jueves, 31 de julio de 2008

|| Las 7 puertas || Capítulo 8

Lamentaciones
- A pesar de todo la eternidad es demasiado perpetua para comprenderla en mi mente y sentirla en mi ser- murmuró Eliott con una sonrisa irónica tras acabar su relato; había tratado de sintetizar los orígenes para no abrumarlos con demasiados detalles, solo contando el día crucial habían quedado tantas cosas por decir. En silencio, contemplando el tallado de la mesa se preguntaba si no habría sido mejor, extenderse más y así prepararlos para continuar… ¿Por qué tenía esa sensación de término? Estaba comportándose como aquel hombre que ve la muerte como algo inminente e inevitable. Riéndose de su estupidez su mente se relajó, como al humo molesto espantó sus recuerdos y los volvió a guardar, dejando su mente limpia y clara. Apoyo los codos en la mesa y su cabeza sobre sus manos entrelazadas, y con rostro inescrutable miró a sus compañeros, que cada uno en posiciones distintas permanecía absorto en sus pensamientos.
Fred parecía increíblemente tranquilo, echado sobre la mesa con los brazos cruzados y la cabeza apoyada, parecía mas bien presto a dormir, si no fuera por sus ojos, ahora turquesas que muy abiertos contemplaban al hombre que solo momentos antes hablaba, con aquella voz tan pausada y melodiosa, impregnada con un dramatismo que inconscientemente fluía cada vez que rememoraba algún echo.
Lilian por su parte, apoyaba su espalda en el respaldo y sus manos descansaban sobre los brazos de la silla, tenía en su rostro de niña plasmada la preocupación, con el ceño tenuemente fruncido y la boca tensa, mantenía la vista en la nada.
David se balanceaba en la silla, con los pies entrecruzados apoyados sobre la mesa, miraba el techo de la habitación con aire meditativo.
Barani, sentada correctamente en la silla, tenía sus manos enlazadas descansando en su regazo, su cabello suelto caía sobre su rostro que mantenía gacho con la mirada fija en sus manos, con la fijeza de aquel que mira sin ver.
Ian, apoyaba su cabeza en la palma de su mano derecha y miraba a Eliott, o eso se figuraba él; sus ojos se veían perturbados y su cara serena con ese aire de melancolía tan característico de él que se impregnaba hasta de su forma de andar estaba más acentuada de lo normal, a diferencia de los otros que reflexionaban a raíz del breve relato, el rubio parecía haberse sumergido en un mar de preguntas, interrogantes que surgen al entender ciertas cosas, la curiosidad de indagar más, el significado de todo aquello y por supuesto el siempre incierto futuro.
Entretenido, tratando de adivinar en que enmarañadas cavilaciones se encontraba atrapado el menor de los presentes, descuido la vista de los otros que poco a poco volvían desde lo profundos de sus mentes para atender al presente.
- ¿Qué era esa ciudad?- preguntó Frederick de golpe, sobresaltando a Eliott que disimulo su respingo echándose en la silla.
- ¿Quién sabe? La verdad es que jamás lo supieron, lo más probable es que solo fuera una ilusión- respondió encogiéndose de hombros dando a entender la poca importancia que tenía ese asunto.
- ¿Vanidie destruyó la ciudad?- preguntó Lily en un tono que sonaba más a una afirmación que a una interrogante.
Eliott asintió suavemente con su cabeza, explicándole luego que unos tres siglos más tarde, el renegado volvió a su hogar, justo en un periodo en que los seis estaban separados y lejos de todas las ciudades; con trescientos años sobrevividos era lógico que había conseguido la eternidad de alguna forma, que él se inclinaba a creer que el bueno (con un tonillo que más bien quería decir idiota) de Ráfuez aplicó su poder sobre su amigo apartado también, hecho que desencadenaría su propia muerte.
- ¿Estás diciendo que Van asesinó a Ráfuez?- preguntó Barani.
Antes de que Eliott pudiera contestar afirmativamente la pregunta de su compañera, David exaltándose interrumpió pidiéndole, más bien exigiéndole, que dejara los rodeos, suficiente tiempo racionando la verdad, y por ultimo, que de una puta vez les dijera que mierda estaba pasando, que nadie dudaba que fuera grave y que por lo mismo no perdiera el tiempo.
