sábado, 3 de noviembre de 2007

||Las 7 puertas|| Capítulo 3

Lilian

- ¿Uno de nosotros?- repitió mirando a la niña que permanecía mirando el suelo sujetando la mano de Eliott.- ¿Por qué no…?
- ¿Por qué no te dije? ¿Por qué no te he visitado? ¿Por qué una niña? ¿Por qué tu? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas preguntas Ian!- dijo él con un dejo de exasperación en la voz
- Y tú sabes las respuestas…
Eliott lo miró con suficiencia y soltó una sonrisa despectiva.
- Habrá tiempo para tus preguntas más tarde, pero te advierto que solo daré respuestas cuando lo estime conveniente y necesario. ¡No digas nada! Te guste o no me obedecerás- contestó autoritario y luego con un tono más suave pidió- Confía en mí.
Ian asintió sorprendido por la extraña petición, siguió a Eliott que tras hablar con la madre superiora la convenció de llevarse a Lilian por un tiempo.
- Eres realmente bueno persuadiendo- murmuró cuando la niña corrió a buscar sus cosas y ellos la esperaban en el vestíbulo.
- Con siglos de practica cualquiera se perfecciona- se encogió de hombros. Que textual se volvía esa frase en ellos.
- Oye… Lilian es más vieja que…- comenzó a decir en voz baja cambiando abruptamente de tema.
- Tiene más de ocho años- comentó con ligereza- lleva más en esto que tú, pero como te puedes imaginar muchos menos que yo.
- ¿Por qué una niña?
- ¿Quién dijo que lo es o mejor dicho, que lo era cuando la eligieron? – Contestó irónico.
¿La eligieron? ¿Acaso no los elegía Eliott? Entonces, son otros, pero ¿quienes son? ¿Cuántos son? ¿Por qué ellos? ¿Acaso los observaban? ¿Aún los vigilan? ¿Eliott los conocerá? Suspiró, tenía tantas preguntas en mente que debía seleccionarlas con cuidado para no desperdiciar la oportunidad.
Finalmente realizó en voz alta ninguna de las preguntas que surgieron con el comentario de su mentor. Más adelante las formularía.
- Una vez dijiste que se nos concedían habilidades para llevar con mayor facilidad nuestra tarea, asumiendo el compromiso de usarla correctamente ¿Cuál es tu habilidad?
- Pensé que preguntarías por la tuya primero- dijo sorprendido- Te la mostraré cuando salgamos de aquí.
- Nadie nos escucha- aseguró sintiendo como la impaciencia crecía en su interior.
Eliott miró a su alrededor con el ceño fruncido, se relajó cuando Lilian se reunió con ellos.
- No es seguro…- le aseguró con suavidad, dándole la maleta y tomando la mano de la niña.
Se despidieron y salieron al patio. Entre los gritos de despedida de los niños se subieron al auto y se alejaron. Eliott condujo rápidamente hasta la casa del rubio, Lilian parecía encantada con el pequeño castillo que poseía en el corazón de la montaña aislado en parte por un tupido bosque que lo rodeaba con magnificencia.
La nieve cubría parcialmente el techo al igual que los árboles, el pasto comenzaba nuevamente a crecer entre los restos de nieve, aunque hace varios días que no nevaba el aire seguía estando gélido hiriendo el rostro de los tres mientras, tras bajarse del vehículo, caminaban hacía la entrada.
Ingresaron al vestíbulo donde inmediatamente se sintió la calidez de la chimenea, adentro las lámparas iluminaban tenuemente la estancia. Eliott corrió las cortinas para que un poco de luz exterior entrara por el gran ventanal a la izquierda de la puerta principal. Ian ayudó a la niña a sacarse su abrigo, el cual colgó cerca del fuego para que se secara. Cuando Jane entró a recibirlos, se mostró bastante feliz de la presencia de Lilian.
- Lily- llamó Eliott- ¿Por qué no le pides a Jane que te muestre la casa?
La niña asintió tomando su pequeña maleta.
- Tengo una habitación perfecta para ti te la mostraré- comentó Jane tomando de la mano a la pequeña, y subieron las escaleras.
