jueves, 31 de julio de 2008

Una princesita


Esta es el cuento de una chica, una princesita de oscuros cabellos. Ella tenía varias amigas, doncellas y princesas; y vivía feliz en su castillo, pues sus padres mantenían la paz en el reino. A veces las otras princesas le hablaban sobre bellos príncipes, pero a nuestra princesita no le importaba en realidad, le bastaba con escuchar sobre caballeros, dragones y lejanos reinos.
Un día, ella partió, junto a su padre a un baile en el reino vecino, el palacio era hermoso y todos la atendían muy bien, ella estaba encantada. Durante la noche alguien se le acercó, el príncipe de los ojos deslumbrantes le pidió bailar, ella encantada aceptó, y juntos danzaron toda la fiesta, pero la noche acabó, y cuando el sol volvió a brillar con intensidad, ambos tuvieron que volver a sus tierras, aunque antes de partir él le regaló una rosa y le pidió que lo visitara en su reino, en las tierras lejanas del sur, ella accedió tras escuchar las maravillosas promesas del príncipe de los ojos deslumbrantes, y así llenos de ilusiones se separaron.
La princesita de oscuros cabellos volvió a su vida, la rosa se marchitó, y el camino trazado se borró, ella ya no sabía como llegar a las tierras de aquel príncipe.
Tiempo más tarde, se organizó una justa en el reino, ella asistió feliz junto a sus amigas. Observando desde el público vio aparecer a uno de los participantes, un caballero de armadura negra. Impulsada por la curiosidad, la princesita se acercó al caballero misterioso que ese día había vencido a todos sus contrincantes. Poco a poco y no sin temor, habló con él, y lentamente lo fue conociendo; dándose cuenta que detrás de esa armadura negra, había un joven melancólico, pero de un alma bondadosa.
Un día mientras él le hablaba sobre algunos misterios de la vida, le contó a nuestra princesita de su amor hacía una doncella pero que ella guardaba silencio, ella le sonrió y le pidió que no se pusiera triste, todo saldría bien. El concurso siguió y mas caballeros se sumaban, todo se volvía muy interesante, y la princesita no se dio cuenta, que el caballero de la armadura negra había sido correspondido. Cuando luego los vio juntos, cayó en cuenta de que quería al joven caballero, pero era tarde; sin embargo, la princesita de los oscuros cabellos se alegró por su amigo, le bastaba con verlo feliz.
Esta princesita no tardó en olvidarse del caballero, conservándolo solo como un buen amigo, tal y como lo predijo una de sus doncellas.
Pero ¿saben que ocurrió luego? Si, apareció otro caballero, el de la sonrisa dulce, este tierno príncipe muchas veces jugó con nuestra princesita y con sus amigas, rieron y corrieron juntos felices y despreocupados; pero ocurrió que lentamente su dulce sonrisa cautivó a la princesita, el sentimiento que nació dentro era distinto que el que sintió por el príncipe de los ojos deslumbrantes y mas intenso que el sentimiento por el caballero de la armadura negra.
El día en que se anunció el ganador de las justas, se realizó un baile de celebración, pero la princesita estaba enferma, así que no asistió. Ya entrada la noche, la chica de nuestro cuento bajó rumbo a las cocinas, no había cenado y tenía mucha hambre, cruzó por afuera del salón donde se realizada el baile, la puerta del mismo estaba abierta, viendo sin planearlo al príncipe de la sonrisa dulce, con una de sus doncellas. Deshizo el camino y volvió a su habitación decepcionada. La princesita paso mucho rato mirando por su ventana, una amiga le decía que se despreocupara que todos cometían errores, alimentando su ilusión, otra, le aconsejó que lo olvidara pues se merecía algo mejor; con una sonrisa, les agradeció a ambas por estar con ella.
Una vez se encontró sola, tomó su abrigo y salió afuera, caminó largo rato mientras el frío le hería el rostro, la noche estaba nublada, ni siquiera la luna la acompañaba esta vez. Llegó hasta un lago y contempló su reflejo en las calmas aguas, miró esos ojos que no brillaban felices, y desvió la vista tras ver aquel rostro que nada le gustaba. Cuando quiso volver a ver, ya era tarde, la lluvia agitaba las aguas y nada podía reflejarse. La lluvia intensa empapó a la princesita de oscuros cabellos, pero no le importaba y allí se quedó con la vista clavada en el lago que nada mostraba. ¿Alguien vendrá y tomará de la mano a la princesita y la traerá de vuelta casa?

La lluvia se detuvo y las oscuras nubes comenzaron a disiparse, pero una fría quietud se mantenía. La princesita de los cabellos oscuros seguía frente al lago, arrodillada contemplando las aguas que no veía; sus ropas empapadas lentamente se fueron secando, aún así el paso de la lluvia por su rostro se percibía ¿o eran acaso lágrimas?
De pronto, transcurridas quien sabe cuantas horas, la imagen en el agua cambió, una figura alta proyectaba su sombra sobre la princesita. Ella miró el reflejo, él le tendió su mano preguntándole si estaba bien, nuestra princesita mintió diciendo que todo marchaba perfecto y aceptó la ayuda. El príncipe sonrió tímidamente, y ella no pudo evitar el mismo gesto; luego, lo abrazó con fuerza, la princesita estaba fría como la nieve y él cálido como el sol que volvía a brillar en la bóveda celeste, él ignoraba cuanto vio y lo mejor era que lo siguiera creyendo.
Con ese cálido abrazo caminaron juntos hacía el castillo, allí, como era de esperarse, estaban todos muy preocupados por su paradero, y se alegraron enormemente cuando la vieron aparecer junto al príncipe de la sonrisa dulce. Todos creían que se había extraviado y, entre atenciones y celebraciones, nadie se dio cuenta de lo que en realidad sucedía, mejor así, se dijo la princesita, y en su corazón agradeció el volver a la seguridad de su hogar.
A pesar de su tranquilidad, cada vez que estaba junto al príncipe sentía la amargura alojarse en su ser, y sin proponérselo evitó los encuentros; pensó que alejándose podría olvidarlo mas rápido, pero sus doncellas no paraban de hablar del encantador y tierno príncipe de la dulce sonrisa.
Días después, la lluvia se cobró su pago en la princesita, y enfermó. El príncipe de la sonrisa dulce fue a visitarla, estaba muy preocupado por su salud; así en los días que siguieron él iba hasta su alcoba y se sentaba junto a ella en la cama, impedido de ayudarla al menos intentaba alegrarla.
En un comienzo para nuestra princesita las visitas eran un triste martirio. Un día en que se quedaron dormidos leyendo, un tenue movimiento del príncipe de la sonrisa dulce despertó a la princesita y ella miró a su compañero, hace ya tiempo que esperaba sus visitas, no podía mentirse, ensimismada lo observó largo rato, el príncipe la quería mucho, pero no como ella lo quería; con un suspiro tomó una decisión, el tiempo se encargaría de transformar su amor, pero no estaba dispuesta a perder por completo a ese joven tan atento y afectuoso con ella. ¿Lograría su cometido la princesita? ¿El tiempo sería generoso y actuaría rápido?
La princesita mejoró, y la vida en el castillo se normalizó, el príncipe de la dulce sonrisa fue nombrado comandante de la guardia real, por lo que la princesita gozaba cada vez menos de su compañía, un regalo del destino pensó ella.
El padre de nuestra princesita de oscuros cabellos acogió a una misteriosa mujer que gozaba de fama de buena consejera. Extraña mujer, delgada, de cabellos rojos y rizados, y para sorpresa de la princesita, joven, demasiado joven y hermosa.
La princesita pronto empezó a extrañar a las personas que más quería en el mundo, a su padre y al príncipe de la sonrisa dulce, que preocupados en sus labores, pasaban mas tiempo con la consejera que cualquier otro.
Un sábado en la noche, durante la cena real, la princesita percibió una muda complicidad entre la colorida consejera y el comandante de la guardia real. ¡Ah! claro esta que el tiempo no ha hecho su trabajo en el corazón de la pobre princesita. Pero vamos, no gastaré una infinidad de inútiles palabras para definir nuevamente el limpio dolor ni que tipo de relación se estaba gestando entre el príncipe y la mujer. Aunque, si prodigaré palabras contra esa mujer, pues ella poseía un pasado digno del averno, y las intenciones para con el inocente joven comandante eran tan oscuras como las alas de un cuervo, pues lo único que ella deseaba era tener a su merced la voluntad del príncipe usando como arma la efímera belleza que dios le había regalado. Llamaremos inocencia al rápido sucumbir de él, y habilidad a la total usa de sucias armas para atrapar al príncipe de la sonrisa dulce.