Tamborileando con los dedos, el pirata espero ver el efecto que producían sus palabras, creyendo que el de ojos grises, lo increparía por su impaciencia, aludiendo con su bien dotada lengua la complejidad del asunto, no resumible en unas cuantas líneas, justificando su forma de entregar la verdad manifestando que de esta forma era más fácil comprenderla y asumirla o que bien era mejor para ellos tratar de deducir las cosas; después de todo si habían aguardado tanto tiempo que importaba esperar unas horas o unos días más.
Sin duda, el señor del tiempo era un tipo raro, pues tras mirarlo un rato con una extraña expresión suspiró, para luego decirle que tenía razón ¿había oído bien? ¿Le daba la razón? ¡Por el rey de los tritones! ¿O se viene algo muy malo o se le salió un tornillo a este burgués?
- ¿Nunca se detuvieron a pensar que si cada uno de ustedes comenzó a jugar este juego es porque la pieza anterior fue eliminada?
- Claro, pero hay muchas formas de ser eliminado- respondió David encogiéndose de hombros.
- Pues imaginen la peor eliminación, todas por la misma mano- agregó Eliott Fontenelle.
- ¿Quieres decir que Vanidie los mató a todos? ¡¿Cómo no lo detuvieron?!
- Cuando cayó Ráfuez y asumió ese macedonio tan guapo, no creyeron que volviera a ocurrir, y pasaron muchísimos siglos hasta que Van dio un nuevo golpe- se cayó de golpe como recordando algo, pero continuó de inmediato- y luego, simple, era su amigo, se negaban a creerlo y como nunca hubo pruebas concretas que lo acusaran… es cierto que a medida que fueron pasando los años debieron, debimos mas bien, hacer algo pero mientras quedó uno de los primigenios se respetó un poco la antigüedad… ah! ya sé que dirás bárbaro de los mares; y sabes bien que no lo creí posible, él la amaba.
Se interrumpió perturbado; Ian observó que parecía sorprendido de lo que acaba de decir, no como si fuera una verdad tan simple de la que no se había percatado sino de haber siquiera ¿mencionado a Zarepsena? El rostro de su mentor se volvió inescrutable, la misma apariencia arcana cuando hablaron de la caja de música.
Un incomodo silencio se hizo, Eliott clavó su mirada en la vitrina al otro extremo de la sala, perdido en la contemplación de los objetos en su interior, muchos regalados por él al lunático anfitrión, entretenido recordando la procedencia y lo vivido en ese entonces; pasados varios minutos, eternos y pesados, el de cabellos azabaches con voz baja, pausada y carente de toda emoción les mencionó lo esencial: Vanidie había matado, no solo en venganza por haberlo “abandonado” sino que de paso hacerse con el poder de sus amigos ¿como? Ni idea, pues hace solo un breve tiempo se había dado cuenta de ello; aunque jamás había tenido contacto con este extraño personaje, a pesar de ello sabía demasiado sobre él por lo que era evidente que se dirigía al único don que le faltaba, no porque los robados fueran insuficientes sino solo por la codicia del hombre vacío que abraza y abraza poder y posesiones para sentirse seguro y pleno superfluamente. Para luego, estúpido pero no por ello menos peligroso, alzarse como el único amo y señor de este mundo, abriendo las puertas de los otros mundos para crear el caos y la miseria, y que finalmente la gente acudiera a él proclamándolo el único dios verdadero…
- Espera, espera amigo… esto me suena a una mala historieta, película o novela ¿de donde sacaste esto hermano?- interrumpió el pirata, haciendo sonreír a su interlocutor.
- Esta bien, no lo se, pero todos los malos quieren lo mismo ¿o no? Este tiene los medios y no duden en que nos quitará de su camino. En resumen, tenemos contra nosotros un tipo que posee sin restricciones todos nuestros poderes y que ávido desea el don del séptimo de nosotros, y antes o después de asesinar al séptimo nos aniquilará a nosotros.
- Suficiente para mí... ahora ¿Por qué nos vamos a buscar a nuestro compañero faltante que nadie conoce a parte de tu? – pidió David bostezando a sus anchas.
- Todo a su tiempo, preocúpate primero de saber defenderte para cuando Van quiera eliminarte.
En ese momento un reloj comenzó a sonar, anunciando medianoche, instrumento que fue detenido de golpe por el señor del tiempo que detestaba los relojes. Barani los envió a dormir, todos se sometieron, el cansancio era evidente.