Eliott se ubicó en el sillón de cuero al lado de la gran chimenea, Ian juntó suavemente la puerta y se sentó en frente, lo miró aguardando que hablara.
- ¿Contestarás mi pregunta ahora?- dijo rompiendo el silencio tras unos minutos de espera, en los cuales su compañero contempló el fuego con aire distraído.
- Te mostraré lo que puedo hacer ¿Listo?-
Se puso de pie y se acercó a un rosal que había en un rincón cerca del ventanal, cerró los ojos un momento y suspiró. Ian aguardaba ansioso mirando la planta y el semblante de Eliott. Este con rostro inescrutable puso una mano sobre la mata y para asombro del otro las flores comenzaron a marchitarse hasta caer de la rama, muertas.
- Las has… ¿matado?- preguntó inseguro.
El de cabellos negros negó lentamente y volvió la vista al reloj sobre la chimenea. Cuando miró el reloj se había detenido, se giró para ver a Eliott, pero pronto se percató que un silencio anormal se había apoderado del lugar, no se oía nada en ningún sitio.
- ¿Qué has echo? …- murmuró mirando a su amigo, pero sin siquiera parpadear este se encontraba a su lado en el mismo instante en que el tic-tac del reloj volvió junto a los otros sonidos que naturalmente bañaban el lugar- … el tiempo.
Como única respuesta la silueta de una sonrisa se dibujó en sus labios.
- Tu lo has dicho, la puerta que me fue asignada podríamos llamarla la puerta del tiempo, aunque en realidad allí existe y no, están todos los tiempos y a la vez ninguno… es difícil de entender y más aún de explicar.
- Eres como aquellos súper héroes que pueden detener el tiempo.- comentó infantilmente.
- No, ellos tienen el limite del espacio, mi poder esta sobre el espacio… voy más allá que el espacio-tiempo, en mi mundo solo rige el segundo.- trató de explicar Eliott no muy convencido de sus propias palabras. – en fin, es la idea
- ¿Así es como nos mantienes a nosotros in… vivos? – preguntó reteniendo el termino “inmortales”
- Lo único que he hecho es que el tiempo no avance, pero si un balazo te vuela los sesos morirás, te lo aseguro.
Que dulce para decir las cosas, pensaba Ian mientras su amigo le pedía cenar pues los niños habían comido pero el no y se moría de hambre.
- Eres igual a ellos- murmuró mientras seguía a Eliott que lo arrastraba hacia el comedor y pedía la cena a gritos, cuando le respondieron dejó de reclamar para llamar a Lilian a voces- maldición... Eliott cállate
- La casa es grande y nadie me escucha- aclaró encogiéndose de hombros- además metiendo bulla parece mas llena.
Ian suspiró sentándose a la derecha de Eliott quien se había sentado en la cabecera. Lilian entró a la estancia bastante alegre, exclamando que le encantó la pieza asignada y que la casa es realmente preciosa.
Mientras Lily elogiaba el hogar del rubio, Eliott tosió como algo que sonó a “flirteo” o algo parecido, pero ella no dio señales de haber entendido nada. La cena se sirvió en un aire bastante ameno, los dos visitantes conversaban animadamente tratando de que Ian se uniera a la platica sin mucho existo, a pesar de las pocas palabras, en realidad era mucho más de lo que normalmente compartía, y la sombra de una sonrisa se mantenía en el sereno rostro del chico quien se encontraba realmente a gusto con ellos.
- Bien, creo que si Lilian esta de acuerdo, nos quedaremos compartiendo con el ermitaño un tiempo- anunció Eliott palmeando su hombro. La niña asintió sin dudar dirigiéndole una ruborizada mirada al anfitrión.
- ¿Algún día me preguntarás a mi que quiero?- preguntó cansinamente.
- Pues… no- contestó seriamente para luego romper a reír- Vamos… Lily a la cama.
- Eliott… no soy una niña- refunfuña la pequeña
- ¿A no? Pues lo seas o no, te vas a dormir, ven- aclara tendiéndole la mano que ella estrecha resignada.
