Gatillante
Eliott cerró la puerta de un portazo, parecía molesto por decirlo menos.
- ¿Algo anda mal?- preguntó Ian tras casi impactar con él.
- Nada importante- respondió recuperando su actitud despreocupada de siempre. Siguió su camino- Ah por cierto, guarda tus cosas, nos vamos.
Ian miró a su mentor alejarse, maldición, siempre anunciaba los cambios con tanta indiferencia y tan a la ligera que tenía más lógica conversar con la muralla si no estabas de acuerdo. Aunque los tercos e insensatos abundan.
- ¿Por qué debemos hacerte caso?- objetaba a gritos el desaliñado pirata.
- Si no quieres no vengas... sabes bien que el avión no te esperará
- ¡¿Avión?!- exclamó con un tono casi histérico.- Muy bien, “Dios”, iré… pero en mi barco.
- Esta bien, si te dan miedo los pájaros de hierro- le dijo sin poder ocultar una sonrisa burlona.
- No es miedo estúpido- le interrumpió sin poder evitar sonrojarse- es solo que no dejaré a mi bebe abandonado.
Eliott rió y le aseguró que más tarde le daría el destino para que fijara su ruta. Así el grupo se dividió; Lilian, Ian y Eliott tomarían el avión y Fred con Barani acompañarían a David en su cruzada marítima.
En el aeropuerto, esperaban que su vuelo fuera anunciado para poder abordar, Eliott aburrido, entró a una tienda para comprar algo para beber, pero mientras decidía una escena llamó su atención. Ian extrañado siguió la mirada de su compañero encontrándose con que un niño mientras corría por la tienda chocó con un estante botando varios frascos de vidrio que yacían rotos desperdigados por el suelo, su madre le retaba fuera de sí, luego le dio una fuerte cachetada al niño que lloraba tocándose su mejilla hinchada. Ian se vio a si mismo en ese pequeño niño, y el dolor y la rabia lo embargaron, quiso detener a la madre que le daba el segundo golpe pero Eliott lo retuvo interponiendo su brazo, frustrado lo miró como quien mira a un loco, pero el rostro de su compañero era una mascara inescrutable.
- Señor, yo pago- dijo con voz fuerte llamando la atención no solo del vendedor sino de las demás personas que o contemplaban la triste escena o la ignoraban adrede.
Sin mirar la reacción que produjo en la madre, se acercó al mostrador y pagó, Ian no alcanzó a ver que cantidad, pero no recogió el vuelto; luego se volvió y acercándose al niño le tendió una bolsa de dulces.
- Buen viaje- le dijo sonriendo ampliamente, el niño se enjugó las lágrimas y sonrió.
Ian miró a la mujer, que roja no sabía si de vergüenza o de rabia contenida, o quizás ambas, miraba a Eliott alejarse sin saber si agradecer, golpearlo o que; no pudo reprimir una sonrisa. Tomó un jugo, pagó y abandonó la tienda luego de revolverle el pelo al chiquillo.
Cuando volvió al sitio donde esperaban con sus bolsos de mano se quedó no menos que sorprendido al ver a Fred allí con sus cosas y a Eliott sentado agarrándose la cabeza.
- ¿Qué acaso no me quieres?- le decía con voz temblorosa el desequilibrado.
- No se trata de cariños Fred… pero debías decirme que querías venir conmigo- respondió con su mentón apoyado en su mano empuñada.
- Es que en ese caso Barani no habría aceptado irse sola con David- contestó- era un pequeño favor para mi amigo.
Un silencio anonadado. La mirada incrédula de los tres. Eliott riendo a carcajadas. Los otros dos y Fred mirando al macedonio casi asustados.
- Me imagino la cara de Barani cuando descubra que…-pero no pudo continuar volviendo a reir- David es idiota... si en todos estos siglos ella no le ha dado…- más risas, suspiró ya adolorido de tanto reír- Me pregunto porque no le da una oportunidad, por insistencia se la ha ganado.
Ian miró a Lilian que puso los ojos en blanco y murmuró algo que sonó como: Idiota ciego.
- Volviendo a cosas importantes… ¿Qué quieres que haga? ¿Te meto de contrabando o veo si logro comprar un pasaje dos segundos antes de subirme al maldito avión?