- Ayuda a que logren descansar, llena sus mentes de sueños bien lejos de la realidad y de sus temores por favor- le susurró Eliott a Fred agarrándolo del brazo cuando salieron todos, este asintió encantado y se unió a los otros.
La puerta se cerró, quedando a solas consigo mismo, se puso de pie para instalarse, acostado, en el diván junto a la chimenea eléctrica, con la mirada perdida no tardó en adormecerse, pero esta vez su sueño fue ligero y breve, a las pocas horas se desperezó, sentándose cómodamente en el sofá. Un tenue movimiento lo hizo volverse hacía la puerta que daba al balcón a la izquierda del fuego, una sombra permanecía apoyada en la baranda, siendo agitada por el frío viento de la noche.
- Una noche idéntica a la que vivieron esos siete- murmuró Eliott ubicándose al lado de Ian contemplando el cielo sin luna.
Hay personas que tienen un grado de entendimiento que excede el lenguaje, Eliott comprendía a su compañero sin necesidad de palabras, no así en sentido inverso; pero aunque a veces Ian Wordsworth no comprendiera a su mentor, podía pasar horas a su lado sin incomodarse, sintiendo luego que habían tenido la mejor de las conversaciones o en otras solo gozando de su compañía. Esta era una de esos momentos, durante un lapso de tiempo más bien largo, permanecieron contemplando la playa, el barco por el que hace poco surcaban los mares y, el infinito y majestuoso mar.
- ¿Así que griego eh?- dijo Ian sin alterar su postura.
- En efecto, bajo el cielo griego nací, en la región de Macedonia.
El más joven no pudo evitar acordarse de Alejandro Magno, uno de los conquistadores más grande de todos los tiempos. Tras escuchar el comentario su mentor se rió, con esas carcajadas tan sinceras que contagiaban alegría.
- Grande fue, atractivo, fuerte, inteligente e hijo de rey ¿Qué cosa no se le concedió a este hombre? Una vida demasiado larga sin duda, no así a su hermano menor que aún disfruta el mundo- contestó con esa chispa que bailaba con frecuencia en sus ojos de plata azulada.
Ian perdió por completo la compostura y su rostro sereno se transformó en uno de profundo asombro. Su mentor, era el segundo y último hijo de Filipo I, rey de Macedonia y hermano del hombre que formó el imperio más grande hasta entonces conocido, brillante carrera que se perdió con la inesperada y apresurada muerte del joven Alejandro. Asistió a la misma educación que su hermano, pero el destino ya los había separado, pues su hermano sería el rey de Macedonia y a él, le aguardaba un futuro en “servicio del mundo”, esas fueron las palabras utilizadas por el oráculo, para referirse la eterna misión a la que sería atado muy pronto. Por razones de seguridad, luego de morir Filipo y de que los dos hijos tomaran sus papeles en el juego de la vida, la existencia del segundo fue borrada de todas las mentes; fue así como Alejandro dejó de tener hermano para el mundo. Aunque la única persona que conservó su mente intacta fue el mismísimo conquistador macedonio, que muchas veces durante su magna empresa se encontró a solas con su querido hermano y fue aconsejado por este como enviado de los dioses. Lástima que no dejaron apartar el amargo cáliz de la boca de su bienamado hermano mayor; dejándolo prontamente solo en el único mundo que conocía.
- ¿Hablas en serio o esto te lo acabas de inventar?- preguntó confuso.
- Claro que es verdad, como voy a inventar algo así- dijo riendo ¿Era ironía lo que había en su voz risueña?
Bueno, no cambiaba nada si era o no hermano de Alejandro, de Pedro o de Felipe; había otro asunto que ocupaba su mente, y Eliott lo percibió indicándole como siempre que podía preguntar, pero no podía decidirse, miraba a su mentor y temía su reacción, sobretodo no quería hacerlo recordar cosas dolorosas. Así como aquel sujeto se afanaba tanto en alejar su mente los pensamientos y recuerdos que le hacían daño él iba a pagar la dedicación hurgando en su herida. Su maestro lo conocía bien, pues tras un suspiró decidió iniciar él la conversación.
- Quieres hablar sobre ella- eso sin duda, no era una pregunta- Pues he de decir que jamás he conocido ni conoceré mujer igual. ¿Si el amor es eterno? Lo es, tengo la certeza, creo que dos milenios no son prueba suficiente de la profundidad de nuestro querer.- sonrió- se que a algunos les parece estúpido y poco varonil hablar así, pero con tanto tiempo te das cuenta que no tiene nada de mamón afirmar que le fui fiel, bueno, relativamente fiel pero siempre leal… Vanidie la amaba también, supongo que en secreto me odiaba y envidiaba, pero jamás se me acercó y yo creí que con Fred acababa el tormento, nadie pensó que mataría a la persona que provocaba el único sentimiento noble; ella era el único vestigio de humanidad que le quedaba y cuando ella… entonces, perdió también su alma.