¿Y en que lugar dejamos a la princesita de oscuros cabellos? Aparte, pues ella prefirió apartarse, prefirió seguir con su vida, haciendo lo que la llenaba, divirtiéndose con sus amigas, después de todo, a ella no le importaba a quien consagrara su vida el príncipe de la sonrisa dulce…
Pero como la maldad no tarda mucho en salir, la princesita sin planearlo se enteró de las intenciones finales de la consejera… matar a su padre y convertirse en la reina regente. Esa misma noche, seria su gran golpe.
Las horas que siguieron, la princesita deambuló sin saber que hacer, no saber como procedería la mala mujer, ¿a quien podía recurrir? Pues en situaciones así a quien acudía era a su padre, pero este ahora era la victima. Por desgracia, el tiempo avanzó como siempre, y llegó la hora de la cena; la princesita incapaz de ingerir ningún alimento se sentó en la mesa, a la derecha de su padre la mujer de cabellos rizados parecía leer el miedo de nuestra protagonista. Su padre se levantó para hacer un brindis, agradeciendo los servicios de su nueva y mejor consejera; una sutil sonrisa de la halagada y la princesita comprendió; sin siquiera pensar se abalanzó sobre su padre que acercaba la copa a su boca, de un empujón la apartó y el mortal liquido se esparció por el suelo; a la vez que la mujer cometía el primer y último error, en un arranque de rabia apuñaló a la princesita.
Luego todo se sucedió muy rápido, el rey furioso ordenó a su comandante apresar a la mujer, y en esa misión casi pierde la vida; pero mientras la mujer era reducida…. ¿Qué pasaba con la princesita? Tendida en el suelo, la vida se le escapaba, la herida sangraba profundamente, su madre lloraba tomando su fría y pálida mano, el rey le pedía al médico real que ayudara a su hija, pero la sangre que perdió era mucha. El príncipe de la sonrisa dulce se arrodilló junto a la princesita, y ella le tendió una daga, él la tomó y reconoció el arma a la vez que comprendía que estuvo a punto de ser asesinado junto al rey, de hecho antes que este mismo. Conmovido, apartó el pelo del rostro de la princesita, pero antes de que pudiera hablarle el rey se la llevó para tratar de salvarla.
Las horas que siguieron pasaron lentas para los habitantes del castillo. Dos días más tarde, la consejera fue condenada, y cuando la alborada llegaba, el médico anunció que las puertas de la muerte se habían cerrado. No me detendré en las visitas que se sucedieron en la habitación de la princesita, que aunque débil ella sonreía agradecida por las muestras de afecto de todos. Por fin, luego de mucho pensarlo, el príncipe de la sonrisa dulce entró en la habitación donde estaba la princesita, ella dormía. Se sentó en la cama y tomó su mano, pensativo y temeroso, para luego, lentamente inclinarse sobre su rostro y depositar un suave beso en sus labios. La princesita abrió los ojos pensando que había despertado del mejor de sus sueños, pero cuan grande fue su sorpresa al descubrir la sonrisa del príncipe ahí junto a ella. Un encantador rubor cubrió a la princesita que sentándose se quedó en silencio sin saber que decir, por suerte el príncipe abrió su boca para pronunciar un par de palabras que hicieron florecer la alegría en su interior, palabras que inconscientemente estuvo tanto tiempo esperando oír; esas dos palabras eran “te amo”.

|| Las 7 puertas || Capítulo 6

Fred

Una nueva jornada comenzaba, pero las horas pasaron, e Ian no vio a Barani y menos aún a su mentor. Cada uno encerrado en su habitación, encerrados en sus mentes, recuerdos y orgullos.
Lilian y David se turnaron visitando a Barani quien se fingía indolente, enojada por el descaro y egoísmo de Eliott Fontelle, pero bien sabían los otros dos que tras esa rabia se escondía la tristeza, y el dolor que cargaban sus ojos confirmaban la teoría.
Ian no se atrevió a quebrar el mundo del ojigris. Quizás lo mejor era hablar, contarle lo que pensaba al respecto, que se disculpara con la mujer, o que el otro se desahogara; explicar esa parte de su vida de la que él no sabía nada. Pero la falta de determinación, la inseguridad y el miedo lo mantuvieron lejos de esa habitación. Como culparlo, el guardián de tiempo no era un hombre simple, milenios de vida agravaban el asunto, las vivencias nos moldean, el tiempo nos desgasta, el choque de la vida nos va erosionando, las heridas recibidas si no sanan nos alejan del cielo, pues las alas se van perdiendo, si sanan bruscamente nos endurecen, para mas tarde con la nueva ola solo ser pulida, pero sin dejar marcas duraderas. El tiempo cura todo ¿también podía aplicarlo para el dueño del mismo?
El sol se fue y una luna menguante brilló en el cielo, el barco seguía navegando a buena velocidad hacía su destino fijado por el capitán.
Pensando en la majestuosidad del océano caminaba por la cubierta, una brisa salpicada de salada humedad corría agitándole los cabellos, miró dentro del barco y unos pasos delante de él, sentado sobre la baranda del barco estaba Eliott.
Su mentor lo saludó con una suave sonrisa, Ian avanzó y se detuvo a su lado, apoyando sus codos en el rastelillo.
-Hermoso- murmuró Eliott mirando el mar- da a impresión de que fuera eterno como el cielo… siempre se ha dicho que una vida mortal es poco, pero quizás lo sea suficiente. Por suerte Dorian Gray murió, sino su mente no hubiese podido guardar tantos recuerdos y culpas. ¿Sabes? Mil años son demasiado tiempo. La vida aburre cuando no se quiere nada, cuando no hay razón para vivir; los recuerdos nos salvan a veces, pero no puedes vivir de ellos, y no hay que olvidar que la rosa tiene espinas, por ello nos rendimos ¿Cómo escapas de tu pesadilla rememorada? Dormir la mente ayuda mucho, no es fácil, aún con ayuda celestial, el corazón despierta a la memoria adormecida…
Ian lo escuchó en silencio, pero no lograba llevar el hilo de ese extraño monólogo.
- A veces nos dormimos, pero el subconsciente es incontrolable y nos lleva, y nos hace caer nuevamente. No queda más que enfrentarlo y lidiar con ello, el destino se encargará de hundirte o de salvarte… ¡oh Dios! Que pesimismo, siempre es posible doblarle la mano, siempre hay esperanzas.
Eliott se volvió para mirarlo y sonrió lánguidamente, era evidente la confusión en el rostro del rubio.
- Las cosas no marchan como deberían, de hecho nunca lo han hecho, pero ahora no puedo ignorarlo-
- ¿Hablas de Barani?- preguntó tímidamente.
- No en realidad, pero veo que quieres tocar el tema…
- ¡Oh no! Yo solo... continúa- Eliott siguió mudo esperando que hablara- esta bien… ¿Quieres saber lo que creo? Se te fue la mano ese día… no es que estuviera escuchando, solo oí el término- el otro le hizo ademán de que continuará, yendo al meollo del asunto-. En fin, creo que deberías disculparte con ella.
- ¿No esta bien, cierto?
- Que creías, esta triste, la heriste.- en esos sentimientos él era un experto, sabía como se sentía la mujer.
Ian lo miró de reojo, curioso, pero su compañero se encontraba inclinado hacía adelante y no logró verle el rostro. Tras un momento de silencio, se giró y saltó dentro del barco y sin volverse a mirar al rubio se fue, este sonrió, lo había conseguido.

El guardián del tiempo tocó fuera de la habitación, pero nadie contestó, así que entreabrió la puerta, estaba vacío. Caminó por el pasillo y llegó hasta una especie de estudio como solo lo podía ser un estudio pirata. Sentado en un amplio sofá estaba Barani.
-Hola- saludó él tanteando terreno, ella lo miró y movió su cabeza como gesto de saludo- ¿Podemos hablar?
- No hay nada de que hablar, Eliott- dijo con voz ronca.
Se acercó y se sentó frente a ella, pensó un momento en que decirle y luego comenzó a hablar.
- Si hay, nuestra… conversación de ayer no estuvo del todo bien- ella sonrió un poco irónica- solo vengo a decirte que- se calló de golpe, la miró, pero ella jugueteaba con sus manos y no lo miraba, él le tomó una de sus manos entre las suyas, y clavó sus profundos ojos en su rostro- Barani, mi comportamiento no estuvo bien, no te lo merecías, yo lo s…
-No- le interrumpió viéndolo por primera vez, tenía los ojos rojos e hinchados- no digas nada, fue mi culpa, yo sabia que no debía… pero te forcé… es lógico.
Eliott se paró del golpe y comenzó a pasearse por la sala con el ceño fruncido.