Al parecer la niña al igual que él tenían más que asumida la extrema terquedad de Eliott, si algo se le metió en la cabeza no la abandonaría hasta verla cumplida
- Buenas noches Lilian, que descanses- dice Ian besando su mejilla provocando un nuevo sonrojo en la niña y una risa ahogada de Eliott.
- ¡No te rías! – le exigía enfadada cuando el otro simplemente rompió a reír mientras subían las escaleras.
- ¡Lilian no hagas eso!- gritaba entre autoritario y risueño el de oscuros cabellos, pero Ian no podía ver lo que la niña le estaba haciendo.
Tras desearle buenas noches a Jane y Lond subió a su estudio donde descansaba su preciado violín sobre un antiguo piano de cola negro. Se sentó en el pequeño banquito de este último tras limpiarlo y comenzó a jugar distraído con las teclas, tocando inconscientemente melodías antaño aprendidas.
- Dicen que la música es el lenguaje del alma- dijo Eliott frente a él devolviéndolo a la realidad.
- ¿Cómo sabias que estaba aquí?
- Cuando salí de la pieza de Lily me tope con tu ama de llaves- le contó encogiéndose de hombros- hey rompecorazones, tienes totalmente trastornada a Lilian- agregó con picardía soltando una carcajada.
- Estas loco Eliott
- Recuerda que es incluso mayor que tu, y no niegues que es muy guapa la niña.
- Si, pero…
- Pero nada, la pones nerviosa, ¡le gustas hombre!
- Eres tan sutil- soltó irónico- ¿Qué pretendes? ¿Qué me meta con una niña?
- La apariencia no es un impedimento, lo puedo arreglar si eso…
- Eliott – le cortó- no, déjalo ya… ahora puedes responderme ¿Por qué ella?
- Por las mismas razones que fuiste elegido tú- contestó caminando hacia la ventana- pero no creas que esa elección es mía… no, por desgracia o gracias a Dios yo no debo elegirlos…
- ¿Una niña?- volvió a preguntar.
- Cuando la encontré no era una niña, tenía alrededor de 16 años…- dijo contemplando la noche, sus ojos se volvían aún más platinados con el reflejo de la luna- No soy quien para contarte quien y cuando la encontré, esa fue su vida, si quieres saberlo pregúntaselo a ella.
Le sorprendió de sobremanera esa actitud tan respetuosa de Eliott, quizás fuera por el cariño que le tenía a Lilian o porque la vida de ella fue dura, quien sabe, quizás la niña no recordara ya su vida.
- Si no era una niña ¿Por qué esa apariencia?- preguntó luego de un rato.
- La pureza, la inocencia, el paraíso tiene más el rostro de una niña que el de una joven ¿no? … Si hubiera dejado su apariencia original estaría más cerca de la tentación- sonrió- fue un acuerdo, ella acepto pues facilitaba su “trabajo”.
Ian medito las palabras comprendiendo lo que su maestro le dijo cuando la conoció en el orfanato, su puerta era aquella que llevaba a los hombres buenos al descanso eterno, el edén, el paraíso, el cielo.
- ¿Cuál es su poder, habilidad?… lo que sea
- Ella examina el alma de las personas, sabe los verdaderos sentimientos que habitan en tu interior y por supuesto, puede manipularlos… ¿Qué sentiste al verla?
- Primero su mirada me perturbó, pero luego me trasmitió tranquilidad… mucha paz.
Eliott clavó su mirada en los ojos dorados de él y tras un instante de incomodo silencio para el analizado, el de ojos grises rompió a reír estrepitosamente.
- Bueno señor pureza, usted no tiene malos sentimientos… si yo te matara ahora ten seguro que no te irás al infierno.
- Ella alguna vez te ha…
- No logra persuadirme, pero un día por curiosidad dejé que lo hiciera, y adivina que…- Ian se encogió de hombros- estoy irremediable y absolutamente condenado.
Eliott río estridentemente, mientras Ian lo miraba preguntándose como podía reír de algo así, aunque quizás era solo una reacción para ocultar la verdad, aunque con Eliott cabía la posibilidad de que algo tan magno y macabro fuera gracioso.