Ian comprendió entonces porque su mentor sentía que el asunto se le iba de las manos, su enemigo era demasiado poderoso, no lo conocía y aunque no lo reconociera temía por la vida de ellos, lo que no entendía era porque ahora.
- Ven conmigo muchacho- dijo llevándolo hasta la vitrina de la sala donde habían estado hace un rato atrás. Allí le enseñó una serie de objetos, curiosos y maravillosos, de variadas lugares y épocas. Entre ellas, un casco espartano, su casco. Dentro de su existencia, cumpliendo muchos más que Cristo, se hizo espartano, llegando hasta la ancianidad de tres décadas-toda una hazaña- sirviendo, sin trampas, a Esparta. Un poco excitado contempló el casco, se lo colocó y luego lo devolvió a su sitio.
- Las otras muchas cosas están en mi casa- murmuró mirando un sable oriental, con una media sonrisa- Cuando llevas tanto tiempo viviendo, debes tratar a toda costa de mantenerte activo, de romper la monotonía, sino esta terminará por matarte; he pasado varios años de mi vida en un estado de hibernación; pero muchos más recorriendo y probando todo lo existente- lo miró y rió maliciosamente- cuando digo todo, es todo. Hasta ahora tu lo has llevado muy bien, diría que mejor que yo en ese entonces.
Ian sonrió al oír el cumplido, no se lo creía, pero agradeció como siempre la buena voluntad de su compañero, que continuaba monologando sobre lo mucho que le sorprendía por ejemplo, que Barani permaneciera en el mismo sitio durante tanto tiempo, abandonando su hogar solo cuando la arrastraba fuera; y que él mismo, había estado un largo periodo viviendo en su pequeño castillo, hizo una pausa mirándolo escrutadoramente.
- ¿Como ha estado tu mente?- preguntó
Ahora que lo mencionaba, porque ni siquiera se había percatado de ese punto que tanto fastidiaba su tranquilidad, que sus pensamientos, siempre incesantes se habían mantenido lejos de sus recuerdos, de echo, lo único que estaba en su mente era el presente; no recordando nada antes de estar ya metido en este embrollo, tuvo miedo de mirar hacia atrás, de intentar encontrar algo, una extraña agitación había en su corazón deteniendo el impulso de curiosidad que comenzaba a nacer y lo movía a rememorar.
- No, no recuerdo nada, o sea aquello que no recuerdo cuando intento traerlo a mi, mi corazón se acelera y desisto de mi intento.
- Te prometí que te ayudaría- murmuró Eliott sonriendo aliviado.
Un fugaz vislumbramiento de su mente perturbada y de la ayuda ofrecida por su mentor, luego la actual paz de su alma fueron suficientes para emocionar al chico de ojos ambarinos que obedeciendo, como nunca a un impulso, abrazó a su maestro con fuerza murmurando palabras de agradecimiento. Con un gesto más bien paternal el otro puso su mano en la nuca de Ian.
- Vamos a dormir, que mañana nadie tendrá respeto por nuestro poco descanso.


- Bien, es hora de hacer ejercicio- dijo de pronto David desemperezándose y parándose del sillón donde llevaba todo el día tendido. El crepúsculo con su hermosa gama de colores entraba por el tragaluz del techo de la habitación circular donde estaba el pirata, Ian y Eliott, estos últimos jugando ajedrez.
- Jaque Mate- dijo Eliott matando al rey blanco con demasiada presunción- Tienes razón, piratilla ¿nos marchamos?
- Te advierto que si quieres gozar de mi maravillosa compañía tendrás que pagar mis consumos, porque soy un pobre hombre sin una moneda que gastar.
- Solo por esta vez, asqueroso embustero- contestó con fingido desprecio- ¿nos acompañas?
- Claro que nos acompaña, venga, deja que el tío David te enseñe como se comporta un hombre de verdad- interrumpió el pirata rodeando con su brazo a Ian, empujándolo, fuera de la sala y luego hacía la salida- Nos vamos, hasta mañana.- anunció antes de salir a la calle sin soltar a su presa.