- ¿Estás loca?- preguntó deteniéndose bruscamente frente a ella- tu no hiciste nada, no debes disculparte, soy yo el que debe…
- No, Eliott, es mi falta- le contradijo poniéndose de pie.
- No vamos a echarnos la culpa mutuamente ¿cierto?- murmuró sonriendo divertido- se que te traté mal, y es por eso que soy yo el que- ella lo frena- Como sea… tienes razón, si no fuera por ti no estaría aquí… olvidemos ese desagradable episodio ¿Esta bien? ¿Perdóname bueno?
- No hay nada que perdonar- aclaró abrazándolo.
- ¿Sabias que te adoro? – susurró dándole un beso en la cabeza.
Ella cerró los ojos apoyada en él con una sonrisa, al tiempo que una lágrima rodaba por su mejilla, pero Eliott no lo vio ni comprendió lo que era evidente para los otros.

Ian volvió a encontrarse con Eliott en la cocina, su mentor comía una manzana sentado sobre el mesón, frente a la cocinilla esta Barani atareada. De modo que habían echo las pases, no podía sino alegrarse por ellos.
- ¡Hey! rubito ¿Cómo estas?- le saludo el hombre, lanzándole una manzana-come, están bien dulces.
- Gracias…- murmuró dejando la manzana sobre la mesa. Sin siquiera pensar dijo- ¿A dónde vamos ahora?
- Rumbo a la redención que se alcanza en el estado de delirio o pérdida de cordura- anunció imitando a un fanático religiosos, y luego continuo burlón- ¿Qué acaso no es obvio? ¡Niño! Te creía más inteligente.
- Se que a otro de nosotros, donde y quien es.
- Simplemente es Fred, el lugar es totalmente impredecible-contestó el otro encogiéndose de hombros.
El humor de Eliott parecía estar alcanzando la cumbre, con una amplia sonrisa y un brillo travieso en sus ojos de plata, era como si el niño que fue hubiese tomado el control. Alejando responsabilidades, pasados, eternidades viviendo, todo. Una momentánea recuperación de la inocencia y de ese entusiasmo de quien cree en la magia reinante en el mundo. Tanto entusiasmo, ¿se debía a la solución del conflicto con la mujer a su lado?
Se preguntó además, en su interior ¿Qué era del Ian niño? ¿Estaba sufriendo, sumergido en soledad, sin voz de tanto gritar y no ser oído? La melancolía volvió a abrazarlo y se estremeció sin querer, cerró los ojos para tratar de disipar un poco el miedo, cuando los abrió su mentor lo miraba, se obligó a sonreír.
- ¿Quieres ver algo?- le preguntó sin quitar la sonrisa, Ian asintió- ¡Tarán!- exclamó con voz infantil, verdaderamente, pues ahora tras toda esa ropa arrugada y grande estaba Eliott de unos seis años.
-Eres un niño…- murmuró sin poder evitar reír.
- Siempre lo ha sido-corrigió Barani acercándose al de cabello azabache- ahora concuerdan tu mente y tu cuerpo. La mujer recibió el abrazo del niño, que se acurrucó en ella.
-ya hombre, déjame cocinar- acto seguido Eliott volvía a ser adulto.
Un simple echo e Ian olvidó su malestar ¿Cómo no adorar a su mentor?

El sitio donde arribó el barco pirata resulto ser una playa de arena blanca, tras ella se alzaba una selva tropical suntuosa.
-Hace muchísimos años que no tocaba tierra-comentó David mirando la arena bajo sus botas- ¡Que calor hace!
Ian lo miró mientras se desasía de su chaqueta, en la parte interior de su antebrazo derecho tenía tatuado lo que le pareció un trival, echo de pequeños trazos y en la curva mas pronunciada del tatuaje los trazos se convertían en signos mas específicos y mas complejos, como si fuera un mensaje escrito en antiguas runas.
-¿Qué es?- le preguntó luego de tratar de descifrar su significado sin éxito.
David sonrió y se arremangó bien la camisa, luego junto la parte interior de ambos antebrazos; el trival se unió para formar lo que le pareció una serpiente medieval, pero si miraba con detenimiento cada escama del ser era un signo, un código, una letra. Este tipo era un pirata hasta el tuétano, tal y como señalaban libros y dibujos, solo que de apariencia mas joven y limpia.
-¿Qué dice? ¿Es algún código pirata?- preguntó curioso.
- Algo de pirata tiene- río- pero son reglas, reglas que no puedo volver a transgredir.
-Nuestras reglas- agregó Eliott- y cuando las rompe, el tatuaje le recuerda sangrientamente su lugar.
- ¿Sabes como duele una herida abierta de adentro hacía afuera?- preguntó el pirata, Ian miró horrorizado el tatuaje al tiempo que le preguntaba que reglas había quebrantado.
- La de “No uses tus poderes para fines egoístas y personales”, o algo así- contestó con un claro desprecio hacia la regla.
- “Algo así”… las has desobedecido varias veces David, es hora de que lo aprendas- dijo Eliott.
- Un millón, ladrón marino masoquista- corrigió Lilian.
- Lobita cállate… Señor líder, no tienes moral para criticarme.
- David, no empieces- advirtió Barani tras darle una aprensiva mirada a Ian.
- ¿Qué pasa? Los dos somos pecadores, hemos transgredido gravemente las estupidas reglas, y más de una vez ¿o no pecador? Las reglas se hicieron para romperlas.
Ian se volvió hacia su mentor, y lo quedó mirando largo rato, pero este solo observaba a David con rostro serio, con ese semblante lleno de sabiduría pero con aquel brillo de malicia en los discos de plata.
- Si, también he desobedecido las normas… esa debilidad me llevó a obtener un castigo más duro que el que te dieron a ti- se volvió al más joven- Ian, luego hablaremos de esto, debemos encontrar a Fred.
Con esto el tema quedó zanjado de golpe. Conforme con la instancia para hablar a solas prometida por su mentor, caminó con los otros. Cuando acababan de entrar en la selva apareció un chico de unos veinte años vestido con jeans, una polera y sobre esta una camisa, zapatillas de lona con caña corta y un alborotado cabello azul eléctrico.
-¡¡Eliott!!- gritó corriendo a abrazarlo- Papá, te extrañé tanto
-¿papá?- preguntó anonadado Ian
- Solo le dice así, a veces, es… es Fred- contestó Lilian.
Tras soltarlo, saludo a Barani con un beso en la mejilla y un abrazo; luego a David, y por el escándalo y los comentarios, Ian se dio cuenta que eran buenos amigos, no supo si alegrarse o sentir miedo por la dupla.
- ¡Hola!- lo saludó después de soltar a Lilian.
- Hola Fred- contestó.
- Hola Fred
- No, tú eres Fred-
- ¿Yo? ¡Me llamo Fred! – les dijo a los otros- Entones somos tocayos.
- No, espera… Yo me llamo Ian- aclaró señalándose a si mismo. Su interlocutor se quedo mirando su mano y de pronto la agarró- ¿Qué haces con mi mano?
- ¿Qué son?- preguntó agarrando el anular.
- Pues… dedos-
- ¡Yo quiero!
- Pero si tú tienes- dijo anonadado, y agarro su mano y se la puso frente al rostro- ¿ves?
Fred la sostuvo y la miro un rato con el ceño fruncido, luego abrió la boca y se mordió un dedo, de inmediato soltó un grito de dolor.
- No hagas eso, son parte tuyo, te volverá a doler- le pidió Ian cuando el otro hizo además de repetir la acción.
- Ya ya, Fred, tranquilo… ven aquí- le pidió Barani llevándoselo a un lado.
Ian estaba pasmado con la escena recién vivida, este sujeto era más extraño que todos ellos juntos, o al menos más visiblemente trastocado.
- Quita esa cara de idiota- le pidió David riendo.
- Fred vive en el mundo mas allá de su puerta, donde convergen todos los sueños e ilusiones concientes e inconscientes.
Ian asintió pensativo, y cuando se dio cuenta de su entorno, estaban parados en la vereda de una gran urbe, a su lado una avenida atestada de vehículos hacían sonar sus bocinas. Comprendió la habilidad de Fred, que ahora tenía el pelo largo y verde, y se unía al grupo.
- Fred vamos a casa- le pidió Eliott
- ¿Cual? ¿A la mía? ¡No! Tu quieres ir donde ella… si, si, para abrazarla y besarla y dejarnos de lado de nuevo. – El rostro del de ojos grises se tensó- ahora les tengo una cama matrimonial, ¿me darán un hermanito?- David puso una mano sobre el hombro de Fred- ¿Qué? ¿Qué pasa? Ups! Había olvidado que ella te dejó, que…
Eliott no dijo nada, solo dio media vuelta y desapareció entre la gente.