Luego de una agradable conversación sobre música, en la cual Ian tocó todas aquellas piezas que le pidió el de ojos de luna, se fueron a dormir.

Hace rato que había amanecido cuando Eliott abrió sus ojos, despertado por la risa alegre de Lilian. Miró por la ventana, no había rastro del gran astro y el cielo tenía un fantasmagórico tono gris, el aire gélido hería la piel. Se baño y vistió procurando protegerse del frío exterior al que inmediatamente saldría.
Cuando más tarde, Eliott abrió la gran puerta que daba al patio no pudo menos que sonreír ante la escena que veían sus ojos. Había comenzado a nevar otra vez y una suave capa de nieve comenzaba a cubrir el césped, Ian y Lilian bajo los pequeños copos jugaban en lo que parecía una danza alegórica. Contempló que el primero traía descubierta su cabeza, cuello y manos, el frío hería su rostro y los copos se alojaban en su cuerpo humedeciendo su cabello y ropa, sus manos que jugaban con la recién caída nieve tenían una tonalidad rojiza motivo del hielo que las quemaban.
- ¿Qué hacen tan temprano afuera?- les preguntó tras saludarlos.
- No es temprano, tu te despiertas tarde flojo- le reprendió divertida la niña.
- Solo jugábamos- contestó el chico apartando su cabello rubio ceniza de la frente.
- Vas a enfermarte, abrígate- dijo, sorprendiéndose a si mismo de lo anormalmente paternal de sus palabras. Solo Lilian pareció sorprenderse también, pero solo le dirigió una breve mirada y siguió jugando.
Ian por su parte se encogió de hombros con despreocupación.
- Siempre es igual- comentó Lond al lado de Eliott- el señor siempre sale cuando esta nevando y vuelve completamente empapado y entumido… Jane lo ha reprochado hasta el cansancio ¡pero el niño es terco como mula!
Eliott sonrió y se sentó observándolos jugar. Alrededor de media hora mas tarde Fontenelle les ordenó terminar el juego, entraron para cambiarse, calentarse, y desayunar o más bien almorzar.
Mientras comían Ian se debatía entre si preguntarle a la niña sobre su vida o no, quizás en otro momento, quizás mas adelante, o nunca, esa era la vida de Lilian a nadie mas que ella debía importarle, finalmente la curiosidad fue mayor.
- Lilian…- dijo como saboreando bien las palabras antes de decirlas- ¿De donde eres?
La niña lo miró sorprendida por lo repentino de la pregunta, pero no parecía molestarle. Eliott siguió comiendo absolutamente indiferente.
- ¿Dónde nací?- Ian asiente- pues en el nuevo mundo, América, cuando los pueblos originarios ya habían sido vencidos y las grades potencias europeas administraban estas nuevas y prometedoras colonias. Mi padre cruzó el mar con la esperanza de encontrar al igual que todos, riqueza y gloria. Se caso al año mas tarde con una criolla de buena familia. Y el fruto de ello soy yo.
- ¿Alcanzo lo que deseaba tu padre?
- Los sueños con los que vienen son utopías, les llenaban tanto la mente de fantasías que por poco América se pintaba como un paraíso terrenal. De todos modos a mi padre le fue bastante bien, la tierra americana era medianamente rica en recursos sin explotar y mi padre era un hombre inteligente que supo triunfar.
- ¿Cómo fue tu vida?
- Como dictaba la época, siguiendo las reglas, entrando a la adolescencia encontré de inmediato un prometido que me aseguraría el mas maravilloso de los pasares... pero no llegué a casarme.
- ¿Eliott…?- intuyó acertadamente.
- Si, el día de mi cumpleaños numero dieciséis apareció un mozo gallardo, adinero e irrealmente atractivo- miro de soslayo a Eliott, pero este parecía ajeno a la charla- el cual se mostró interesado en mi persona. Yo me mostré muy atenta con el recién llegado, provocando los celos de mi prometido, pero no me importaba, por sobretodos las cosas, no quería casarme con él.
- ¿Por qué?- preguntó sonriendo para si ante la descripción de la aparición de su mentor.