Eliott les dio alcance, tras tener una breve conversación con la morena. Caminaron por un sendero de tierra, y tras una curva, abrieron una pequeña reja, y luego ante ellos se desplegaba una ciudad que cesaba sus actividades; Ian se volvió para ver la casa que acababan de abandonar, pero ni siquiera encontró la reja recién atravesada, una ilusión mantenía el mundo de Fred apartado de la curiosidad del hombre. Se dirigieron al sur, donde recién comenzaba a abrirse los locales, el barrio bohemio les abría las puertas. Haciendo incluso más estruendo que su maestro, David fue recorriendo en el transcurso de la noche local tras local, seguido de Eliott que se le equiparaba pero con mucha más elegancia y dignidad, estos bohemios reían de todas las bromas y aceptaban sin demasiados miramientos lo que les ofrecían; cada vez que abandonaban una taberna o una casa de señoritas, Ian veía al de ojos grises entregar una buena cantidad de dinero, que dejaban mas que contentos a los dueños que los atendían con mucha empeño invitándolos a volver pronto. Los siguió durante toda la noche, un poco apartado, participando de vez en cuando; admirado de la resistencia de los otros dos, al poco rato ya se sentía mareado.
Cuando por fin, temprano en la mañana, Eliott le indico a Ian que volverían a casa, agarraron al bulto que era a esa altura David, y cargaron con él hasta el hogar de Fred; demasiado borracho para estar conciente y menos para mantenerse en pie, fue necesario arrastrarlo hasta una cama para que el descanso lo volviera a la vida. Luego, cansado, mareado y extenuado, Ian se tiró en la otra cama de la habitación, durmiéndose de inmediato. Eliott no perturbó el descanso de sus dos compañeros de farra y él mismo se encerró en una habitación a dormir, en la cual pronto recibiría la visita de una pequeña pelirroja que indiferente con su cansancio lo despertaría para conversar.
Ian despertó horas mas tarde, bastante despejado y de buen humor, salió de la pieza en silencio para no molestar a su compañero que aún roncaba, realmente aunque hubiese tocado batería en su oreja David no hubiese despertado.
Fue a recibir el sol, afuera había un día hermoso y caluroso, de pie en medio de un pequeño prado cerró los ojos sintiendo el calor del astro mayor y la tranquilidad que se respira cuando la mente y el corazón están en calma. El saludo de una voz femenina que no reconoció lo hizo abrir los ojos y mirar a la persona que sonreía frente a él. Una muchacha de unos dieciocho años, cabello rojo fuego, sus rizos parecían absorber los rayos del sol que caían con gracia sobre su espalda, sus ojos de un claro celeste con unas pestañas largas y crespas; su rostro en forma de corazón, con una frente amplia, de pómulos altos y labios si bien delgados, bien formados, aún conservaban la redondez de la infancia. No era muy alta, no debía siquiera alcanzar el metro sesenta, pero poseía una figura esbelta y delgada, al ser tan finita daba la impresión de una gran fragilidad y la inocencia de su rostro, la pureza de su mirada le hicieron recordar los retratos de la virgen María.
- ¿a que no es una muchachita preciosa?- dijo la voz de su maestro mirándolo divertido, apoyado en un árbol un poco más adelante.
- Hey crío, quita ya esa cara de idiota que ya estas babeando- dijo David saliendo afuera con la boca llena de fruta. Ian le dirigió una mirada de pocos amigos, una cara poco habitual en él que hizo reír a la chica.
- Lilian… estas tan…- comenzó a decir el rubio mirándola con una suave sonrisa en los labios.
- ¿Tan más grande?- intervino David.
- Tan hermosa- continuó, ignorando por completo al otro. Lilian se ruborizó encantadoramente.
- Y así planea conquistarla, mediocre manera de seducir- murmuró el pirata para sí en voz demasiado alta. Acto seguido, Eliott lo agarró de un brazo y lo arrastró adentró cerrando la puerta tras sí. Al parecer, la embriaguez aún no abandonaba al dueño de los mares. Un minuto después un sonido de agua, luego un rosario de improperios por parte de Eliott, seguido del sonido de cristales rotos por el azotamiento de un fuerte viento, después el grito de Fred por su vitral roto, finalmente la voz de Barani llamando al orden.
- Esto es un manicomio- murmuró Ian, volviéndose por fin hacía su compañera.- ¿Esto era lo que le pedías a Eliott?
