manos con bolsas y cajas.
- Es guapa ¿no crees?- le dijo Eliott de pronto.
- Déjalo ya, si tan hermosa te pareces porque no…- le cortó en voz baja pero no por ellos menos cortante. Mientras estuvieron fuera su mentor no dejaba de insinuar cosas, ya a esta altura se había hartado.
- Muy bien, entonces no te molestaría que esta noche yo…
- ¡Hey! No te pases- Lo había conseguido, por la mirada que le dirigió y la risa posterior, supo que había triunfado. Ahora no pararía de molestarlo, de incitarlo a que fuera mas galán, mas atento, mas audaz, mas rápido. Estas eran las veces en que deseaba haber callado, al menos si hubiese sonado menos perturbado… La risa de su mentor, lo enfurruñaba cada vez más, pero se obligó a respirar con calma, después de todo no era para tanto.
Un grito ahogado lo hizo salir de sus pensamientos, al tiempo que las carcajadas de Eliott se interrumpieron bruscamente. Lilian era sujetada por un tipo corpulento, que con un revolver sobre la sien de la chica exigía a los caballeros no acercarse ni intervenir.
Un bufido despectivo dejó escapar Eliott, sin inmutarse se quedó quieto, erguido con altiveza y con cierta prestancia natural en él, levantando una ceja miraba con lástima al asaltante. Pero Ian no ponía atención más que al frente, a la respiración agitada de ella, al arma que se posaba sobre su cabeza.
- ¡Suéltame!- gritó Lily forcejeando con él, pero el tipo la sujetó con más fuerza, enterró con rudeza el arma en su sien y por último le dio una bofetada.
Como si fuera poco, al sentirla más dócil dejó caer su mano, recorriendo con morbo el cuerpo que tenía junto a él, al sentir el tacto la chica lo piso con fuerza y luego golpeó el brazo que sostenía el arma, una bala dio en el aire mientras Lilian se apartaba rápidamente de su agresor, pero este actuó con igual premura; sus manos no podrían agarrarla y detenerla, pero el revolver si. Una bala para hacerla caer, esa fue la intención del sujeto, disparando al brazo de su victima.
Ian no sabía la intención del hombre, solo vio como jalaba el gatillo y luego el cuerpo de Lily desplomarse. Y por primera vez, sintió en su interior el nacimiento de un pensamiento que jamás creyó crear, ni siquiera su padre- maldición, había despertado sus recuerdos, roto las cadenas que cerraban los baúles con su crudo pasado, que lentamente comenzaban a pintarse- lo había provocado: deseo fervientemente la muerte de aquel ser humano que en su estado de cólera no merecía vivir, ¡ojalá su corazón reventara!
- ¡Ian no!- exclamó la voz de Eliott tras él, al tiempo que frente a él, el hombre llevaba su mano sobre su pecho con los ojos desorbitados, lo miró con el aleteo de la muerte en su pupila, tosió con la boca llena de sangre y luego cayó al suelo, inerte, lejos ya de este mundo.
Algo se desgarró dentro de él, no físicamente, sino en su mente cuando comprendió más por instinto que por razón lo que había sucedido, sin llegar a entender como fue posible; en su alma, pues todo volvía a ser como antaño, volvía a realizar la misma macabra acción ¿acaso la anatema continuaba?; y en su corazón, el dolor de sentirse sucio, de creerse maldito. Sus piernas no eran capaces de sostenerlo y cayó de rodillas, apoyando sus manos en el piso sintió la angustia ascender hasta su garganta y sin poder evitarlo sus ojos se llenaron de lágrimas, lagrimas de dolor, frustración y desesperación. Su mente se volvió un torbellino donde el presente y el pasado se juntaban al azar, surgiendo con más intensidad los momentos tristes y tormentosos. Se había desatado una tempestad que lo tenía a la deriva y que lentamente lo hundía, si caía podía darse por acabado, pero las fuerzas lo abandonaban; estaba vencido, ahogado en su propio interior del que no podría salir por su voluntad.
Una mano amable se posó en su hombro, y su nombre fue pronunciado con afecto, despertándolo de su pesadilla, alzó la vista hacía los ojos grises que lo miraban con simpatía, unos cuantos segundos mirando aquella plata y las nubes se desvanecieron, siendo conciente nuevamente de donde se encontraba, todo estaba silencioso, las calles desocupadas como muertas. Y de pronto, su mente clara recordó lo recién sucedido, y con pánico preguntó por la colorina que ya no estaba. Fue tranquilizado de inmediato, Lilian estaba bien, descansando en casa. Pero la calma no llegó, pues de inmediato preguntó por el otro personaje de esa tragedia.
