jueves, 31 de julio de 2008

|| Las 7 puertas || Capítulo 6

Fred

Una nueva jornada comenzaba, pero las horas pasaron, e Ian no vio a Barani y menos aún a su mentor. Cada uno encerrado en su habitación, encerrados en sus mentes, recuerdos y orgullos.
Lilian y David se turnaron visitando a Barani quien se fingía indolente, enojada por el descaro y egoísmo de Eliott Fontelle, pero bien sabían los otros dos que tras esa rabia se escondía la tristeza, y el dolor que cargaban sus ojos confirmaban la teoría.
Ian no se atrevió a quebrar el mundo del ojigris. Quizás lo mejor era hablar, contarle lo que pensaba al respecto, que se disculpara con la mujer, o que el otro se desahogara; explicar esa parte de su vida de la que él no sabía nada. Pero la falta de determinación, la inseguridad y el miedo lo mantuvieron lejos de esa habitación. Como culparlo, el guardián de tiempo no era un hombre simple, milenios de vida agravaban el asunto, las vivencias nos moldean, el tiempo nos desgasta, el choque de la vida nos va erosionando, las heridas recibidas si no sanan nos alejan del cielo, pues las alas se van perdiendo, si sanan bruscamente nos endurecen, para mas tarde con la nueva ola solo ser pulida, pero sin dejar marcas duraderas. El tiempo cura todo ¿también podía aplicarlo para el dueño del mismo?
El sol se fue y una luna menguante brilló en el cielo, el barco seguía navegando a buena velocidad hacía su destino fijado por el capitán.
Pensando en la majestuosidad del océano caminaba por la cubierta, una brisa salpicada de salada humedad corría agitándole los cabellos, miró dentro del barco y unos pasos delante de él, sentado sobre la baranda del barco estaba Eliott.
Su mentor lo saludó con una suave sonrisa, Ian avanzó y se detuvo a su lado, apoyando sus codos en el rastelillo.
-Hermoso- murmuró Eliott mirando el mar- da a impresión de que fuera eterno como el cielo… siempre se ha dicho que una vida mortal es poco, pero quizás lo sea suficiente. Por suerte Dorian Gray murió, sino su mente no hubiese podido guardar tantos recuerdos y culpas. ¿Sabes? Mil años son demasiado tiempo. La vida aburre cuando no se quiere nada, cuando no hay razón para vivir; los recuerdos nos salvan a veces, pero no puedes vivir de ellos, y no hay que olvidar que la rosa tiene espinas, por ello nos rendimos ¿Cómo escapas de tu pesadilla rememorada? Dormir la mente ayuda mucho, no es fácil, aún con ayuda celestial, el corazón despierta a la memoria adormecida…
Ian lo escuchó en silencio, pero no lograba llevar el hilo de ese extraño monólogo.
- A veces nos dormimos, pero el subconsciente es incontrolable y nos lleva, y nos hace caer nuevamente. No queda más que enfrentarlo y lidiar con ello, el destino se encargará de hundirte o de salvarte… ¡oh Dios! Que pesimismo, siempre es posible doblarle la mano, siempre hay esperanzas.
Eliott se volvió para mirarlo y sonrió lánguidamente, era evidente la confusión en el rostro del rubio.
- Las cosas no marchan como deberían, de hecho nunca lo han hecho, pero ahora no puedo ignorarlo-
- ¿Hablas de Barani?- preguntó tímidamente.
- No en realidad, pero veo que quieres tocar el tema…
- ¡Oh no! Yo solo... continúa- Eliott siguió mudo esperando que hablara- esta bien… ¿Quieres saber lo que creo? Se te fue la mano ese día… no es que estuviera escuchando, solo oí el término- el otro le hizo ademán de que continuará, yendo al meollo del asunto-. En fin, creo que deberías disculparte con ella.
- ¿No esta bien, cierto?
- Que creías, esta triste, la heriste.- en esos sentimientos él era un experto, sabía como se sentía la mujer.
Ian lo miró de reojo, curioso, pero su compañero se encontraba inclinado hacía adelante y no logró verle el rostro. Tras un momento de silencio, se giró y saltó dentro del barco y sin volverse a mirar al rubio se fue, este sonrió, lo había conseguido.

El guardián del tiempo tocó fuera de la habitación, pero nadie contestó, así que entreabrió la puerta, estaba vacío. Caminó por el pasillo y llegó hasta una especie de estudio como solo lo podía ser un estudio pirata. Sentado en un amplio sofá estaba Barani.
-Hola- saludó él tanteando terreno, ella lo miró y movió su cabeza como gesto de saludo- ¿Podemos hablar?