- Si, a veces me cansa ser siempre una niña… y esto es lo más que conseguiré.
- Así estás bien- declaró sin pensarlo.
Sin poder evitar seguir ruborizada ante aquel joven que la ponía tan nerviosa, debatía en su mente sobre si hacer aquello que deseaba desde que lo vio en el orfanato San José, hace ya meses atrás.
- ¿Qué pasa?- preguntó notando su turbación, ella lo miró, transmitiéndole la misma sensación que cuando la vio aquel día, por último lo abrazó, él imito el gesto con ternura, sin entender bien el motivo de la acción.
Pasados un par de minutos, o eso le pareció a Ian, la chica se apartó y con una gran sonrisa le dijo que entraran a merendar; efectivamente los demás ya estaban instalados en el comedor. Mientras comían, bastantes silenciosos debido al hambre, pero de un buen humor que se transmitía. Ian tuvo una sensación de familiaridad que no recordaba haber sentido, miró a sus compañeros comprendiendo de pronto que ellos eran su familia, o lo más parecido a ello que jamás tendría, sonrió para si, era más de lo que deseaba.
- Estaba pensando- comenzó a decir Lilian, un comentario venenoso afloraba en la boca de David, pero ella lo cortó con una mirada poco amigable- que necesito ropa, urgente, no puedo disponer del armario de Barani.
- Estoy de acuerdo- dijo David sorprendiendo a la colorida- tu cuerpo no se compara al de esta bella mujer- sentenció dedicándole una sonrisa a la morena.
Lilian se puso de pie, roja de furia, pero Eliott alzó la mano para frenar su agravio.
- Muy bien Lily, acaba tu merienda y saldremos a colmarte de atavíos- indicó con esa voz suave, profunda y sensual que poseía. – Ian, acompáñanos, sé que tienes buen gusto.
Ian asintió, en realidad el hombre de los gustos exquisitos era él, su maestro, pero atajó la indirecta, que eligiera la ropa para esa guapa señorita a su derecha que por debajo de la mesa buscaba su mano. Se preguntó si durante la salida, no tendría un extravío casual y no planeado para dejarlos solo. A por Dios, quizás estaba siendo demasiado pretencioso, quizás era eso lo que deseaba, lo que necesitaba y le hacía falta. Miró a la muchacha, definitivamente, era encantadora, perfecta, porque no arriesgarse a iniciar algo con ella, la felicidad esta reservada para todos los hombres, y desde siempre que esta había sido esquiva con él, pero ahora era su turno de estar en paz, ahora a él le tocaba sonreír.
Salieron de inmediato, el sol brillaba aún en el cielo con intensidad, en aquel lugar el clima era muy cambiante, ilusoriamente versátil. Esta vez, se dirigieron al oeste, el barrio comercial, la chica parecía encantada con todo, emocionada de dejar la ropa de niña y poder lucir como mujer, no podía quitar la sonrisa de sus labios al verla tomar con euforia la ropa, correr al probador, luego pedir la opinión de los varones para después saltando de alegría salir con las bolsas, sin antes darle un beso en la mejilla agradeciendo a Eliott la benevolencia con que la dejaba comprar y comprar, por su lado el benefactor celebraba y se contagiaba con la euforia de Lilian y lo invitaba una y otra vez a sumarse, sabiendo que la sonrisa era suficiente manifiesto viniendo de él, también capto las furtivas miradas que a veces le dirigía como espiando su reacción cuando contemplaba a la joven colorida, ¿este hombre sabía acaso más que ellos dos?
Cuando emprendieron el camino a casa, la noche ya se cernía sobre sus cabezas, y una sonrisa de luna iluminaba tenuemente las pocas calles sin alumbrado eléctrico. Lilian entonaba una canción, quien sabe de que época y origen, pero sin duda de una alegría que invitaba a la danza. Los dos hombres, un poco más atrás de la joven que daba saltitos y giros al caminar, la miraban divertidos, cargadas ambas manos con bolsas y cajas.
- Es guapa ¿no crees?- le dijo Eliott de pronto.
- Déjalo ya, si tan hermosa te pareces porque no…- le cortó en voz baja pero no por ellos menos cortante. Mientras estuvieron fuera su mentor no dejaba de insinuar cosas, ya a esta altura se había hartado.