Fred lo miró de forma extraña y acercándose a él, se tiró encima, Eliott lo agarró en brazos sin pensarlo, acto seguido el griego sostenía en sus brazos un montón de ropa arrugada.
- ¿Qué …?- preguntó Lily pero se interrumpió al ver surgir una pequeña mano entre el montón de ropas- ¡Un bebe!
- Debería habérmelo imaginado- murmuró Eliott despojando al bebe de la ropa demasiado grande para él. – Tenlo- le pidió a Lilian, ella tomó la criatura desnuda mientras el otro abría la maleta, sonreía y sacaba unas cuantas cosas.
Ian miró la maleta donde Frederick había empacado solo cosas para bebes. Observó divertido a su mentor poniendo con extraordinaria habilidad pañales y luego la ropa al bebe Fred.
- Ahora no paga el muy astuto- dijo envolviéndolo en una mantita y tomando el bolso de él- Ian, lleva mis cosas.
El rubio obedeció y siguió al inesperado papá. Las personas parecían enternecerse sobremanera cuando miraban a Eliott con el bebe. El otro no se quejaba y aprovechaba los beneficios que le traía el pequeño Fred. Cuando llevaban un par de horas de vuelo, Eliott murmuró un improperio.
- Fred te has excedido, es beneficio para los dos que seas un bebe pero podrías haberme avisado- le dijo levantándolo como quien alza un cachorro.
- ¿Qué sucede?- preguntó el rubio.
- ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Huele!- exclamó acercándole el pañal a la cara.
- Ya entendí…- respondió apartándose asqueado.
Eliott murmuró otros insultos ininteligibles y se paró con Fred. Lilian sofocaba una risa divertida, que se volvió en carcajada cuando “padre e hijo” se alejaron. Minutos después volvió con un bebe limpió.
- No lo vuelvas a hacer ¿me oíste?- le ordenó a Frederick en un susurró. El bebe emitió un sonido como asintiendo.
Caminaban con su equipaje rumbo al puerto más cercano, hacía un calor húmedo, pero la brisa marina hacía mas ligero soportar el clima. Ian miraba constantemente a Eliott, el cual parecía estar sumergido en un trance de éxtasis, su vista recorría los parajes como queriendo devorarlos, había añoranza, nostalgia y alegría en su mirada; sinceramente, el tenerlo al lado tan distraído lo ponía nervioso, provocando que estuviera más alerta, como si el peligro los aguardara en cada rincón, muy bien, estaba siendo un tanto paranoico; pero se sentía un tanto vulnerable ante territorio desconocido, con un destino ignorado y un enemigo poderoso y misterioso rodeado de una muchachita bonita y confiada, un hombre ausente y un bebe.
Fred seguía siendo una criatura a pesar de que hace bastante tiempo que habían abandonado el aeropuerto, y curiosamente Eliott no se quejaba, de hecho, parecía no darse cuenta de que tenía un bebe en brazos; ¡maldición! Parecía no darse cuenta de nada.
- Así que aquí vive nuestro compañero- le dijo tratando de despertarlo.
- No, este el lugar que irritantemente eligió para encontrarnos, vive lejos de aquí… en realidad es difícil determinar donde vive, pero aquí nunca- contestó mirándolo como si nada, como si nunca hubiese estado ido.
- ¿Entonces por qué aquí?- preguntó con curiosidad.
- No lo sé, supongo que solo es por una mala intención… aquí vivía yo.
- ¿Cuándo?- preguntó recordando que no se encontraban precisamente en Grecia ni en el territorio que antaño correspondió a Macedonia.
- Antes de tu llegada.- respondió lacónicamente.
Eso significaba solo una cosa, vivía allí con el amor de su vida, hasta que ella desapareció y decidió no pisar nunca más esa ciudad. Eliott tenía razón, era bastante retorcido pedirle que se encontrasen ahí, y más allá de eso no entendía porque, siendo tan impetuoso y avasallador, obedecía sin chistar. Ahora que recordaba, cuando vio a su mentor tan enfadado cerrando la puerta con poca delicadeza debió tratarse de eso, en la habitación no había nadie más que él ¿con quien sino discutía?. Suficiente, estaba viendo cosas donde no había, quizás estaba exagerando un poco el asunto; pero si algo sacaba al limpio de todo es que, sin conocerlo, su desconocido compañero no le agradaba, y más por precario instinto que por raciocinio se mantendría atento, algo turbio se estaba gestando, lo sabía con una certeza casi fanática, esta vez haría caso de sus presentimientos.