- ¡Fred que has hecho por dios!- exclamó Barani.
- Hey, simplemente lo olvidó nada más…- intervino Lilian, mirando al culpable que parecía a punto de echarse a llorar.
El pirata agarró a su amigo, y lo separó del grupo, tras unos segundos David inició la marcha junto al desequilibrado nuevo compañero, que por supuesto ya había olvidado lo que acababa de ocurrir. Ian no comprendía nada, pero Lilian a su lado le explicó sin tener que preguntar nada.
- Eliott tenía pareja, una mujer a la que amaba profundamente, tanto así que le era fiel... bien, fiel a su modo- suspiró- para evitarse problemas, quizás, nosotras eramos intocables... creo, no sé si lo hizo por respeto hacia nosotras, o porque debía seguir viéndonos, o por su amor, quien sabe… Cuando ella se fue, Eliott estaba desecho, nadie lo vio a excepción de Barani, nunca me sentí tan sola como cuando el desapareció… fue como si aquella eterna llama de esperanza que vivía dentro se hubiese apagado…
- ¿Estas bien?- le preguntó, Lily miraba la nada con ojos vidriosos.
- Si, gracias. Supongo que Eliott deberá contarte lo que sucedió, él conoce la historia mejor que nadie.
De pronto miraron a su alrededor y se encontraron dentro de una catedral, antes de que pudieran siquiera reaccionar cayeron en el mar, inmediatamente después estaban en medio de un desierto.
- Fred, detente- le pidieron al unísono las dos mujeres.
David rompió a reír, pero no había rastro de Fred, tras una duna, apareció un camello y tras este se aproximaba una tormenta de arena.
- ¡Amigo! Sácanos de aquí- le gritó el pirata al camello. Acto seguido volvían a estar en la playa donde arribaron.
- Deja de hacer eso- le pidió la niña. Fred ahora era un niño rubio de la edad de Lilian.
- ¿A dónde quieres ir?- preguntó el niño- ¿a casa?
Al instante siguiente estaban en la ciudad natal de Lily, y un adolescente de cabello oscuro reía al lado de David, este lo alababa y lo instaba a seguir. Ian mareado, vio como el lugar a su alrededor cambiaba, como Fred desaparecía y aparecía siendo otra persona, animal e incluso cosa, David manipulando los elementos le daba un realismo duradero; como resultado al cabo de unos minutos estaban empapados con agua salada, con arena, y escarcha en el pelo.
- ¡Solo, solo queremos ir a tu casa!- le pide Barani corriendo detrás de un pequeño perro junto a los demás.
De pronto estaban de pie sobre ¿el arcoiris? Abajo, una paisaje maravilloso se desplegaba, lo mejor de la naturaleza junto a animales ficticios, un Pegaso bebiendo de un arroyo, un dragón durmiendo en una nevada montaña, unos niños juntando con pequeños querubines, y Fred recostado sobre una nube.
- ¿Qué es este lugar?- preguntó Ian
- Mi casa- contestó el otro con una sonrisa.- ¿Tienen hambre? Tengo manzanas doradas o…
- Frederick… es suficiente por hoy- dijo una voz suave y profunda.
Junto al alocado muchacho, apareció Eliott, que apoyó su mano en el hombro del ilusionista, inmediatamente todo se desvaneció en un remolino de colores y formas. Cuando todo volvió a quedar quieto, estaban en una pequeña calle, a la derecha vegetación y a la izquierda la ciudad, estaban en el mirador de un cerro.
- No me llames así…- le pidió, e Ian observó que volvía a tener la apariencia de cuando se encontraron con él.- esta bien, vamos a casa. ¿Cómo quieren que sea la casa?
- Solo queremos tu verdadera casa, ¿recuerdas que te regalé una muy bonita? ¡No hay ninguna como esa!- dijo Eliott.
Fred parecía satisfecho, y los guió hasta su casa, que resultó ser una construcción muy grande y de una forma bastante rara por decirlo menos, la fachada era de un intenso naranja, y la puerta junto al tejado, escarlata. Cuando atravesaron el umbral se encontraron con un pasillo con varias puertas a los costados, puertas cuadradas, redondas, de madera, de vidrio, azules, moradas; en fin, de todos los tamaños, colores y formas posibles. Al final del pasillo había una puerta doble, de roble tallado, Ian pudo ver las distintas figuras que habían sido esculpidas, pero al centro las que sobresalían eran dos leones rugientes frente a frente.
Entraron, y se encontraron en una amplia sala donde a su izquierda había una chimenea eléctrica encendida, una mesilla con un sofá y dos sillones alrededor; hacía la pared opuesta una vitrina con extraños objetos estaba pegada al muro, y en el centro sobre una alfombra, una mesa de vidrio con seis sillas.
- Tomen asiento- dijo alegremente Fred- ¿Qué quieren comer?
- Comida de verdad, si no es mucha molestia- pidió Barani.
Esta vez, los hombres se tomaron la cocina, Barani junto a Lily sentada parecía bastante nerviosa por el resultado; más que nada por el griterío y escándalo que salía de la cocina, cocina que se encontraba en el largo pasillo tras una puerta verde y cuadrada. Luego de una media hora, comenzaron a disponer la mesa, negándose rotundamente a ser ayudadas por las chicas. Ian acarreaba copas, cubiertos, platos y botellas, además de reproducir los mensajes que los cocineros enviaban. Mas tarde, todos sentados en la mesa, tuvieron una cena realmente exótica, recetas que cada uno aprendió en quien sabe que lugar y tiempo; pero sin lugar a dudas era exquisita.
- Estoy sorprendida, tenía miedo de lo que trajeran de adentro- les dijo Lilian.
- Que feminista… olvidaba que los hombres no sabemos cocinar- comentó David con la boca llena.
- Y aunque así fuera, en cientos de años todos hemos aprendido de todo… bueno, casi- agregó Eliott.
Y como tanta buena voluntad no puede ser gratuita, tras el postre, la limpieza y orden quedaron en manos de las chicas; resignadas hicieron lo que les ordenaban con la ayuda de Ian, que se sentía un poco avergonzado por la actitud de los otros tres. Lily no paró de agradecerle y elogiarlo por su buena disposición, a pesar de que el rubio, un poco incomodo, le insistía en que no era nada. Cuando volvieron a la sala, el pirata y el loco reían y jugaban sentados junto al fuego, en cuanto al otro, parecía absorto en los objetos de la vitrina, pero Ian lo miró con detenimiento, y si su mentor observaba algo era más allá de aquellas cosas.
Eliott levantó la mirada y le sonrió, luego volviéndose al resto les pidió que tomaran asiento. Mientras se acomodaban, el manipulador del tiempo escudriñaba el falso fuego desde la cabecera de la mesa; Ian recordó esa actitud la primera vez que lo vio, creyó que se debía solo al tipo de vida de su mentor, pero ahora cientos de años después la volvía a ver en él, y en ninguno de los otros; era como si de pronto, pareciera increíblemente anciano y joven a la vez, sabio pero ingenuo, luminoso y oscuro… tenía un aspecto ¿Cómo definirlo? Milenario.
- Se que se preguntan porque los he buscado… porque los he reunido- comenzó a decir Eliott con voz suave, queda- No lo hice, como siempre hacía, cuando entró Ian al juego… ¿Por qué ahora?
- Porque nos quieres mucho y nos extrañabas- sugirió Fred.
- Si también, pero para eso solo bastaba visitarlos a cada uno- contestó con una sonrisa divertida, y continuó antes de que el chico pudiera agregar algo más- aunque claro, se que dirás que quería verlos como “familia”… chicos, hace tiempo que hay un pequeño problema; en realidad siempre ha existido, pero… no permitiré que vuelva a ocurrir.
Un silencio preocupado reinaba en la sala, un silencio agobiante, aunque era claro que nadie comprendía que quería decir Eliott, a pesar de ello nadie rompió el silencio.
- Si no fuera necesario no los hubiera molestado, es mi deber quitar las espinas, pero no puedo solo. Además por su seguridad es mejor que sepan lo que sucede, deben entender esta advertencia… es hora que extirpemos esta mala hierba que ensucia el campo.
- Dices que siempre ha existido… entonces ¿Qué ha cambiado ahora? ¿Cuan grave es que recurres y reconoces que se te ha ido de las manos?