- No hay nada de que hablar, Eliott- dijo con voz ronca.
Se acercó y se sentó frente a ella, pensó un momento en que decirle y luego comenzó a hablar.
- Si hay, nuestra… conversación de ayer no estuvo del todo bien- ella sonrió un poco irónica- solo vengo a decirte que- se calló de golpe, la miró, pero ella jugueteaba con sus manos y no lo miraba, él le tomó una de sus manos entre las suyas, y clavó sus profundos ojos en su rostro- Barani, mi comportamiento no estuvo bien, no te lo merecías, yo lo s…
-No- le interrumpió viéndolo por primera vez, tenía los ojos rojos e hinchados- no digas nada, fue mi culpa, yo sabia que no debía… pero te forcé… es lógico.
Eliott se paró del golpe y comenzó a pasearse por la sala con el ceño fruncido.
- ¿Estás loca?- preguntó deteniéndose bruscamente frente a ella- tu no hiciste nada, no debes disculparte, soy yo el que debe…
- No, Eliott, es mi falta- le contradijo poniéndose de pie.
- No vamos a echarnos la culpa mutuamente ¿cierto?- murmuró sonriendo divertido- se que te traté mal, y es por eso que soy yo el que- ella lo frena- Como sea… tienes razón, si no fuera por ti no estaría aquí… olvidemos ese desagradable episodio ¿Esta bien? ¿Perdóname bueno?
- No hay nada que perdonar- aclaró abrazándolo.
- ¿Sabias que te adoro? – susurró dándole un beso en la cabeza.
Ella cerró los ojos apoyada en él con una sonrisa, al tiempo que una lágrima rodaba por su mejilla, pero Eliott no lo vio ni comprendió lo que era evidente para los otros.

Ian volvió a encontrarse con Eliott en la cocina, su mentor comía una manzana sentado sobre el mesón, frente a la cocinilla esta Barani atareada. De modo que habían echo las pases, no podía sino alegrarse por ellos.
- ¡Hey! rubito ¿Cómo estas?- le saludo el hombre, lanzándole una manzana-come, están bien dulces.
- Gracias…- murmuró dejando la manzana sobre la mesa. Sin siquiera pensar dijo- ¿A dónde vamos ahora?
- Rumbo a la redención que se alcanza en el estado de delirio o pérdida de cordura- anunció imitando a un fanático religiosos, y luego continuo burlón- ¿Qué acaso no es obvio? ¡Niño! Te creía más inteligente.
- Se que a otro de nosotros, donde y quien es.
- Simplemente es Fred, el lugar es totalmente impredecible-contestó el otro encogiéndose de hombros.
El humor de Eliott parecía estar alcanzando la cumbre, con una amplia sonrisa y un brillo travieso en sus ojos de plata, era como si el niño que fue hubiese tomado el control. Alejando responsabilidades, pasados, eternidades viviendo, todo. Una momentánea recuperación de la inocencia y de ese entusiasmo de quien cree en la magia reinante en el mundo. Tanto entusiasmo, ¿se debía a la solución del conflicto con la mujer a su lado?
Se preguntó además, en su interior ¿Qué era del Ian niño? ¿Estaba sufriendo, sumergido en soledad, sin voz de tanto gritar y no ser oído? La melancolía volvió a abrazarlo y se estremeció sin querer, cerró los ojos para tratar de disipar un poco el miedo, cuando los abrió su mentor lo miraba, se obligó a sonreír.
- ¿Quieres ver algo?- le preguntó sin quitar la sonrisa, Ian asintió- ¡Tarán!- exclamó con voz infantil, verdaderamente, pues ahora tras toda esa ropa arrugada y grande estaba Eliott de unos seis años.
-Eres un niño…- murmuró sin poder evitar reír.
- Siempre lo ha sido-corrigió Barani acercándose al de cabello azabache- ahora concuerdan tu mente y tu cuerpo. La mujer recibió el abrazo del niño, que se acurrucó en ella.
-ya hombre, déjame cocinar- acto seguido Eliott volvía a ser adulto.
Un simple echo e Ian olvidó su malestar ¿Cómo no adorar a su mentor?

El sitio donde arribó el barco pirata resulto ser una playa de arena blanca, tras ella se alzaba una selva tropical suntuosa.
-Hace muchísimos años que no tocaba tierra-comentó David mirando la arena bajo sus botas- ¡Que calor hace!
Ian lo miró mientras se desasía de su chaqueta, en la parte interior de su antebrazo derecho tenía tatuado lo que le pareció un trival, echo de pequeños trazos y en la curva mas pronunciada del tatuaje los trazos se convertían en signos mas específicos y mas complejos, como si fuera un mensaje escrito en antiguas runas.