- Muerto-dijo sin preámbulos ni rodeos, la verdad con todas sus letras con tono indiferente.- supongo que no me queda más remedio que explicarte un par de cosas.
- ¿Explicarme un par de cosas?- dijo un poco crispado, sin falta de ironía en su voz- ¡Oh claro!, ahora que maté una persona con solo quererlo, porque eso es lo único que puedo entender, o que tengo un hada madrina que cumple todos mis deseos.
- Casi le has dado- bromeó Eliott ¿tenia esto algo de divertido?- no pongas esa cara hombre, ese bastardo se lo merecía, tarde o temprano pagaría por la vida que estaba llevando.
- ¡Pero no quería ser yo su juez! No pretendía ser su verdugo… además ¿Quién soy yo para decidir cuando, donde y como acabará su vida?
- Lo han decidido los hombres desde el principio de los tiempos, con mayor razón tu que has sido elegido para estar por sobre ellos… ¡si nos conocieran seriamos como dioses Ian! Tenemos el poder de hacer y deshacer, nos basta esto…- dijo chasqueando sus dedos- y cambiamos no solo una vida sino la historia misma.
Era increíble como él jamás había ambicionado, siquiera pensado aquello que su camarada le revelaba como una verdad simple y obvia. Pero más importante que ello, se obligó a apartar de sus pensamientos lo anterior para centrarse nuevamente en aquello fundamental que le preocupaba, la muerte de aquel hombre.
- Es evidente, ese es tu poder- fue la escueta respuesta, como una especie de venganza por haber interrumpido sus gloriosos pensamientos sobre el dominio mundial ¿el que quería proclamarse como dios supremo era Van o Eliott?
- ¡¿Qué tengo el poder de matar?!-exclamó horrorizado.
- No, claro que no- respondió haciéndole una seña para que se pusieran en marcha hacía la casa de Fred.- ¿Recuerdas lo que te dije sobre tus dominios?
Una explicación de días que al cabo de años seguía sin entender, demasiado complejo, demasiados dolores de cabezas, pero claro el recuerdo de la prevención: lo mejor es que no entres. ¿Qué recordaba sobre ello? Que era el origen de todo, el poder inicial, de donde provenía cada parte de este mundo, el origen de la vida y el fin de la misma, una de las tantas cosas que el hombre ha perseguido y sigue sin conseguir: la creación única de una criatura viva.
- Más o menos eso, pues el don que te fue dado es el de otorgar o quitar vida. – Contestó entonces Eliott- Por eso en el momento que ansiaste esa muerte, tu habilidad “despertó” con este resultado.
Por la expresión de su maestro dedujo que se reprochaba su decisión, es decir, no haberle explicado antes este punto y luego, dentro de lo posible entrenarlo para que esta clase de “accidentes” no ocurrieran.
Ya que era capaz de semejante hazaña podía reparar su error, pero el otro lo cortó diciéndole sensatamente que podía fallar nuevamente causando mas estragos, que por ahora se mantuviera al margen de hacer cualquier cosa, y que era urgentemente necesario que aprendiera a manejarlo, por lo que a la mañana siguiente iniciarían una especie de entrenamiento antes de ponerse en marcha. ¿A donde? a por el último de ellos, el desconocido séptimo.
El fatal error seguía turbando su mente, era injusto que aquel hombre, por desgraciado que fuese pagase por su incompetencia.
- Eliott, tu podrías volver atrás y evitar que yo matara al hombre…- musitó inseguro.
- Podría, sin duda- dijo con expresión ladina- Pero eso tenía que pasar para que te enteraras de…
- No obstante sabes que fue un error callar algo tan importante- le interrumpió sin pender la expresión serena, aunque en realidad comenzaba a hartarse.
- Como sea, no es correcto volver atrás y cambiar lo sucedido.
-¿Desde cuando te importa, cuando comenzaste a hacer lo correcto?- eso definitivamente desviaba el asunto, pero ya estaba dicho. Su compañero se paró en seco, se volvió para verlo, su silueta le pareció mas grande, quizás fuese solo producto del faro que derramaba su luz sobre el griego; la expresión altiva de su rostro espantó de golpe su enfado.
- Ese no es el punto niñito, no volveré atrás y punto, ese fue tu error, no tengo ningún motivo para reparar tu falta, de todas formas el tipo iba a morir pronto… su cáncer ya había echo metástasis.- la sorpresa era clara en el rostro de su inesperado discípulo, sentimiento que aprovechó para abrir la reja y seguir por el sendero que llevaba a la casa estrambótica.
- ¡Date prisa Ian! Lilian querrá una visita- le gritó antes de entrar en la casa.

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