- Por que niña como era, deseaba casarme por amor, y a mi prometido lo aborrecía, quizás con este recién llegado tuviera más suerte.
Ian contemplo a la niña que le hablaba como una mujer adulta, era extraño ver a ese frágil e inocente ser hablar con ese tono tan experimentado, tan maduro, era simplemente contradictorio.
- ¿Qué hizo Eliott?- preguntó al fin
- Primero como todo caballero, converso con mi padre y lo alabo a él, a la familia, a mi…- suspiro- con ese manejo que tiene con las palabras le cayó en gracia a mi padre, lo adoro simplemente, y tras la petición de Eliott de querer charlar conmigo, mi padre acepto- riendo agregó- no se que le habrá dicho pero mi papa confió ciegamente en él, al colmo de dejarlo solo con su única hija.
Ian entretenido con el relato de la niña, mantenía sus codos apoyados en la mesa sosteniendo la cabeza con sus manos entrelazadas.
- A este desgraciado le bastaría su lengua para convencer al diablo- comentó mordaz.
- Su lengua y una sonrisa- agregó ella riendo, Ian arqueó una ceja interrogativo- Eliott se ha visto al espejo ¿sabes? Todas las damas eran sumamente atentas con él, incluso mi madre era más cortes de lo normal. Bueno, no solo ellas, siempre es lo mismo, no importa la época ni el lugar… No sé si será conciente…
Lilian miró donde estaba sentado Eliott pero este ya no estaba. Ninguno de los dos notó cuando los dejó solos, pero Lily sin darle vueltas al asunto continuó su frase inconclusa.
- en fin… con intención o sin ella, conciente o inconsciente, Eliott tiene todas las herramientas para conseguir lo que desee.
- Una vez que estuviste a solas con él, ¿de que hablaron? – preguntó para retomar el curso de la conversación.
Lilian vaciló y miró la silla que momentos antes estuvo ocupada, tras un suspiró en silencio bajo la vista mirando sus manos. Ian no podía ver su expresión, pues sus rulos caían sobre su rostro.
- No se si debo contarte- murmuró por fin tras un minuto de silencio.- Pero puedo decirte que a diferencia de lo que yo esperaba no coqueteó, tras unos minutos de conversar trivialidades me contó sobre… bueno… sobre todo esto. – Alzó la vista y lo miró- ¿También a ti Eliott?…
Se detuvo al encontrarse con unos penetrantes ojos de plata que la miraban.
- ¿También yo que?- preguntó con tono despreocupado, pero Ian vió que su intimidadora mirada era una muda advertencia.
Lilian lo miraba pero no a los ojos, le temblaba el labio inferior cuando abrió la boca pero la cerró sin haber pronunciado palabra.
- ¿Cuándo te fuiste?- preguntó Ian para desviar el tema.
Eliott contesto con la vista clavada en la niña que se paró cuando el par estaba entretenido con la conversa.
- ¿Dónde estabas?
- En tu casa- dijo como obviamente ya sabia Ian.
- ¿Por qué te fuiste?
- ¿De no hablar nada ahora no te callarás? Pareces un niño de seis años con tanta pregunta- le cortó con brusquedad y murmurando un “permiso” salió del comedor.
Ian miró a Lilian tratando de encontrar una explicación, pero la niña seguía con la mirada fija en la nada.
- ¿Qué ibas a decir? ¿Por qué esa mirada de Eliott? ¿Por qué estas asustada? ¿Qué ocurre? – preguntó medio harto, no entendía nada.
- Eliott intervino porque consideró que la conversación no podía seguir- suspiró- quien debe instruirte es él, yo iba a rebelarte mas de lo que por ahora debes saber… sabía que debía callar ¿Estará molesto?- pregunto más para si.
Ian frunció el ceño un tanto ofendido, ¿Lo que debía saber? Que se suponía que significaba eso, él no era un niño al cual hay que adornarle la verdad ¿Y porque carajo Eliott elegía lo que le incumbía saber y lo que debían hablar? ¡Al diablo! Iba a preguntarle que pretendía de todo esto.
Olvidándose por completo de la niña salió del comedor y comenzó a buscar al susodicho por la casa, encontrándolo finalmente al otro extremo de ella en un pequeño balcón en el segundo piso que daba al jardín trasero.
