jueves, 29 de julio de 2010

Invierno

Había sido un lindo día, lo recordaría, no solo porque hubiese brillado el sol a pesar de ser un crudo invierno (su querido general se había marchado aquel día), sino porque había compartido, quizás por última vez en un largo tiempo futuro una tarde de, ¿que importaba lo que habían hecho?, de risas, conversaciones y anécdotas pasadas, presentes y futuras.
Mientras estaba con ellos se olvidó completamente de la razón inicial que la arrastró hasta allí, sí, los extrañaba, añoraba verlos, pero había una razón mayor. En el fondo lo olvidó adrede, lo reconoció más tarde con una sonrisa lánguida.
Habían estado casi todos, junto a ella, sin adivinar nada, aunque seguían siendo los mismos en el fondo, notaba los cambios, no era solo un año más, no era que habían dado un nuevo paso, era las intensas experiencias que habían vivido en el último tiempo lo que los hacía lucir diferentes, pero no lucían más heridos, sino que, con los mismos rostros infantiles, sus ojos mostraban madures, y la mayoria mostraba una felicidad indefinible; claro, los solitarios amigos ahora tenían sus mitades, y lucían enamorados.
Y ese maravilloso día acabó. Como si no bastara siguió hablando con ellos esa noche, realmente los quería mucho. Entre conversaciones y confesiones, algo raro se confirmó, se alegró, era extraño, pero se sentía feliz... sólo quedaba hablar con la otra mitad para asegurar la felicidad de los dos.
Esa noche se fue a acostar alegre, pero sin que lo notara un cambio se produjo en su interior, no, si lo notó, pero no comprendió lo que era. Y el día siguiente transcurrió como si nada, la verdad parecía oculta detrás de sensaciones extrañas. Pero esa noche, mientras veía una de sus series favoritas, el misántropo personaje que tanto adoraba lucía triste, y una frase pronunciada le hiso más sentido del que debía ser, era ficción, pero ella comprendió lo que sucedía en su interior, porque algo similar sentía ella.... y un miedo negado cobró nombre, y el gatillante tras ella pareció claro.
El día sucedió a la noche, y el general invierno había vuelto a su lugar, parecía sonreirle cuando ella miró el exterior al despertar, el sentimiento de pesadumbre continuaba. Suspiró, creyendo que la noche agotaría su egoísmo, si, porque sabía era egoísta, pero no era eso lo que sentía, era más profundo, era ver confirmado lo que en el fondo esperaba ¿que es esto? quizás solo delirio, que nadie más que ella comprende.
La tristeza pasaría, apenas el general invierno dejara de abrazarla... que risa, como si ese fuera el motivo del hielo.
Uf... creo que era hora de desahogar lo que tenía atorado.... y, no, no había que comentar aquello que al tenerlos a todos juntos no supo pronunciar, después de todo, quizás habría que marchar igual, quizás la palabra temida llegaría sola porque sería arrastrada hasta allí...

Es sólo una semana de invierno atrapada en tu mente.

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