- Muy bien, entonces no te molestaría que esta noche yo…
- ¡Hey! No te pases- Lo había conseguido, por la mirada que le dirigió y la risa posterior, supo que había triunfado. Ahora no pararía de molestarlo, de incitarlo a que fuera mas galán, mas atento, mas audaz, mas rápido. Estas eran las veces en que deseaba haber callado, al menos si hubiese sonado menos perturbado… La risa de su mentor, lo enfurruñaba cada vez más, pero se obligó a respirar con calma, después de todo no era para tanto.
Un grito ahogado lo hizo salir de sus pensamientos, al tiempo que las carcajadas de Eliott se interrumpieron bruscamente. Lilian era sujetada por un tipo corpulento, que con un revolver sobre la sien de la chica exigía a los caballeros no acercarse ni intervenir.
Un bufido despectivo dejó escapar Eliott, sin inmutarse se quedó quieto, erguido con altiveza y con cierta prestancia natural en él, levantando una ceja miraba con lástima al asaltante. Pero Ian no ponía atención más que al frente, a la respiración agitada de ella, al arma que se posaba sobre su cabeza.
- ¡Suéltame!- gritó Lily forcejeando con él, pero el tipo la sujetó con más fuerza, enterró con rudeza el arma en su sien y por último le dio una bofetada.
Como si fuera poco, al sentirla más dócil dejó caer su mano, recorriendo con morbo el cuerpo que tenía junto a él, al sentir el tacto la chica lo piso con fuerza y luego golpeó el brazo que sostenía el arma, una bala dio en el aire mientras Lilian se apartaba rápidamente de su agresor, pero este actuó con igual premura; sus manos no podrían agarrarla y detenerla, pero el revolver si. Una bala para hacerla caer, esa fue la intención del sujeto, disparando al brazo de su victima.
Ian no sabía la intención del hombre, solo vio como jalaba el gatillo y luego el cuerpo de Lily desplomarse. Y por primera vez, sintió en su interior el nacimiento de un pensamiento que jamás creyó crear, ni siquiera su padre- maldición, había despertado sus recuerdos, roto las cadenas que cerraban los baúles con su crudo pasado, que lentamente comenzaban a pintarse- lo había provocado: deseo fervientemente la muerte de aquel ser humano que en su estado de cólera no merecía vivir, ¡ojalá su corazón reventara!
- ¡Ian no!- exclamó la voz de Eliott tras él, al tiempo que frente a él, el hombre llevaba su mano sobre su pecho con los ojos desorbitados, lo miró con el aleteo de la muerte en su pupila, tosió con la boca llena de sangre y luego cayó al suelo, inerte, lejos ya de este mundo.
Algo se desgarró dentro de él, no físicamente, sino en su mente cuando comprendió más por instinto que por razón lo que había sucedido, sin llegar a entender como fue posible; en su alma, pues todo volvía a ser como antaño, volvía a realizar la misma macabra acción ¿acaso la anatema continuaba?; y en su corazón, el dolor de sentirse sucio, de creerse maldito. Sus piernas no eran capaces de sostenerlo y cayó de rodillas, apoyando sus manos en el piso sintió la angustia ascender hasta su garganta y sin poder evitarlo sus ojos se llenaron de lágrimas, lagrimas de dolor, frustración y desesperación. Su mente se volvió un torbellino donde el presente y el pasado se juntaban al azar, surgiendo con más intensidad los momentos tristes y tormentosos. Se había desatado una tempestad que lo tenía a la deriva y que lentamente lo hundía, si caía podía darse por acabado, pero las fuerzas lo abandonaban; estaba vencido, ahogado en su propio interior del que no podría salir por su voluntad.
Una mano amable se posó en su hombro, y su nombre fue pronunciado con afecto, despertándolo de su pesadilla, alzó la vista hacía los ojos grises que lo miraban con simpatía, unos cuantos segundos mirando aquella plata y las nubes se desvanecieron, siendo conciente nuevamente de donde se encontraba, todo estaba silencioso, las calles desocupadas como muertas. Y de pronto, su mente clara recordó lo recién sucedido, y con pánico preguntó por la colorina que ya no estaba. Fue tranquilizado de inmediato, Lilian estaba bien, descansando en casa. Pero la calma no llegó, pues de inmediato preguntó por el otro personaje de esa tragedia.
- Muerto-dijo sin preámbulos ni rodeos, la verdad con todas sus letras con tono indiferente.- supongo que no me queda más remedio que explicarte un par de cosas.