-¿Qué es?- le preguntó luego de tratar de descifrar su significado sin éxito.
David sonrió y se arremangó bien la camisa, luego junto la parte interior de ambos antebrazos; el trival se unió para formar lo que le pareció una serpiente medieval, pero si miraba con detenimiento cada escama del ser era un signo, un código, una letra. Este tipo era un pirata hasta el tuétano, tal y como señalaban libros y dibujos, solo que de apariencia mas joven y limpia.
-¿Qué dice? ¿Es algún código pirata?- preguntó curioso.
- Algo de pirata tiene- río- pero son reglas, reglas que no puedo volver a transgredir.
-Nuestras reglas- agregó Eliott- y cuando las rompe, el tatuaje le recuerda sangrientamente su lugar.
- ¿Sabes como duele una herida abierta de adentro hacía afuera?- preguntó el pirata, Ian miró horrorizado el tatuaje al tiempo que le preguntaba que reglas había quebrantado.
- La de “No uses tus poderes para fines egoístas y personales”, o algo así- contestó con un claro desprecio hacia la regla.
- “Algo así”… las has desobedecido varias veces David, es hora de que lo aprendas- dijo Eliott.
- Un millón, ladrón marino masoquista- corrigió Lilian.
- Lobita cállate… Señor líder, no tienes moral para criticarme.
- David, no empieces- advirtió Barani tras darle una aprensiva mirada a Ian.
- ¿Qué pasa? Los dos somos pecadores, hemos transgredido gravemente las estupidas reglas, y más de una vez ¿o no pecador? Las reglas se hicieron para romperlas.
Ian se volvió hacia su mentor, y lo quedó mirando largo rato, pero este solo observaba a David con rostro serio, con ese semblante lleno de sabiduría pero con aquel brillo de malicia en los discos de plata.
- Si, también he desobedecido las normas… esa debilidad me llevó a obtener un castigo más duro que el que te dieron a ti- se volvió al más joven- Ian, luego hablaremos de esto, debemos encontrar a Fred.
Con esto el tema quedó zanjado de golpe. Conforme con la instancia para hablar a solas prometida por su mentor, caminó con los otros. Cuando acababan de entrar en la selva apareció un chico de unos veinte años vestido con jeans, una polera y sobre esta una camisa, zapatillas de lona con caña corta y un alborotado cabello azul eléctrico.
-¡¡Eliott!!- gritó corriendo a abrazarlo- Papá, te extrañé tanto
-¿papá?- preguntó anonadado Ian
- Solo le dice así, a veces, es… es Fred- contestó Lilian.
Tras soltarlo, saludo a Barani con un beso en la mejilla y un abrazo; luego a David, y por el escándalo y los comentarios, Ian se dio cuenta que eran buenos amigos, no supo si alegrarse o sentir miedo por la dupla.
- ¡Hola!- lo saludó después de soltar a Lilian.
- Hola Fred- contestó.
- Hola Fred
- No, tú eres Fred-
- ¿Yo? ¡Me llamo Fred! – les dijo a los otros- Entones somos tocayos.
- No, espera… Yo me llamo Ian- aclaró señalándose a si mismo. Su interlocutor se quedo mirando su mano y de pronto la agarró- ¿Qué haces con mi mano?
- ¿Qué son?- preguntó agarrando el anular.
- Pues… dedos-
- ¡Yo quiero!
- Pero si tú tienes- dijo anonadado, y agarro su mano y se la puso frente al rostro- ¿ves?
Fred la sostuvo y la miro un rato con el ceño fruncido, luego abrió la boca y se mordió un dedo, de inmediato soltó un grito de dolor.
- No hagas eso, son parte tuyo, te volverá a doler- le pidió Ian cuando el otro hizo además de repetir la acción.
- Ya ya, Fred, tranquilo… ven aquí- le pidió Barani llevándoselo a un lado.
Ian estaba pasmado con la escena recién vivida, este sujeto era más extraño que todos ellos juntos, o al menos más visiblemente trastocado.
- Quita esa cara de idiota- le pidió David riendo.
- Fred vive en el mundo mas allá de su puerta, donde convergen todos los sueños e ilusiones concientes e inconscientes.
Ian asintió pensativo, y cuando se dio cuenta de su entorno, estaban parados en la vereda de una gran urbe, a su lado una avenida atestada de vehículos hacían sonar sus bocinas. Comprendió la habilidad de Fred, que ahora tenía el pelo largo y verde, y se unía al grupo.