- En realidad, subestimé estúpidamente el problema… pero para que entiendan es necesario que les explique como comenzó esto. Solo les pido que no me interrumpan, no es fácil recordar claramente algo que hace tanto tiempo quedó guardado en mi mente; nunca antes la he contado, y ahora escucharan tal cual me fue contada la historia de nuestro comienzo…

|| Las 7 puertas || Capítulo 8

Lamentaciones
- A pesar de todo la eternidad es demasiado perpetua para comprenderla en mi mente y sentirla en mi ser- murmuró Eliott con una sonrisa irónica tras acabar su relato; había tratado de sintetizar los orígenes para no abrumarlos con demasiados detalles, solo contando el día crucial habían quedado tantas cosas por decir. En silencio, contemplando el tallado de la mesa se preguntaba si no habría sido mejor, extenderse más y así prepararlos para continuar… ¿Por qué tenía esa sensación de término? Estaba comportándose como aquel hombre que ve la muerte como algo inminente e inevitable. Riéndose de su estupidez su mente se relajó, como al humo molesto espantó sus recuerdos y los volvió a guardar, dejando su mente limpia y clara. Apoyo los codos en la mesa y su cabeza sobre sus manos entrelazadas, y con rostro inescrutable miró a sus compañeros, que cada uno en posiciones distintas permanecía absorto en sus pensamientos.
Fred parecía increíblemente tranquilo, echado sobre la mesa con los brazos cruzados y la cabeza apoyada, parecía mas bien presto a dormir, si no fuera por sus ojos, ahora turquesas que muy abiertos contemplaban al hombre que solo momentos antes hablaba, con aquella voz tan pausada y melodiosa, impregnada con un dramatismo que inconscientemente fluía cada vez que rememoraba algún echo.
Lilian por su parte, apoyaba su espalda en el respaldo y sus manos descansaban sobre los brazos de la silla, tenía en su rostro de niña plasmada la preocupación, con el ceño tenuemente fruncido y la boca tensa, mantenía la vista en la nada.
David se balanceaba en la silla, con los pies entrecruzados apoyados sobre la mesa, miraba el techo de la habitación con aire meditativo.
Barani, sentada correctamente en la silla, tenía sus manos enlazadas descansando en su regazo, su cabello suelto caía sobre su rostro que mantenía gacho con la mirada fija en sus manos, con la fijeza de aquel que mira sin ver.
Ian, apoyaba su cabeza en la palma de su mano derecha y miraba a Eliott, o eso se figuraba él; sus ojos se veían perturbados y su cara serena con ese aire de melancolía tan característico de él que se impregnaba hasta de su forma de andar estaba más acentuada de lo normal, a diferencia de los otros que reflexionaban a raíz del breve relato, el rubio parecía haberse sumergido en un mar de preguntas, interrogantes que surgen al entender ciertas cosas, la curiosidad de indagar más, el significado de todo aquello y por supuesto el siempre incierto futuro.
Entretenido, tratando de adivinar en que enmarañadas cavilaciones se encontraba atrapado el menor de los presentes, descuido la vista de los otros que poco a poco volvían desde lo profundos de sus mentes para atender al presente.
- ¿Qué era esa ciudad?- preguntó Frederick de golpe, sobresaltando a Eliott que disimulo su respingo echándose en la silla.
- ¿Quién sabe? La verdad es que jamás lo supieron, lo más probable es que solo fuera una ilusión- respondió encogiéndose de hombros dando a entender la poca importancia que tenía ese asunto.
- ¿Vanidie destruyó la ciudad?- preguntó Lily en un tono que sonaba más a una afirmación que a una interrogante.
Eliott asintió suavemente con su cabeza, explicándole luego que unos tres siglos más tarde, el renegado volvió a su hogar, justo en un periodo en que los seis estaban separados y lejos de todas las ciudades; con trescientos años sobrevividos era lógico que había conseguido la eternidad de alguna forma, que él se inclinaba a creer que el bueno (con un tonillo que más bien quería decir idiota) de Ráfuez aplicó su poder sobre su amigo apartado también, hecho que desencadenaría su propia muerte.
- ¿Estás diciendo que Van asesinó a Ráfuez?- preguntó Barani.
Antes de que Eliott pudiera contestar afirmativamente la pregunta de su compañera, David exaltándose interrumpió pidiéndole, más bien exigiéndole, que dejara los rodeos, suficiente tiempo racionando la verdad, y por ultimo, que de una puta vez les dijera que mierda estaba pasando, que nadie dudaba que fuera grave y que por lo mismo no perdiera el tiempo.
Tamborileando con los dedos, el pirata espero ver el efecto que producían sus palabras, creyendo que el de ojos grises, lo increparía por su impaciencia, aludiendo con su bien dotada lengua la complejidad del asunto, no resumible en unas cuantas líneas, justificando su forma de entregar la verdad manifestando que de esta forma era más fácil comprenderla y asumirla o que bien era mejor para ellos tratar de deducir las cosas; después de todo si habían aguardado tanto tiempo que importaba esperar unas horas o unos días más.
Sin duda, el señor del tiempo era un tipo raro, pues tras mirarlo un rato con una extraña expresión suspiró, para luego decirle que tenía razón ¿había oído bien? ¿Le daba la razón? ¡Por el rey de los tritones! ¿O se viene algo muy malo o se le salió un tornillo a este burgués?
- ¿Nunca se detuvieron a pensar que si cada uno de ustedes comenzó a jugar este juego es porque la pieza anterior fue eliminada?
- Claro, pero hay muchas formas de ser eliminado- respondió David encogiéndose de hombros.
- Pues imaginen la peor eliminación, todas por la misma mano- agregó Eliott Fontenelle.
- ¿Quieres decir que Vanidie los mató a todos? ¡¿Cómo no lo detuvieron?!
- Cuando cayó Ráfuez y asumió ese macedonio tan guapo, no creyeron que volviera a ocurrir, y pasaron muchísimos siglos hasta que Van dio un nuevo golpe- se cayó de golpe como recordando algo, pero continuó de inmediato- y luego, simple, era su amigo, se negaban a creerlo y como nunca hubo pruebas concretas que lo acusaran… es cierto que a medida que fueron pasando los años debieron, debimos mas bien, hacer algo pero mientras quedó uno de los primigenios se respetó un poco la antigüedad… ah! ya sé que dirás bárbaro de los mares; y sabes bien que no lo creí posible, él la amaba.
Se interrumpió perturbado; Ian observó que parecía sorprendido de lo que acaba de decir, no como si fuera una verdad tan simple de la que no se había percatado sino de haber siquiera ¿mencionado a Zarepsena? El rostro de su mentor se volvió inescrutable, la misma apariencia arcana cuando hablaron de la caja de música.
Un incomodo silencio se hizo, Eliott clavó su mirada en la vitrina al otro extremo de la sala, perdido en la contemplación de los objetos en su interior, muchos regalados por él al lunático anfitrión, entretenido recordando la procedencia y lo vivido en ese entonces; pasados varios minutos, eternos y pesados, el de cabellos azabaches con voz baja, pausada y carente de toda emoción les mencionó lo esencial: Vanidie había matado, no solo en venganza por haberlo “abandonado” sino que de paso hacerse con el poder de sus amigos ¿como? Ni idea, pues hace solo un breve tiempo se había dado cuenta de ello; aunque jamás había tenido contacto con este extraño personaje, a pesar de ello sabía demasiado sobre él por lo que era evidente que se dirigía al único don que le faltaba, no porque los robados fueran insuficientes sino solo por la codicia del hombre vacío que abraza y abraza poder y posesiones para sentirse seguro y pleno superfluamente. Para luego, estúpido pero no por ello menos peligroso, alzarse como el único amo y señor de este mundo, abriendo las puertas de los otros mundos para crear el caos y la miseria, y que finalmente la gente acudiera a él proclamándolo el único dios verdadero…
- Espera, espera amigo… esto me suena a una mala historieta, película o novela ¿de donde sacaste esto hermano?- interrumpió el pirata, haciendo sonreír a su interlocutor.
- Esta bien, no lo se, pero todos los malos quieren lo mismo ¿o no? Este tiene los medios y no duden en que nos quitará de su camino. En resumen, tenemos contra nosotros un tipo que posee sin restricciones todos nuestros poderes y que ávido desea el don del séptimo de nosotros, y antes o después de asesinar al séptimo nos aniquilará a nosotros.
- Suficiente para mí... ahora ¿Por qué nos vamos a buscar a nuestro compañero faltante que nadie conoce a parte de tu? – pidió David bostezando a sus anchas.
- Todo a su tiempo, preocúpate primero de saber defenderte para cuando Van quiera eliminarte.
En ese momento un reloj comenzó a sonar, anunciando medianoche, instrumento que fue detenido de golpe por el señor del tiempo que detestaba los relojes. Barani los envió a dormir, todos se sometieron, el cansancio era evidente.
- Ayuda a que logren descansar, llena sus mentes de sueños bien lejos de la realidad y de sus temores por favor- le susurró Eliott a Fred agarrándolo del brazo cuando salieron todos, este asintió encantado y se unió a los otros.
