jueves, 31 de julio de 2008

Una princesita


Esta es el cuento de una chica, una princesita de oscuros cabellos. Ella tenía varias amigas, doncellas y princesas; y vivía feliz en su castillo, pues sus padres mantenían la paz en el reino. A veces las otras princesas le hablaban sobre bellos príncipes, pero a nuestra princesita no le importaba en realidad, le bastaba con escuchar sobre caballeros, dragones y lejanos reinos.
Un día, ella partió, junto a su padre a un baile en el reino vecino, el palacio era hermoso y todos la atendían muy bien, ella estaba encantada. Durante la noche alguien se le acercó, el príncipe de los ojos deslumbrantes le pidió bailar, ella encantada aceptó, y juntos danzaron toda la fiesta, pero la noche acabó, y cuando el sol volvió a brillar con intensidad, ambos tuvieron que volver a sus tierras, aunque antes de partir él le regaló una rosa y le pidió que lo visitara en su reino, en las tierras lejanas del sur, ella accedió tras escuchar las maravillosas promesas del príncipe de los ojos deslumbrantes, y así llenos de ilusiones se separaron.
La princesita de oscuros cabellos volvió a su vida, la rosa se marchitó, y el camino trazado se borró, ella ya no sabía como llegar a las tierras de aquel príncipe.
Tiempo más tarde, se organizó una justa en el reino, ella asistió feliz junto a sus amigas. Observando desde el público vio aparecer a uno de los participantes, un caballero de armadura negra. Impulsada por la curiosidad, la princesita se acercó al caballero misterioso que ese día había vencido a todos sus contrincantes. Poco a poco y no sin temor, habló con él, y lentamente lo fue conociendo; dándose cuenta que detrás de esa armadura negra, había un joven melancólico, pero de un alma bondadosa.
Un día mientras él le hablaba sobre algunos misterios de la vida, le contó a nuestra princesita de su amor hacía una doncella pero que ella guardaba silencio, ella le sonrió y le pidió que no se pusiera triste, todo saldría bien. El concurso siguió y mas caballeros se sumaban, todo se volvía muy interesante, y la princesita no se dio cuenta, que el caballero de la armadura negra había sido correspondido. Cuando luego los vio juntos, cayó en cuenta de que quería al joven caballero, pero era tarde; sin embargo, la princesita de los oscuros cabellos se alegró por su amigo, le bastaba con verlo feliz.
Esta princesita no tardó en olvidarse del caballero, conservándolo solo como un buen amigo, tal y como lo predijo una de sus doncellas.
Pero ¿saben que ocurrió luego? Si, apareció otro caballero, el de la sonrisa dulce, este tierno príncipe muchas veces jugó con nuestra princesita y con sus amigas, rieron y corrieron juntos felices y despreocupados; pero ocurrió que lentamente su dulce sonrisa cautivó a la princesita, el sentimiento que nació dentro era distinto que el que sintió por el príncipe de los ojos deslumbrantes y mas intenso que el sentimiento por el caballero de la armadura negra.
El día en que se anunció el ganador de las justas, se realizó un baile de celebración, pero la princesita estaba enferma, así que no asistió. Ya entrada la noche, la chica de nuestro cuento bajó rumbo a las cocinas, no había cenado y tenía mucha hambre, cruzó por afuera del salón donde se realizada el baile, la puerta del mismo estaba abierta, viendo sin planearlo al príncipe de la sonrisa dulce, con una de sus doncellas. Deshizo el camino y volvió a su habitación decepcionada. La princesita paso mucho rato mirando por su ventana, una amiga le decía que se despreocupara que todos cometían errores, alimentando su ilusión, otra, le aconsejó que lo olvidara pues se merecía algo mejor; con una sonrisa, les agradeció a ambas por estar con ella.