- ¡Hey! ¿Cómo estamos?- exclamó Eliott viendo aparecer a Barani.
- ¡¿Cómo se te ocurre dejarme sola con ese depravado?!- gritó plantándose frente a él- Porque supongo que fue idea tuya.
- Pues no, no lo fue- le contestó sonriente- aunque me causó mucha gracia.
- Entonces ¿Quién fue?- musitó- ¡Frederick! ¿Dónde esta ese lunático?
- Aquí- contestó Eliott tendiéndole el bebe que sostenía en brazos del cual la morena no se había percatado.
- Esta preciosura se fue todo el camino amurrada como niña pequeña- David acababa de bajar de su barco y arrastraba unos cuantos bolsos; su barco estaba desierto.- Freddy ocúltala… no quiero que nadie la toque.
El pirata miró al bebe, luego en dirección a su barco y sonrió, ya no estaba.
- Llévanos a casa patriarca- le dijo a Eliott- estoy cansado de todo esto.
Eliott acomodó nuevamente a Fred en sus brazos y encabezó la marcha a través de las agitadas calles de la ciudad hasta una casa bastante grande, a pesar de ser una edificación renacentista parecía recién construida, la vegetación no había invadido en ninguna zona, las paredes blancas se mantenían libres de enredaderas. Eliott franqueó la reja exterior seguido de los otros, el camino empedrado hasta la casa estaba limpio también, a cada lado el pasto se mantenía fresco y los rosales que adornaban el jardín estaban asombrosamente florecidos, las rosas impregnaban el ambiente con su dulce y suave olor. El griego sacó una llave de sus jeans y abrió la puerta, se detuvo un instante antes de entrar. Ian pensó en cuanto dolor le estaba causando aquello, lo comprendía pero no sabía como ayudarlo.
La casa estaba exquisitamente decorada, de inmediato se sentía el buen gusto femenino rematando cada una de las habitaciones.
Eliott llevó al bebe a una pequeña habitación, volviendo minutos más tarde con Fred adolescente.
- Estás más joven- recriminó David.
- Así quiero estar- contestó el otro con su cabello del color rubio ceniza.
- Ahora no podremos salir como antes, eres muy pequeño- gruñó el pirata.
- Arriba están las habitaciones, usen lo que sea están en su casa- dijo Eliott para luego salir de la casa.
Ian examinó la casa, el hall contenía una chimenea que ahora solo servía de decoración, unos cuantos sillones, un amplísimo sofá, un armario y una vitrina, todos elementos de época; pero incluso los muebles renacentistas eran recientes cuando ser acercó a examinar el contenido de la vitrina; vasijas, joyas, figuras de épocas olvidadas, pudo reconocer la procedencia de varias civilizaciones ancestrales, incluso de la lejana sumeria. Quizás entre todas esas cosas encontraba algo de la primera civilización.
Frente al hall había una muerta de roble tallada, similar a la puerta doble en la casa de Fred pero en miniatura y sin tanto detalle; franqueó el arco quedando frente a una habitación hexagonal, alta, parecida a una torre, solo que en todas sus murallas habían repisas repletas de libros; incluso en el suelo habían unos cuantos apilados, en una de las caras del hexágono sobresalía una escalera que conducía a la segunda planta de la biblioteca; los libros parecían igual de antiguos que el resto de las cosas, estaban escritos en todos los idiomas posibles, incluso en lenguas muertas. Trató se seguir el orden de los volúmenes pero no había relación entre autores, idiomas, temas, épocas ni alfabética; aún así era claro que el orden no era casual. En un rincón tomó un grueso volumen de la Biblia, por su tapa de cuero, la tipografía y las miniaturas que decoraban el libro era trabajo de monjes a mediados de la edad media. Unos pergaminos más allá, fabricación de papiros egipcios, confirmado por sus extraños caracteres más semejantes a dibujos que a letras. Fascinado siguió revisando uno que otro libro procurando mantener el orden, estaba extasiado, ese lugar era más rico que la biblioteca de Alejandría; sonrió, quizás algunos libros desaparecidos no fue consecuencia del fuego. Sorprendido, leyó pasajes de obras de célebres y sabios hombres de los cuales nunca se tuvo conocimiento de su existencia.