- Fred vamos a casa- le pidió Eliott
- ¿Cual? ¿A la mía? ¡No! Tu quieres ir donde ella… si, si, para abrazarla y besarla y dejarnos de lado de nuevo. – El rostro del de ojos grises se tensó- ahora les tengo una cama matrimonial, ¿me darán un hermanito?- David puso una mano sobre el hombro de Fred- ¿Qué? ¿Qué pasa? Ups! Había olvidado que ella te dejó, que…
Eliott no dijo nada, solo dio media vuelta y desapareció entre la gente.
- ¡Fred que has hecho por dios!- exclamó Barani.
- Hey, simplemente lo olvidó nada más…- intervino Lilian, mirando al culpable que parecía a punto de echarse a llorar.
El pirata agarró a su amigo, y lo separó del grupo, tras unos segundos David inició la marcha junto al desequilibrado nuevo compañero, que por supuesto ya había olvidado lo que acababa de ocurrir. Ian no comprendía nada, pero Lilian a su lado le explicó sin tener que preguntar nada.
- Eliott tenía pareja, una mujer a la que amaba profundamente, tanto así que le era fiel... bien, fiel a su modo- suspiró- para evitarse problemas, quizás, nosotras eramos intocables... creo, no sé si lo hizo por respeto hacia nosotras, o porque debía seguir viéndonos, o por su amor, quien sabe… Cuando ella se fue, Eliott estaba desecho, nadie lo vio a excepción de Barani, nunca me sentí tan sola como cuando el desapareció… fue como si aquella eterna llama de esperanza que vivía dentro se hubiese apagado…
- ¿Estas bien?- le preguntó, Lily miraba la nada con ojos vidriosos.
- Si, gracias. Supongo que Eliott deberá contarte lo que sucedió, él conoce la historia mejor que nadie.
De pronto miraron a su alrededor y se encontraron dentro de una catedral, antes de que pudieran siquiera reaccionar cayeron en el mar, inmediatamente después estaban en medio de un desierto.
- Fred, detente- le pidieron al unísono las dos mujeres.
David rompió a reír, pero no había rastro de Fred, tras una duna, apareció un camello y tras este se aproximaba una tormenta de arena.
- ¡Amigo! Sácanos de aquí- le gritó el pirata al camello. Acto seguido volvían a estar en la playa donde arribaron.
- Deja de hacer eso- le pidió la niña. Fred ahora era un niño rubio de la edad de Lilian.
- ¿A dónde quieres ir?- preguntó el niño- ¿a casa?
Al instante siguiente estaban en la ciudad natal de Lily, y un adolescente de cabello oscuro reía al lado de David, este lo alababa y lo instaba a seguir. Ian mareado, vio como el lugar a su alrededor cambiaba, como Fred desaparecía y aparecía siendo otra persona, animal e incluso cosa, David manipulando los elementos le daba un realismo duradero; como resultado al cabo de unos minutos estaban empapados con agua salada, con arena, y escarcha en el pelo.
- ¡Solo, solo queremos ir a tu casa!- le pide Barani corriendo detrás de un pequeño perro junto a los demás.
De pronto estaban de pie sobre ¿el arcoiris? Abajo, una paisaje maravilloso se desplegaba, lo mejor de la naturaleza junto a animales ficticios, un Pegaso bebiendo de un arroyo, un dragón durmiendo en una nevada montaña, unos niños juntando con pequeños querubines, y Fred recostado sobre una nube.
- ¿Qué es este lugar?- preguntó Ian
- Mi casa- contestó el otro con una sonrisa.- ¿Tienen hambre? Tengo manzanas doradas o…
- Frederick… es suficiente por hoy- dijo una voz suave y profunda.
Junto al alocado muchacho, apareció Eliott, que apoyó su mano en el hombro del ilusionista, inmediatamente todo se desvaneció en un remolino de colores y formas. Cuando todo volvió a quedar quieto, estaban en una pequeña calle, a la derecha vegetación y a la izquierda la ciudad, estaban en el mirador de un cerro.
- No me llames así…- le pidió, e Ian observó que volvía a tener la apariencia de cuando se encontraron con él.- esta bien, vamos a casa. ¿Cómo quieren que sea la casa?
- Solo queremos tu verdadera casa, ¿recuerdas que te regalé una muy bonita? ¡No hay ninguna como esa!- dijo Eliott.
Fred parecía satisfecho, y los guió hasta su casa, que resultó ser una construcción muy grande y de una forma bastante rara por decirlo menos, la fachada era de un intenso naranja, y la puerta junto al tejado, escarlata. Cuando atravesaron el umbral se encontraron con un pasillo con varias puertas a los costados, puertas cuadradas, redondas, de madera, de vidrio, azules, moradas; en fin, de todos los tamaños, colores y formas posibles. Al final del pasillo había una puerta doble, de roble tallado, Ian pudo ver las distintas figuras que habían sido esculpidas, pero al centro las que sobresalían eran dos leones rugientes frente a frente.