Una vez se encontró sola, tomó su abrigo y salió afuera, caminó largo rato mientras el frío le hería el rostro, la noche estaba nublada, ni siquiera la luna la acompañaba esta vez. Llegó hasta un lago y contempló su reflejo en las calmas aguas, miró esos ojos que no brillaban felices, y desvió la vista tras ver aquel rostro que nada le gustaba. Cuando quiso volver a ver, ya era tarde, la lluvia agitaba las aguas y nada podía reflejarse. La lluvia intensa empapó a la princesita de oscuros cabellos, pero no le importaba y allí se quedó con la vista clavada en el lago que nada mostraba. ¿Alguien vendrá y tomará de la mano a la princesita y la traerá de vuelta casa?

La lluvia se detuvo y las oscuras nubes comenzaron a disiparse, pero una fría quietud se mantenía. La princesita de los cabellos oscuros seguía frente al lago, arrodillada contemplando las aguas que no veía; sus ropas empapadas lentamente se fueron secando, aún así el paso de la lluvia por su rostro se percibía ¿o eran acaso lágrimas?
De pronto, transcurridas quien sabe cuantas horas, la imagen en el agua cambió, una figura alta proyectaba su sombra sobre la princesita. Ella miró el reflejo, él le tendió su mano preguntándole si estaba bien, nuestra princesita mintió diciendo que todo marchaba perfecto y aceptó la ayuda. El príncipe sonrió tímidamente, y ella no pudo evitar el mismo gesto; luego, lo abrazó con fuerza, la princesita estaba fría como la nieve y él cálido como el sol que volvía a brillar en la bóveda celeste, él ignoraba cuanto vio y lo mejor era que lo siguiera creyendo.
Con ese cálido abrazo caminaron juntos hacía el castillo, allí, como era de esperarse, estaban todos muy preocupados por su paradero, y se alegraron enormemente cuando la vieron aparecer junto al príncipe de la sonrisa dulce. Todos creían que se había extraviado y, entre atenciones y celebraciones, nadie se dio cuenta de lo que en realidad sucedía, mejor así, se dijo la princesita, y en su corazón agradeció el volver a la seguridad de su hogar.
A pesar de su tranquilidad, cada vez que estaba junto al príncipe sentía la amargura alojarse en su ser, y sin proponérselo evitó los encuentros; pensó que alejándose podría olvidarlo mas rápido, pero sus doncellas no paraban de hablar del encantador y tierno príncipe de la dulce sonrisa.
Días después, la lluvia se cobró su pago en la princesita, y enfermó. El príncipe de la sonrisa dulce fue a visitarla, estaba muy preocupado por su salud; así en los días que siguieron él iba hasta su alcoba y se sentaba junto a ella en la cama, impedido de ayudarla al menos intentaba alegrarla.
En un comienzo para nuestra princesita las visitas eran un triste martirio. Un día en que se quedaron dormidos leyendo, un tenue movimiento del príncipe de la sonrisa dulce despertó a la princesita y ella miró a su compañero, hace ya tiempo que esperaba sus visitas, no podía mentirse, ensimismada lo observó largo rato, el príncipe la quería mucho, pero no como ella lo quería; con un suspiro tomó una decisión, el tiempo se encargaría de transformar su amor, pero no estaba dispuesta a perder por completo a ese joven tan atento y afectuoso con ella. ¿Lograría su cometido la princesita? ¿El tiempo sería generoso y actuaría rápido?
La princesita mejoró, y la vida en el castillo se normalizó, el príncipe de la dulce sonrisa fue nombrado comandante de la guardia real, por lo que la princesita gozaba cada vez menos de su compañía, un regalo del destino pensó ella.
El padre de nuestra princesita de oscuros cabellos acogió a una misteriosa mujer que gozaba de fama de buena consejera. Extraña mujer, delgada, de cabellos rojos y rizados, y para sorpresa de la princesita, joven, demasiado joven y hermosa.
La princesita pronto empezó a extrañar a las personas que más quería en el mundo, a su padre y al príncipe de la sonrisa dulce, que preocupados en sus labores, pasaban mas tiempo con la consejera que cualquier otro.