Tratando de controlarse decidió subir la escalera, el segundo piso de esa magna fuente de conocimientos era idéntica, con la diferencia que una de las caras del hexágono era un ventanal y frente a este había un escritorio.
Por un momento olvidó los libros y se acercó a la pequeña mesa, sobre esta había unos cuantos libros abiertos, pero en el centro había un cuaderno sobre este un lápiz, bastó mirar brevemente la hoja abierta para reconocer esa pulcra y sofisticada caligrafía. Sin saber bien por qué no se atrevió a leer las anotaciones de su mentor, una parte de él temía el conocimiento que pudiera haber entre esas hojas, mucho más profundo incluso que aquellas obras ocultas al conocimiento de la humanidad; y la otra parte no quería trastocar la confianza, invadiendo su privacidad, no podía prever de ninguna manera su reacción. Mas allá del cuaderno de notas, centró su atención en la forma en que estaban dispuestas las cosas, era como si hubiese estado trabajando y de pronto hubiese sido interrumpido trivialmente, eso explicaría porque no guardó sus cosas; tal vez fuera algo demasiado urgente, pero conociendo a su mentor, era mas probable que hubiese corrido con el cuaderno en su mano antes que dejarlo tirado allí; era claro que planeaba volver pronto, pero no lo hizo. Algo ocurrió que no pudo volver con prontitud, la muerte de ella, eso explicaría a su vez porque no volvió a pisar la biblioteca, ni la casa en consecuencia.
Volvió su vista a la biblioteca, tantos libros, pero ya tendría tiempo de revisarlos, si bien no todos, suficientes para dejarlo pensando por un siglo.
Salió de la biblioteca por la planta baja, la habitación contigua estaba cerrada, frente a ella estaba el baño y la escalera que conducía al segundo piso, más allá estaba la cocina, bastante grande, junto a una especie de lavadero; la cocina tenía un estilo particular que no logró identificar, era única; parecía que Eliott se hubiese esmerado en la construcción de una cocina hermosa, eso significaba que el lugar era importante para ella y que además cocinaba muy bien. Una pequeña puerta conducía a la terraza, pero no salió sino que entró en la última habitación del primer piso, el comedor; que contenía una puerta doble de vidrio que conducía al inmenso patio que se perdía entre los árboles.
Volvió a mirar el comedor, notando algo extraño, la casa tenía muchísimos cuadros, unos originales de pintores famosos y unos cuantos no menos bellos de su autoría, oh Dios, su mentor era un verdadero artista. Pero a pesar de los cuadros, las vitrinas con objetos milenarios, los libros valiosísimos y las armas que decoraban la sala de la escalera no había ni una sola fotografía. ¿Razón personal, mera casualidad o motivo estético?
Alguien tocó su hombro. Se volvió, allí estaba su pequeño sol escarlata, como el fuego hermosa y quizás también peligrosa, sonrió, en realidad así era, pues ya lo había abrazado por completo. Alejó de su mente sus cavilaciones, por un instante se sintió egoísta, pero se dijo que ya tendría tiempo de buscar una forma de ayudar a su mentor, por ahora la felicidad tocaba su puerta, no iba a desperdiciar ni un segundo, pues bien sabido tenia que las cosas buenas acaban pronto. Tomó la mano de la colorida y dejó que lo guiara.
En dos días habían vivido como en ensueño, Ian y Lilian solo tenían ojos para ellos; Fred estaba en un constante cambio de forma pero casi no salía de su pieza, quien sabe en que locura había transformado esa habitación, en realidad, nadie se atrevía a entrar. David parecía estar en hibernación, una vez al día se levantaba a comer junto a una botella de ron y luego se encerraba a dormir nuevamente, se le veía bastante huraño a pesar de que no pronunciaba ni una sola palabra. Barani se mantenía preocupada por el paradero del griego, que seguía sin aparecer.