- ¿Explicarme un par de cosas?- dijo un poco crispado, sin falta de ironía en su voz- ¡Oh claro!, ahora que maté una persona con solo quererlo, porque eso es lo único que puedo entender, o que tengo un hada madrina que cumple todos mis deseos.
- Casi le has dado- bromeó Eliott ¿tenia esto algo de divertido?- no pongas esa cara hombre, ese bastardo se lo merecía, tarde o temprano pagaría por la vida que estaba llevando.
- ¡Pero no quería ser yo su juez! No pretendía ser su verdugo… además ¿Quién soy yo para decidir cuando, donde y como acabará su vida?
- Lo han decidido los hombres desde el principio de los tiempos, con mayor razón tu que has sido elegido para estar por sobre ellos… ¡si nos conocieran seriamos como dioses Ian! Tenemos el poder de hacer y deshacer, nos basta esto…- dijo chasqueando sus dedos- y cambiamos no solo una vida sino la historia misma.
Era increíble como él jamás había ambicionado, siquiera pensado aquello que su camarada le revelaba como una verdad simple y obvia. Pero más importante que ello, se obligó a apartar de sus pensamientos lo anterior para centrarse nuevamente en aquello fundamental que le preocupaba, la muerte de aquel hombre.
- Es evidente, ese es tu poder- fue la escueta respuesta, como una especie de venganza por haber interrumpido sus gloriosos pensamientos sobre el dominio mundial ¿el que quería proclamarse como dios supremo era Van o Eliott?
- ¡¿Qué tengo el poder de matar?!-exclamó horrorizado.
- No, claro que no- respondió haciéndole una seña para que se pusieran en marcha hacía la casa de Fred.- ¿Recuerdas lo que te dije sobre tus dominios?
Una explicación de días que al cabo de años seguía sin entender, demasiado complejo, demasiados dolores de cabezas, pero claro el recuerdo de la prevención: lo mejor es que no entres. ¿Qué recordaba sobre ello? Que era el origen de todo, el poder inicial, de donde provenía cada parte de este mundo, el origen de la vida y el fin de la misma, una de las tantas cosas que el hombre ha perseguido y sigue sin conseguir: la creación única de una criatura viva.
- Más o menos eso, pues el don que te fue dado es el de otorgar o quitar vida. – Contestó entonces Eliott- Por eso en el momento que ansiaste esa muerte, tu habilidad “despertó” con este resultado.
Por la expresión de su maestro dedujo que se reprochaba su decisión, es decir, no haberle explicado antes este punto y luego, dentro de lo posible entrenarlo para que esta clase de “accidentes” no ocurrieran.
Ya que era capaz de semejante hazaña podía reparar su error, pero el otro lo cortó diciéndole sensatamente que podía fallar nuevamente causando mas estragos, que por ahora se mantuviera al margen de hacer cualquier cosa, y que era urgentemente necesario que aprendiera a manejarlo, por lo que a la mañana siguiente iniciarían una especie de entrenamiento antes de ponerse en marcha. ¿A donde? a por el último de ellos, el desconocido séptimo.
El fatal error seguía turbando su mente, era injusto que aquel hombre, por desgraciado que fuese pagase por su incompetencia.
- Eliott, tu podrías volver atrás y evitar que yo matara al hombre…- musitó inseguro.
- Podría, sin duda- dijo con expresión ladina- Pero eso tenía que pasar para que te enteraras de…
- No obstante sabes que fue un error callar algo tan importante- le interrumpió sin pender la expresión serena, aunque en realidad comenzaba a hartarse.
- Como sea, no es correcto volver atrás y cambiar lo sucedido.
-¿Desde cuando te importa, cuando comenzaste a hacer lo correcto?- eso definitivamente desviaba el asunto, pero ya estaba dicho. Su compañero se paró en seco, se volvió para verlo, su silueta le pareció mas grande, quizás fuese solo producto del faro que derramaba su luz sobre el griego; la expresión altiva de su rostro espantó de golpe su enfado.
- Ese no es el punto niñito, no volveré atrás y punto, ese fue tu error, no tengo ningún motivo para reparar tu falta, de todas formas el tipo iba a morir pronto… su cáncer ya había echo metástasis.- la sorpresa era clara en el rostro de su inesperado discípulo, sentimiento que aprovechó para abrir la reja y seguir por el sendero que llevaba a la casa estrambótica.
- ¡Date prisa Ian! Lilian querrá una visita- le gritó antes de entrar en la casa.

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