La puerta se cerró, quedando a solas consigo mismo, se puso de pie para instalarse, acostado, en el diván junto a la chimenea eléctrica, con la mirada perdida no tardó en adormecerse, pero esta vez su sueño fue ligero y breve, a las pocas horas se desperezó, sentándose cómodamente en el sofá. Un tenue movimiento lo hizo volverse hacía la puerta que daba al balcón a la izquierda del fuego, una sombra permanecía apoyada en la baranda, siendo agitada por el frío viento de la noche.
- Una noche idéntica a la que vivieron esos siete- murmuró Eliott ubicándose al lado de Ian contemplando el cielo sin luna.
Hay personas que tienen un grado de entendimiento que excede el lenguaje, Eliott comprendía a su compañero sin necesidad de palabras, no así en sentido inverso; pero aunque a veces Ian Wordsworth no comprendiera a su mentor, podía pasar horas a su lado sin incomodarse, sintiendo luego que habían tenido la mejor de las conversaciones o en otras solo gozando de su compañía. Esta era una de esos momentos, durante un lapso de tiempo más bien largo, permanecieron contemplando la playa, el barco por el que hace poco surcaban los mares y, el infinito y majestuoso mar.
- ¿Así que griego eh?- dijo Ian sin alterar su postura.
- En efecto, bajo el cielo griego nací, en la región de Macedonia.
El más joven no pudo evitar acordarse de Alejandro Magno, uno de los conquistadores más grande de todos los tiempos. Tras escuchar el comentario su mentor se rió, con esas carcajadas tan sinceras que contagiaban alegría.
- Grande fue, atractivo, fuerte, inteligente e hijo de rey ¿Qué cosa no se le concedió a este hombre? Una vida demasiado larga sin duda, no así a su hermano menor que aún disfruta el mundo- contestó con esa chispa que bailaba con frecuencia en sus ojos de plata azulada.
Ian perdió por completo la compostura y su rostro sereno se transformó en uno de profundo asombro. Su mentor, era el segundo y último hijo de Filipo I, rey de Macedonia y hermano del hombre que formó el imperio más grande hasta entonces conocido, brillante carrera que se perdió con la inesperada y apresurada muerte del joven Alejandro. Asistió a la misma educación que su hermano, pero el destino ya los había separado, pues su hermano sería el rey de Macedonia y a él, le aguardaba un futuro en “servicio del mundo”, esas fueron las palabras utilizadas por el oráculo, para referirse la eterna misión a la que sería atado muy pronto. Por razones de seguridad, luego de morir Filipo y de que los dos hijos tomaran sus papeles en el juego de la vida, la existencia del segundo fue borrada de todas las mentes; fue así como Alejandro dejó de tener hermano para el mundo. Aunque la única persona que conservó su mente intacta fue el mismísimo conquistador macedonio, que muchas veces durante su magna empresa se encontró a solas con su querido hermano y fue aconsejado por este como enviado de los dioses. Lástima que no dejaron apartar el amargo cáliz de la boca de su bienamado hermano mayor; dejándolo prontamente solo en el único mundo que conocía.
- ¿Hablas en serio o esto te lo acabas de inventar?- preguntó confuso.
- Claro que es verdad, como voy a inventar algo así- dijo riendo ¿Era ironía lo que había en su voz risueña?
Bueno, no cambiaba nada si era o no hermano de Alejandro, de Pedro o de Felipe; había otro asunto que ocupaba su mente, y Eliott lo percibió indicándole como siempre que podía preguntar, pero no podía decidirse, miraba a su mentor y temía su reacción, sobretodo no quería hacerlo recordar cosas dolorosas. Así como aquel sujeto se afanaba tanto en alejar su mente los pensamientos y recuerdos que le hacían daño él iba a pagar la dedicación hurgando en su herida. Su maestro lo conocía bien, pues tras un suspiró decidió iniciar él la conversación.
- Quieres hablar sobre ella- eso sin duda, no era una pregunta- Pues he de decir que jamás he conocido ni conoceré mujer igual. ¿Si el amor es eterno? Lo es, tengo la certeza, creo que dos milenios no son prueba suficiente de la profundidad de nuestro querer.- sonrió- se que a algunos les parece estúpido y poco varonil hablar así, pero con tanto tiempo te das cuenta que no tiene nada de mamón afirmar que le fui fiel, bueno, relativamente fiel pero siempre leal… Vanidie la amaba también, supongo que en secreto me odiaba y envidiaba, pero jamás se me acercó y yo creí que con Fred acababa el tormento, nadie pensó que mataría a la persona que provocaba el único sentimiento noble; ella era el único vestigio de humanidad que le quedaba y cuando ella… entonces, perdió también su alma.
Ian comprendió entonces porque su mentor sentía que el asunto se le iba de las manos, su enemigo era demasiado poderoso, no lo conocía y aunque no lo reconociera temía por la vida de ellos, lo que no entendía era porque ahora.
- Ven conmigo muchacho- dijo llevándolo hasta la vitrina de la sala donde habían estado hace un rato atrás. Allí le enseñó una serie de objetos, curiosos y maravillosos, de variadas lugares y épocas. Entre ellas, un casco espartano, su casco. Dentro de su existencia, cumpliendo muchos más que Cristo, se hizo espartano, llegando hasta la ancianidad de tres décadas-toda una hazaña- sirviendo, sin trampas, a Esparta. Un poco excitado contempló el casco, se lo colocó y luego lo devolvió a su sitio.
- Las otras muchas cosas están en mi casa- murmuró mirando un sable oriental, con una media sonrisa- Cuando llevas tanto tiempo viviendo, debes tratar a toda costa de mantenerte activo, de romper la monotonía, sino esta terminará por matarte; he pasado varios años de mi vida en un estado de hibernación; pero muchos más recorriendo y probando todo lo existente- lo miró y rió maliciosamente- cuando digo todo, es todo. Hasta ahora tu lo has llevado muy bien, diría que mejor que yo en ese entonces.
Ian sonrió al oír el cumplido, no se lo creía, pero agradeció como siempre la buena voluntad de su compañero, que continuaba monologando sobre lo mucho que le sorprendía por ejemplo, que Barani permaneciera en el mismo sitio durante tanto tiempo, abandonando su hogar solo cuando la arrastraba fuera; y que él mismo, había estado un largo periodo viviendo en su pequeño castillo, hizo una pausa mirándolo escrutadoramente.
- ¿Como ha estado tu mente?- preguntó
Ahora que lo mencionaba, porque ni siquiera se había percatado de ese punto que tanto fastidiaba su tranquilidad, que sus pensamientos, siempre incesantes se habían mantenido lejos de sus recuerdos, de echo, lo único que estaba en su mente era el presente; no recordando nada antes de estar ya metido en este embrollo, tuvo miedo de mirar hacia atrás, de intentar encontrar algo, una extraña agitación había en su corazón deteniendo el impulso de curiosidad que comenzaba a nacer y lo movía a rememorar.
- No, no recuerdo nada, o sea aquello que no recuerdo cuando intento traerlo a mi, mi corazón se acelera y desisto de mi intento.
- Te prometí que te ayudaría- murmuró Eliott sonriendo aliviado.
Un fugaz vislumbramiento de su mente perturbada y de la ayuda ofrecida por su mentor, luego la actual paz de su alma fueron suficientes para emocionar al chico de ojos ambarinos que obedeciendo, como nunca a un impulso, abrazó a su maestro con fuerza murmurando palabras de agradecimiento. Con un gesto más bien paternal el otro puso su mano en la nuca de Ian.
- Vamos a dormir, que mañana nadie tendrá respeto por nuestro poco descanso.


- Bien, es hora de hacer ejercicio- dijo de pronto David desemperezándose y parándose del sillón donde llevaba todo el día tendido. El crepúsculo con su hermosa gama de colores entraba por el tragaluz del techo de la habitación circular donde estaba el pirata, Ian y Eliott, estos últimos jugando ajedrez.
- Jaque Mate- dijo Eliott matando al rey blanco con demasiada presunción- Tienes razón, piratilla ¿nos marchamos?
- Te advierto que si quieres gozar de mi maravillosa compañía tendrás que pagar mis consumos, porque soy un pobre hombre sin una moneda que gastar.
- Solo por esta vez, asqueroso embustero- contestó con fingido desprecio- ¿nos acompañas?
- Claro que nos acompaña, venga, deja que el tío David te enseñe como se comporta un hombre de verdad- interrumpió el pirata rodeando con su brazo a Ian, empujándolo, fuera de la sala y luego hacía la salida- Nos vamos, hasta mañana.- anunció antes de salir a la calle sin soltar a su presa.