Un sábado en la noche, durante la cena real, la princesita percibió una muda complicidad entre la colorida consejera y el comandante de la guardia real. ¡Ah! claro esta que el tiempo no ha hecho su trabajo en el corazón de la pobre princesita. Pero vamos, no gastaré una infinidad de inútiles palabras para definir nuevamente el limpio dolor ni que tipo de relación se estaba gestando entre el príncipe y la mujer. Aunque, si prodigaré palabras contra esa mujer, pues ella poseía un pasado digno del averno, y las intenciones para con el inocente joven comandante eran tan oscuras como las alas de un cuervo, pues lo único que ella deseaba era tener a su merced la voluntad del príncipe usando como arma la efímera belleza que dios le había regalado. Llamaremos inocencia al rápido sucumbir de él, y habilidad a la total usa de sucias armas para atrapar al príncipe de la sonrisa dulce.
¿Y en que lugar dejamos a la princesita de oscuros cabellos? Aparte, pues ella prefirió apartarse, prefirió seguir con su vida, haciendo lo que la llenaba, divirtiéndose con sus amigas, después de todo, a ella no le importaba a quien consagrara su vida el príncipe de la sonrisa dulce…
Pero como la maldad no tarda mucho en salir, la princesita sin planearlo se enteró de las intenciones finales de la consejera… matar a su padre y convertirse en la reina regente. Esa misma noche, seria su gran golpe.
Las horas que siguieron, la princesita deambuló sin saber que hacer, no saber como procedería la mala mujer, ¿a quien podía recurrir? Pues en situaciones así a quien acudía era a su padre, pero este ahora era la victima. Por desgracia, el tiempo avanzó como siempre, y llegó la hora de la cena; la princesita incapaz de ingerir ningún alimento se sentó en la mesa, a la derecha de su padre la mujer de cabellos rizados parecía leer el miedo de nuestra protagonista. Su padre se levantó para hacer un brindis, agradeciendo los servicios de su nueva y mejor consejera; una sutil sonrisa de la halagada y la princesita comprendió; sin siquiera pensar se abalanzó sobre su padre que acercaba la copa a su boca, de un empujón la apartó y el mortal liquido se esparció por el suelo; a la vez que la mujer cometía el primer y último error, en un arranque de rabia apuñaló a la princesita.
Luego todo se sucedió muy rápido, el rey furioso ordenó a su comandante apresar a la mujer, y en esa misión casi pierde la vida; pero mientras la mujer era reducida…. ¿Qué pasaba con la princesita? Tendida en el suelo, la vida se le escapaba, la herida sangraba profundamente, su madre lloraba tomando su fría y pálida mano, el rey le pedía al médico real que ayudara a su hija, pero la sangre que perdió era mucha. El príncipe de la sonrisa dulce se arrodilló junto a la princesita, y ella le tendió una daga, él la tomó y reconoció el arma a la vez que comprendía que estuvo a punto de ser asesinado junto al rey, de hecho antes que este mismo. Conmovido, apartó el pelo del rostro de la princesita, pero antes de que pudiera hablarle el rey se la llevó para tratar de salvarla.
Las horas que siguieron pasaron lentas para los habitantes del castillo. Dos días más tarde, la consejera fue condenada, y cuando la alborada llegaba, el médico anunció que las puertas de la muerte se habían cerrado. No me detendré en las visitas que se sucedieron en la habitación de la princesita, que aunque débil ella sonreía agradecida por las muestras de afecto de todos. Por fin, luego de mucho pensarlo, el príncipe de la sonrisa dulce entró en la habitación donde estaba la princesita, ella dormía. Se sentó en la cama y tomó su mano, pensativo y temeroso, para luego, lentamente inclinarse sobre su rostro y depositar un suave beso en sus labios. La princesita abrió los ojos pensando que había despertado del mejor de sus sueños, pero cuan grande fue su sorpresa al descubrir la sonrisa del príncipe ahí junto a ella. Un encantador rubor cubrió a la princesita que sentándose se quedó en silencio sin saber que decir, por suerte el príncipe abrió su boca para pronunciar un par de palabras que hicieron florecer la alegría en su interior, palabras que inconscientemente estuvo tanto tiempo esperando oír; esas dos palabras eran “te amo”.

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