- Eliott, explícame que ocurrió allá abajo- Dijo, este volteó y se lo quedó mirando en silencio, un poco inseguro preguntó- ¿Estás enojado?- una suave negación de cabeza por respuesta- ¿Por qué no dejaste que siguiera?
- Por qué aun no es tiempo, no estas preparado Ian- contestó- y antes de que digas nada, te guste o no, yo decido hasta cuanto sabe cada uno… así es la vida niño- dijo con una sonrisa burlona.
Ian lo miró en silencio sin decir nada, con su rostro y mirada serenos como siempre, aunque últimamente su serenidad se veía alterada con Eliott, sin sospechar que la situación empeoraría.
- Quiero que hagáis sus maletas, nos iremos de aquí- soltó de pronto el de cabello negro.
- ¿Qué? ¿Por que?- preguntó curioso.
- Por nada en especial, pero nos iremos por un largo tiempo, dile a Lilian que no se preocupe, mas tarde le compraremos ropa y arreglaremos los asuntos legales.
- No se porque ese arreglo de asuntos legales me suena tan ilegal.- murmuro quedamente.
Eliott le regalo una sonrisa traviesa como respuesta y le ordeno que fuera inmediatamente a preparar todo para el viaje. Resignado y sin gastar energía en preguntas que no tendrían respuestas, pues era una “sorpresa”, obedeció pensando en que si antes detestaba las sorpresas pronto las odiaría mas que nada en el mundo.

Lilian e Ian preparaban sus maletas y todo lo necesario para un largo viaje, largo según Eliott, ¿Cuanto era eso? ¿Una semana, un mes, un año? había que estar preparado. El de cabello azabache salió a arreglar asuntos pendientes, y regresó cuando la noche ya caía, cenaron entre preguntas sobre el viaje que por supuesto Eliott no contestó, aumentando la curiosidad en los otros dos, curiosidad que por cierto le divertía particularmente.
- ¡Dios! Vieran las caras que tienen- decía entre risas y Lilian enfurruñada murmuraba algo por lo bajo.
Dado que la niña y el anfitrión habían despertado temprano y habían estado jugando, y luego alistándose para el viaje, cenaron y se fueron a dormir de inmediato.

Cuando por fin Eliott estacionó su lujosísimo auto, era más de medianoche. Habían salido junto con la alborada, avanzando a gran velocidad tan solo haciendo unas breves paradas para cargar combustible, comer e ir al baño. Lily dormitaba, Ian miraba silencioso el paisaje que le ofrecía la carretera, y Eliott cantaba junto a la radio melodías que iban desde la música clásica, pasando por el jazz llegando hasta el metal.
Ahora se encontraban en el centro mismo de la capital, estacionado frente a un gran edificio, donde Eliott tenía un apartamento.
- ¿Aquí vives?- preguntó Ian cuando entraban al edificio.
- No, esta es una de mis casas… - contestó.
- ¿Cómo haces para darte tanto lujo?
- Igual que haces tú, con la fortuna de tu azul linaje
- mm… pero ¿como haces para que no te descubran? O sea, siempre es la misma persona…
- ah... es que mis hijos se llaman igual a mi- rió Eliott- ¿crees que realmente alguien se fija en tanto detalle? Y si se da el caso no me queda más que convencerlo. El mundo es cada vez mas turbio que antes- agregó maliciosamente abriendo la puerta del apartamento que resultó ser bastante grande. Amueblado y decorado exquisita y modernamente, el amplio departamento contaba con tres dormitorios, dos baños, una cocina estilo americano, un living, una pequeña terraza en el balcón; en fin, lo único que no tenía era un comedor, pero con el mesón de la cocina bastaba. De hecho el lugar era demasiado amplio para una persona.
-Tu llevas mucho mas tiempo que yo y no tienes cara de ahorrar...- continuó la conversación tras darle una mirada al lugar.
Eliott se encogió de hombros, contestando que el dinero provenía de subastas, ventas, “descubrimientos arqueológicos”, entre otras muchas actividades; sacadas de todos los objetos y lugares que usó y que, con el paso de los años eran reliquias invaluables, y claro, siempre estaba el trabajar honesto y sacrificado.