Eliott les dio alcance, tras tener una breve conversación con la morena. Caminaron por un sendero de tierra, y tras una curva, abrieron una pequeña reja, y luego ante ellos se desplegaba una ciudad que cesaba sus actividades; Ian se volvió para ver la casa que acababan de abandonar, pero ni siquiera encontró la reja recién atravesada, una ilusión mantenía el mundo de Fred apartado de la curiosidad del hombre. Se dirigieron al sur, donde recién comenzaba a abrirse los locales, el barrio bohemio les abría las puertas. Haciendo incluso más estruendo que su maestro, David fue recorriendo en el transcurso de la noche local tras local, seguido de Eliott que se le equiparaba pero con mucha más elegancia y dignidad, estos bohemios reían de todas las bromas y aceptaban sin demasiados miramientos lo que les ofrecían; cada vez que abandonaban una taberna o una casa de señoritas, Ian veía al de ojos grises entregar una buena cantidad de dinero, que dejaban mas que contentos a los dueños que los atendían con mucha empeño invitándolos a volver pronto. Los siguió durante toda la noche, un poco apartado, participando de vez en cuando; admirado de la resistencia de los otros dos, al poco rato ya se sentía mareado.
Cuando por fin, temprano en la mañana, Eliott le indico a Ian que volverían a casa, agarraron al bulto que era a esa altura David, y cargaron con él hasta el hogar de Fred; demasiado borracho para estar conciente y menos para mantenerse en pie, fue necesario arrastrarlo hasta una cama para que el descanso lo volviera a la vida. Luego, cansado, mareado y extenuado, Ian se tiró en la otra cama de la habitación, durmiéndose de inmediato. Eliott no perturbó el descanso de sus dos compañeros de farra y él mismo se encerró en una habitación a dormir, en la cual pronto recibiría la visita de una pequeña pelirroja que indiferente con su cansancio lo despertaría para conversar.
Ian despertó horas mas tarde, bastante despejado y de buen humor, salió de la pieza en silencio para no molestar a su compañero que aún roncaba, realmente aunque hubiese tocado batería en su oreja David no hubiese despertado.
Fue a recibir el sol, afuera había un día hermoso y caluroso, de pie en medio de un pequeño prado cerró los ojos sintiendo el calor del astro mayor y la tranquilidad que se respira cuando la mente y el corazón están en calma. El saludo de una voz femenina que no reconoció lo hizo abrir los ojos y mirar a la persona que sonreía frente a él. Una muchacha de unos dieciocho años, cabello rojo fuego, sus rizos parecían absorber los rayos del sol que caían con gracia sobre su espalda, sus ojos de un claro celeste con unas pestañas largas y crespas; su rostro en forma de corazón, con una frente amplia, de pómulos altos y labios si bien delgados, bien formados, aún conservaban la redondez de la infancia. No era muy alta, no debía siquiera alcanzar el metro sesenta, pero poseía una figura esbelta y delgada, al ser tan finita daba la impresión de una gran fragilidad y la inocencia de su rostro, la pureza de su mirada le hicieron recordar los retratos de la virgen María.
- ¿a que no es una muchachita preciosa?- dijo la voz de su maestro mirándolo divertido, apoyado en un árbol un poco más adelante.
- Hey crío, quita ya esa cara de idiota que ya estas babeando- dijo David saliendo afuera con la boca llena de fruta. Ian le dirigió una mirada de pocos amigos, una cara poco habitual en él que hizo reír a la chica.
- Lilian… estas tan…- comenzó a decir el rubio mirándola con una suave sonrisa en los labios.
- ¿Tan más grande?- intervino David.
- Tan hermosa- continuó, ignorando por completo al otro. Lilian se ruborizó encantadoramente.
- Y así planea conquistarla, mediocre manera de seducir- murmuró el pirata para sí en voz demasiado alta. Acto seguido, Eliott lo agarró de un brazo y lo arrastró adentró cerrando la puerta tras sí. Al parecer, la embriaguez aún no abandonaba al dueño de los mares. Un minuto después un sonido de agua, luego un rosario de improperios por parte de Eliott, seguido del sonido de cristales rotos por el azotamiento de un fuerte viento, después el grito de Fred por su vitral roto, finalmente la voz de Barani llamando al orden.
- Esto es un manicomio- murmuró Ian, volviéndose por fin hacía su compañera.- ¿Esto era lo que le pedías a Eliott?
- Si, a veces me cansa ser siempre una niña… y esto es lo más que conseguiré.
- Así estás bien- declaró sin pensarlo.
Sin poder evitar seguir ruborizada ante aquel joven que la ponía tan nerviosa, debatía en su mente sobre si hacer aquello que deseaba desde que lo vio en el orfanato San José, hace ya meses atrás.
- ¿Qué pasa?- preguntó notando su turbación, ella lo miró, transmitiéndole la misma sensación que cuando la vio aquel día, por último lo abrazó, él imito el gesto con ternura, sin entender bien el motivo de la acción.
Pasados un par de minutos, o eso le pareció a Ian, la chica se apartó y con una gran sonrisa le dijo que entraran a merendar; efectivamente los demás ya estaban instalados en el comedor. Mientras comían, bastantes silenciosos debido al hambre, pero de un buen humor que se transmitía. Ian tuvo una sensación de familiaridad que no recordaba haber sentido, miró a sus compañeros comprendiendo de pronto que ellos eran su familia, o lo más parecido a ello que jamás tendría, sonrió para si, era más de lo que deseaba.
- Estaba pensando- comenzó a decir Lilian, un comentario venenoso afloraba en la boca de David, pero ella lo cortó con una mirada poco amigable- que necesito ropa, urgente, no puedo disponer del armario de Barani.
- Estoy de acuerdo- dijo David sorprendiendo a la colorida- tu cuerpo no se compara al de esta bella mujer- sentenció dedicándole una sonrisa a la morena.
Lilian se puso de pie, roja de furia, pero Eliott alzó la mano para frenar su agravio.
- Muy bien Lily, acaba tu merienda y saldremos a colmarte de atavíos- indicó con esa voz suave, profunda y sensual que poseía. – Ian, acompáñanos, sé que tienes buen gusto.
Ian asintió, en realidad el hombre de los gustos exquisitos era él, su maestro, pero atajó la indirecta, que eligiera la ropa para esa guapa señorita a su derecha que por debajo de la mesa buscaba su mano. Se preguntó si durante la salida, no tendría un extravío casual y no planeado para dejarlos solo. A por Dios, quizás estaba siendo demasiado pretencioso, quizás era eso lo que deseaba, lo que necesitaba y le hacía falta. Miró a la muchacha, definitivamente, era encantadora, perfecta, porque no arriesgarse a iniciar algo con ella, la felicidad esta reservada para todos los hombres, y desde siempre que esta había sido esquiva con él, pero ahora era su turno de estar en paz, ahora a él le tocaba sonreír.
Salieron de inmediato, el sol brillaba aún en el cielo con intensidad, en aquel lugar el clima era muy cambiante, ilusoriamente versátil. Esta vez, se dirigieron al oeste, el barrio comercial, la chica parecía encantada con todo, emocionada de dejar la ropa de niña y poder lucir como mujer, no podía quitar la sonrisa de sus labios al verla tomar con euforia la ropa, correr al probador, luego pedir la opinión de los varones para después saltando de alegría salir con las bolsas, sin antes darle un beso en la mejilla agradeciendo a Eliott la benevolencia con que la dejaba comprar y comprar, por su lado el benefactor celebraba y se contagiaba con la euforia de Lilian y lo invitaba una y otra vez a sumarse, sabiendo que la sonrisa era suficiente manifiesto viniendo de él, también capto las furtivas miradas que a veces le dirigía como espiando su reacción cuando contemplaba a la joven colorida, ¿este hombre sabía acaso más que ellos dos?
Cuando emprendieron el camino a casa, la noche ya se cernía sobre sus cabezas, y una sonrisa de luna iluminaba tenuemente las pocas calles sin alumbrado eléctrico. Lilian entonaba una canción, quien sabe de que época y origen, pero sin duda de una alegría que invitaba a la danza. Los dos hombres, un poco más atrás de la joven que daba saltitos y giros al caminar, la miraban divertidos, cargadas ambas manos con bolsas y cajas.
- Es guapa ¿no crees?- le dijo Eliott de pronto.
- Déjalo ya, si tan hermosa te pareces porque no…- le cortó en voz baja pero no por ellos menos cortante. Mientras estuvieron fuera su mentor no dejaba de insinuar cosas, ya a esta altura se había hartado.