Esa noche, pasada la media noche, comenzando el tercer día de su llegada a la ciudad, se oyeron ruidos y risas, pero ninguno averiguó su procedencia. Pero pasado el mediodía la morena subió y por el reguero de ropa que había en el pasillo del segundo piso supo que el desaparecido había vuelto a casa. Cuando Ian la vio recogiendo ropa, tuvo el presentimiento de que se acercaba una tormenta. Su primer impulso fue huir con Lilian pero luego de ver la expresión cansina de sus ojos prefirió acompañarla en el momento en que decidiera visitar al león. Barani lo miró y sin pronunciar palabra comprendió y agradeció su compañía con una sonrisa.
Dentro de la habitación parecía que un cataclismo hubiese revuelto todo por completo, Ian impidió que la morena se cayera al resbalar con… un sostén rojo. En la gran cama matrimonial que había al centro de la habitación estaba tendido, en medio, el griego; a su derecha habían dos rubias, la mas cercana lo abrazaba y la otra mantenía entrelazada la mano del hombre; por el otro lado había un trigueña verdaderamente despampanante que quedaba en medio del abrazo con el que la negra lo mantenía sujeto; a los pies había otro bulto que Ian no alcanzó a distinguir y durmiendo sobre Eliott, apoyada en el pecho había una muchachita menuda de cabello rojo oscuro que se veía bastante joven, o quizás era el contraste por estar rodeada de esas tremendas mujeres.
Ian miró de soslayo a su compañera, y por su forma de respirar era evidente que estaba furibunda, dio un paso al lado un poco asustado. Ella se acercó y despertó bruscamente a una de las rubias.
-Se acabo la fiesta, váyanse- le dijo con sarcástico tono amable.
La rubia sorprendida obedeció asustada vistiéndose a toda prisa y diciéndole a su compañera que la imitara.
- La novia está un poco enojada… murmuró por lo bajo una de ellas.
Ian sonrió y se hizo a un lado para dejarlas marchar. Barani repitió lo mismo con la que estaba a los pies y la negra que se resistió un poco más a obedecer, pero había algo homicida en los ojos de la morena que hacía difícil el resistirse.
Pero cuando despertó a la trigueña esta se negó a obedecer, quería una más al menos.
- No terminaré así mi mejor noche- le dijo volviendo a acurrucarse.
- Muévete o te muevo- fue el ultimátum.
Como respuesta, bastante provocadora por cierto, la trigueña se incorporó para besar al griego que murmuró algo en sueños.
Barani a su vez la sujetó del pelo y la lanzó al suelo, la otra se incorporó furiosa y le dio una cachetada. Ian sobresaltado se dio cuenta que el asunto estaba tomando un matiz bastante desagradable y fue a detener a las leonas que peleaban por ese macho que ni cuenta se daba de lo que sucedía a su alrededor.
- Suficiente- dijo poniéndose en medio pero no le hicieron ningún caso. Al menos hubo una pequeña tregua donde solo se insultaron a gritos y en varios idiomas.
- ¿Qué sucede?- dijo la muchachita despertando.
- Tu sal de ahí- gritaron al unísono las dos mujeres.
- Peleen ustedes, el se queda conmigo- dijo volviendo a su lugar.
Ahora el escándalo fue entre las tres consiguiendo despertar a Eliott, que miró en principio adormilado, luego confundido para pasar a una cara de sorpresa o más bien horror.
- Tranquilas, si yo alcanzo para todas- dijo en tono alegre y conciliador.
Ian puso los ojos en blanco, que manera de aplacarlas, exasperado tomó en brazos a Barani y la apartó, la soltó y la miró con rudeza.
- Barani ¿Qué es esto? ¿Cómo te sometes a semejante bajeza?- le recriminó en voz baja para que solo ella lo oyera.
Inmediatamente se calmó y un intenso rubor la cubrió. Ian la dejó ahí y fue a separar a las otras dos mujeres, Eliott había reído un par de minutos y ahora se había acostado tapándose la cabeza con la almohada.
- Suficiente, vístanse y váyanse las dos- ordenó separándolas con brusquedad, ellas obedecieron sin antes dejarles sus teléfonos en la mesa al otro.- y tú, tápate.
Eliott sin abrir los ojos se puso unos pantalones. Ian suspiró y se alejó.
- Todo tuyo- le dijo a Barani antes de salir cerrando la puerta.
Barani volvió la vista hacia Eliott, este alzó su rostro y de repente palideciendo corrió al baño dentro del amplio dormitorio y cerró la puerta de un manotón.