Entraron, y se encontraron en una amplia sala donde a su izquierda había una chimenea eléctrica encendida, una mesilla con un sofá y dos sillones alrededor; hacía la pared opuesta una vitrina con extraños objetos estaba pegada al muro, y en el centro sobre una alfombra, una mesa de vidrio con seis sillas.
- Tomen asiento- dijo alegremente Fred- ¿Qué quieren comer?
- Comida de verdad, si no es mucha molestia- pidió Barani.
Esta vez, los hombres se tomaron la cocina, Barani junto a Lily sentada parecía bastante nerviosa por el resultado; más que nada por el griterío y escándalo que salía de la cocina, cocina que se encontraba en el largo pasillo tras una puerta verde y cuadrada. Luego de una media hora, comenzaron a disponer la mesa, negándose rotundamente a ser ayudadas por las chicas. Ian acarreaba copas, cubiertos, platos y botellas, además de reproducir los mensajes que los cocineros enviaban. Mas tarde, todos sentados en la mesa, tuvieron una cena realmente exótica, recetas que cada uno aprendió en quien sabe que lugar y tiempo; pero sin lugar a dudas era exquisita.
- Estoy sorprendida, tenía miedo de lo que trajeran de adentro- les dijo Lilian.
- Que feminista… olvidaba que los hombres no sabemos cocinar- comentó David con la boca llena.
- Y aunque así fuera, en cientos de años todos hemos aprendido de todo… bueno, casi- agregó Eliott.
Y como tanta buena voluntad no puede ser gratuita, tras el postre, la limpieza y orden quedaron en manos de las chicas; resignadas hicieron lo que les ordenaban con la ayuda de Ian, que se sentía un poco avergonzado por la actitud de los otros tres. Lily no paró de agradecerle y elogiarlo por su buena disposición, a pesar de que el rubio, un poco incomodo, le insistía en que no era nada. Cuando volvieron a la sala, el pirata y el loco reían y jugaban sentados junto al fuego, en cuanto al otro, parecía absorto en los objetos de la vitrina, pero Ian lo miró con detenimiento, y si su mentor observaba algo era más allá de aquellas cosas.
Eliott levantó la mirada y le sonrió, luego volviéndose al resto les pidió que tomaran asiento. Mientras se acomodaban, el manipulador del tiempo escudriñaba el falso fuego desde la cabecera de la mesa; Ian recordó esa actitud la primera vez que lo vio, creyó que se debía solo al tipo de vida de su mentor, pero ahora cientos de años después la volvía a ver en él, y en ninguno de los otros; era como si de pronto, pareciera increíblemente anciano y joven a la vez, sabio pero ingenuo, luminoso y oscuro… tenía un aspecto ¿Cómo definirlo? Milenario.
- Se que se preguntan porque los he buscado… porque los he reunido- comenzó a decir Eliott con voz suave, queda- No lo hice, como siempre hacía, cuando entró Ian al juego… ¿Por qué ahora?
- Porque nos quieres mucho y nos extrañabas- sugirió Fred.
- Si también, pero para eso solo bastaba visitarlos a cada uno- contestó con una sonrisa divertida, y continuó antes de que el chico pudiera agregar algo más- aunque claro, se que dirás que quería verlos como “familia”… chicos, hace tiempo que hay un pequeño problema; en realidad siempre ha existido, pero… no permitiré que vuelva a ocurrir.
Un silencio preocupado reinaba en la sala, un silencio agobiante, aunque era claro que nadie comprendía que quería decir Eliott, a pesar de ello nadie rompió el silencio.
- Si no fuera necesario no los hubiera molestado, es mi deber quitar las espinas, pero no puedo solo. Además por su seguridad es mejor que sepan lo que sucede, deben entender esta advertencia… es hora que extirpemos esta mala hierba que ensucia el campo.
- Dices que siempre ha existido… entonces ¿Qué ha cambiado ahora? ¿Cuan grave es que recurres y reconoces que se te ha ido de las manos?
- En realidad, subestimé estúpidamente el problema… pero para que entiendan es necesario que les explique como comenzó esto. Solo les pido que no me interrumpan, no es fácil recordar claramente algo que hace tanto tiempo quedó guardado en mi mente; nunca antes la he contado, y ahora escucharan tal cual me fue contada la historia de nuestro comienzo…

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