- Muy bien, entonces no te molestaría que esta noche yo…
- ¡Hey! No te pases- Lo había conseguido, por la mirada que le dirigió y la risa posterior, supo que había triunfado. Ahora no pararía de molestarlo, de incitarlo a que fuera mas galán, mas atento, mas audaz, mas rápido. Estas eran las veces en que deseaba haber callado, al menos si hubiese sonado menos perturbado… La risa de su mentor, lo enfurruñaba cada vez más, pero se obligó a respirar con calma, después de todo no era para tanto.
Un grito ahogado lo hizo salir de sus pensamientos, al tiempo que las carcajadas de Eliott se interrumpieron bruscamente. Lilian era sujetada por un tipo corpulento, que con un revolver sobre la sien de la chica exigía a los caballeros no acercarse ni intervenir.
Un bufido despectivo dejó escapar Eliott, sin inmutarse se quedó quieto, erguido con altiveza y con cierta prestancia natural en él, levantando una ceja miraba con lástima al asaltante. Pero Ian no ponía atención más que al frente, a la respiración agitada de ella, al arma que se posaba sobre su cabeza.
- ¡Suéltame!- gritó Lily forcejeando con él, pero el tipo la sujetó con más fuerza, enterró con rudeza el arma en su sien y por último le dio una bofetada.
Como si fuera poco, al sentirla más dócil dejó caer su mano, recorriendo con morbo el cuerpo que tenía junto a él, al sentir el tacto la chica lo piso con fuerza y luego golpeó el brazo que sostenía el arma, una bala dio en el aire mientras Lilian se apartaba rápidamente de su agresor, pero este actuó con igual premura; sus manos no podrían agarrarla y detenerla, pero el revolver si. Una bala para hacerla caer, esa fue la intención del sujeto, disparando al brazo de su victima.
Ian no sabía la intención del hombre, solo vio como jalaba el gatillo y luego el cuerpo de Lily desplomarse. Y por primera vez, sintió en su interior el nacimiento de un pensamiento que jamás creyó crear, ni siquiera su padre- maldición, había despertado sus recuerdos, roto las cadenas que cerraban los baúles con su crudo pasado, que lentamente comenzaban a pintarse- lo había provocado: deseo fervientemente la muerte de aquel ser humano que en su estado de cólera no merecía vivir, ¡ojalá su corazón reventara!
- ¡Ian no!- exclamó la voz de Eliott tras él, al tiempo que frente a él, el hombre llevaba su mano sobre su pecho con los ojos desorbitados, lo miró con el aleteo de la muerte en su pupila, tosió con la boca llena de sangre y luego cayó al suelo, inerte, lejos ya de este mundo.
Algo se desgarró dentro de él, no físicamente, sino en su mente cuando comprendió más por instinto que por razón lo que había sucedido, sin llegar a entender como fue posible; en su alma, pues todo volvía a ser como antaño, volvía a realizar la misma macabra acción ¿acaso la anatema continuaba?; y en su corazón, el dolor de sentirse sucio, de creerse maldito. Sus piernas no eran capaces de sostenerlo y cayó de rodillas, apoyando sus manos en el piso sintió la angustia ascender hasta su garganta y sin poder evitarlo sus ojos se llenaron de lágrimas, lagrimas de dolor, frustración y desesperación. Su mente se volvió un torbellino donde el presente y el pasado se juntaban al azar, surgiendo con más intensidad los momentos tristes y tormentosos. Se había desatado una tempestad que lo tenía a la deriva y que lentamente lo hundía, si caía podía darse por acabado, pero las fuerzas lo abandonaban; estaba vencido, ahogado en su propio interior del que no podría salir por su voluntad.
Una mano amable se posó en su hombro, y su nombre fue pronunciado con afecto, despertándolo de su pesadilla, alzó la vista hacía los ojos grises que lo miraban con simpatía, unos cuantos segundos mirando aquella plata y las nubes se desvanecieron, siendo conciente nuevamente de donde se encontraba, todo estaba silencioso, las calles desocupadas como muertas. Y de pronto, su mente clara recordó lo recién sucedido, y con pánico preguntó por la colorina que ya no estaba. Fue tranquilizado de inmediato, Lilian estaba bien, descansando en casa. Pero la calma no llegó, pues de inmediato preguntó por el otro personaje de esa tragedia.
- Muerto-dijo sin preámbulos ni rodeos, la verdad con todas sus letras con tono indiferente.- supongo que no me queda más remedio que explicarte un par de cosas.
- ¿Explicarme un par de cosas?- dijo un poco crispado, sin falta de ironía en su voz- ¡Oh claro!, ahora que maté una persona con solo quererlo, porque eso es lo único que puedo entender, o que tengo un hada madrina que cumple todos mis deseos.
- Casi le has dado- bromeó Eliott ¿tenia esto algo de divertido?- no pongas esa cara hombre, ese bastardo se lo merecía, tarde o temprano pagaría por la vida que estaba llevando.
- ¡Pero no quería ser yo su juez! No pretendía ser su verdugo… además ¿Quién soy yo para decidir cuando, donde y como acabará su vida?
- Lo han decidido los hombres desde el principio de los tiempos, con mayor razón tu que has sido elegido para estar por sobre ellos… ¡si nos conocieran seriamos como dioses Ian! Tenemos el poder de hacer y deshacer, nos basta esto…- dijo chasqueando sus dedos- y cambiamos no solo una vida sino la historia misma.
Era increíble como él jamás había ambicionado, siquiera pensado aquello que su camarada le revelaba como una verdad simple y obvia. Pero más importante que ello, se obligó a apartar de sus pensamientos lo anterior para centrarse nuevamente en aquello fundamental que le preocupaba, la muerte de aquel hombre.
- Es evidente, ese es tu poder- fue la escueta respuesta, como una especie de venganza por haber interrumpido sus gloriosos pensamientos sobre el dominio mundial ¿el que quería proclamarse como dios supremo era Van o Eliott?
- ¡¿Qué tengo el poder de matar?!-exclamó horrorizado.
- No, claro que no- respondió haciéndole una seña para que se pusieran en marcha hacía la casa de Fred.- ¿Recuerdas lo que te dije sobre tus dominios?
Una explicación de días que al cabo de años seguía sin entender, demasiado complejo, demasiados dolores de cabezas, pero claro el recuerdo de la prevención: lo mejor es que no entres. ¿Qué recordaba sobre ello? Que era el origen de todo, el poder inicial, de donde provenía cada parte de este mundo, el origen de la vida y el fin de la misma, una de las tantas cosas que el hombre ha perseguido y sigue sin conseguir: la creación única de una criatura viva.
- Más o menos eso, pues el don que te fue dado es el de otorgar o quitar vida. – Contestó entonces Eliott- Por eso en el momento que ansiaste esa muerte, tu habilidad “despertó” con este resultado.
Por la expresión de su maestro dedujo que se reprochaba su decisión, es decir, no haberle explicado antes este punto y luego, dentro de lo posible entrenarlo para que esta clase de “accidentes” no ocurrieran.
Ya que era capaz de semejante hazaña podía reparar su error, pero el otro lo cortó diciéndole sensatamente que podía fallar nuevamente causando mas estragos, que por ahora se mantuviera al margen de hacer cualquier cosa, y que era urgentemente necesario que aprendiera a manejarlo, por lo que a la mañana siguiente iniciarían una especie de entrenamiento antes de ponerse en marcha. ¿A donde? a por el último de ellos, el desconocido séptimo.
El fatal error seguía turbando su mente, era injusto que aquel hombre, por desgraciado que fuese pagase por su incompetencia.
- Eliott, tu podrías volver atrás y evitar que yo matara al hombre…- musitó inseguro.
- Podría, sin duda- dijo con expresión ladina- Pero eso tenía que pasar para que te enteraras de…
- No obstante sabes que fue un error callar algo tan importante- le interrumpió sin pender la expresión serena, aunque en realidad comenzaba a hartarse.
- Como sea, no es correcto volver atrás y cambiar lo sucedido.
-¿Desde cuando te importa, cuando comenzaste a hacer lo correcto?- eso definitivamente desviaba el asunto, pero ya estaba dicho. Su compañero se paró en seco, se volvió para verlo, su silueta le pareció mas grande, quizás fuese solo producto del faro que derramaba su luz sobre el griego; la expresión altiva de su rostro espantó de golpe su enfado.
- Ese no es el punto niñito, no volveré atrás y punto, ese fue tu error, no tengo ningún motivo para reparar tu falta, de todas formas el tipo iba a morir pronto… su cáncer ya había echo metástasis.- la sorpresa era clara en el rostro de su inesperado discípulo, sentimiento que aprovechó para abrir la reja y seguir por el sendero que llevaba a la casa estrambótica.
- ¡Date prisa Ian! Lilian querrá una visita- le gritó antes de entrar en la casa.

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