Ella aguardó quieta, cerró los ojos pues a donde miraba había ropa, botellas y quizás que cosas que no deseaba averiguar. El de pelo negro gruñó volviendo a sentarse al borde de la cama sujetándose la cara con sus manos.
-Estas ebrio- afirmó
-Ojala- ella lo miró alzando una ceja-... solo fuera eso.
Por primera vez lo miró con detenimiento, con cinco síntomas dejó de buscar, estaba más que confirmado
- Estas drogado- gimió. Estaba horriblemente dopado.
Él rió hilarante pero no contestó, con una sonrisa bobalicona parecía mirarla, pero su mirada estaba ausente.
- No hagas esto... ¡Eliott por Dios!- exclamó agarrándose la cabeza con frustración.
- Hey…- la llamó
Barani se había apartado apoyándose en la muralla. Él volvió a llamarla, pero al ver que permanecía inmóvil sin mirarlo, se situó frente a ella y la atrajo hacía si, se apartó del muro pero no dejó que la envolviera en un abrazo. Eliott tomó su rostro en forma de corazón de la morena entre sus manos temblorosas por el exceso de toxinas.
-No quiero que te comportes así- le dijo.
Barani no podía creer que la reprimenda fuera para ella ¿Cómo podía tener el descaro...? no comprendía a que venía todo eso.
- Esas son unas cualquieras-
Ahora entendía, era por la pelea. Sintió la rabia emerger de su interior casi como algo físico, abrió la boca para replicar pero el griego continuó.
-Eres una buena chica, no quiero que hagas estas cosas, no te rebajes ¿si?
- Pero...tu...-
-No entiendo que te preocupa, pero aunque sea por mi bien...- sonrió- te lo agradezco pero no te ensucies con la mierda en que estoy metido, no me gusta.
- A mí tampoco me gusta que te revientes así. Replicó con voz débil sin apartar la mirada de esos enrojecidos ojos gris metálico.
- Estoy jodido, soy un asco, mi condena ya esta firmada. Suficiente es que convivas con esta escoria- masculló señalándose- no quiero manchar esa blanca alma.
- No es tan blanca- susurró con una sonrisa pícara.
- A que si, primor- coincidió riendo entre dientes apoyando luego sus labios en su cuello- My beaty queen
Barani lo empujó y le dio la espalda para que no viera su rostro conmocionado, ruborizado y demasiado feliz.
- Vete a dormir-
Eliott rió nuevamente y se acercó a su cama pero la chica lo detuvo, exclamando que eso estaba insalubre, no podía dormir allí.
-En ese caso me voy a tu habitación- sin esperar respuesta se fue al cuarto de Barani dando tumbos.
Barani entró minutos más tarde. Estaba tirado en diagonal en la cama con la mitad del cuerpo colgando. Se acercó y lo subió no sin esfuerzo a la cama. Cuando estuvo acomodado besó su mejilla, besada infinidad de veces por las otras chicas, salpicada de alcohol y sudor; le apartó la maraña de pelo del rostro y deseándole buen descanso salió.
- Tanto que entregas sin recibir- dijo con resentimiento el pirata cuando la vio salir.
- David- fue toda su respuesta. El susodicho estaba de brazos cruzados apoyado en la pared.
- Y a mi que con tanto esfuerzo trato de complacerte ni un abrazo.
- Cuando seas un caballero- contestó bromeando, sin captar que esta vez el señor de los mares hablaba en serio.
- Este desgraciado llega drogado, ebrio, ensucia y rompe todo a su paso, hace escándalos dignos de Enrique VIII y lo aceptas igual. ¡Hasta limpias el caos que deja tras sus orgías!...yo solo quiero un poco de cariño.
-¡Dave!- exclamó la mujer enternecida, se acercó y lo abrazó- sabes que te quiero, pero no caeré en tus juegos de lujuria.
- ¿Por qué no?- preguntó volviendo a ser el de siempre.
-Eres imposible. Respondió alejándose.
David la vio desparecer escaleras abajo y volvió su vista a la puerta donde descansaba el griego.
- El infierno es un lugar muy feo, amigo. Te juro que cuando llegue tu hora desearás nunca haberme elegido...
El pirata abandonó la casa, buscando un objetivo que se había trazado limpia y claramente en su mente, y para su total sorpresa y deleite, la respuesta fue a su encuentro.

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