- Por supuesto que hay cosas que conservo para mi, más por un valor sentimental que nada- reveló teatralmente.
- Aja…- murmuró escéptico Ian, recorriendo el lugar: la primera habitación resultó ser una especie de estudio, la segunda el dormitorio, y la última estancia, la habitación mas amplia, estaba atestada de estantes con libros, de los cuales algunos tenían la apariencia de que al menor contacto se pulverizarían.
- No puedo evitarlo- confesó Eliott deteniéndose a su lado, mirando los libros con falsa culpabilidad.
- Este lugar, todo esto, ¿no encuentras que es demasiado?, ¡eres tu solo!
- ¡Nunca se sabe cuando llegaran visitas!
Lilian se acercó a ellos y tirando del brazo de Eliott murmuró media dormida que necesitaba descansar, él la llevó hasta su habitación dejándole su cama a la pequeña, quien apenas apoyó su cabeza en la almohada cayó rendida. Eliott se quedó mirando a la niña dormida con una suave sonrisa dibujada en sus labios, luego se inclinó para besar su frente y murmuró algo que Ian no escucho pero que se imaginó era una bendición o un “dulces sueños”.
Ian volvió al living y se dejó caer en uno de los sillones mirando la estancia distraído, mientras su mente divagaba en lo profundo de sus recuerdos. Sin proponérselo se vió de niño, jugando en un hermoso día de verano, sumergiéndose en el estanque del jardín, sentado en el tejado donde se encontraba su habitación, contemplando el plenilunio recostado en el césped; a su madre llamándolo, abrazándolo, besándolo, hablándole, sonriéndole, cantándole… que hermosa era su madre, con su larga melena rubio platinado, sus ojos color cielo en un día de verano, su dulce voz, sus delicadas y pálidas manos, su calida sonrisa… mientras estuvo viva fue su ángel guardián, pero por desgracia murió demasiado pronto, tras ello, su vida dio un vuelco. Desde ese día en adelante la soledad se transformó en su mejor amiga.
Bostezó, dándose cuenta de lo cansado que estaba. El departamento estaba en completo silencio, miró a su alrededor topándose con la figura de Eliott que acababa de entrar y en ese momento se estiraba bostezando. Se preguntó mentalmente por el horario mirando a su alrededor en busca de un reloj, pero ahora que lo notaba no había visto un solo reloj en toda la casa. Cuando le preguntó al anfitrión, este le confesó sobre su fobia hacia esos aparatos.
- El señor del tiempo odia los relojes- comentó Ian pensando en lo paradójico del asunto.
- Odio el tictac, además, yo controlo el tiempo, no necesito un objeto que me indique lo que domino… Mientras estés conmigo nada de relojes.- Ian arqueó una ceja pero asintió sereno.
Ahora que recordaba, ya entendía porque su reloj de pulsera había desaparecido; y él creyendo que lo había perdido, siendo que en realidad fue destruido… o quizás vendido.
Eliott se sentó frente a él y le contó mirando hacía afuera que solo poseía un reloj, uno de bolsillo, que el mismo había construido como recuerdo, pero no indicó en que consistía el mismo e Ian se abstuvo de preguntar pues estaba seguro de haber visto por un instante un relampagueo de dolor en los ojos de luna; en su lugar preguntó si algún día podía verlo a lo que su mentor asintió.
Morfeo no tardo en llegar y ellos se dejaron envolver por su encanto de inmediato.

Ian zarandeaba a su compañero que se resistía a despertar, por fin tras unos instantes preguntó la hora sin moverse ni abrir los ojos.
- son las 11 de la mañana- le contestó- hay un hombre a bajo que dice que pediste un taxi…
- ¡mierda! ¡Perderemos el avión!- dijo saltando, corrió al baño gritándole a Lilian que se levantara inmediatamente. Luego, pasó por la sala y le lanzó un montón de papeles a Ian pidiéndole que los guardara.
Son las 11 y media, el trío esta en el aparcamiento sacando las maletas del auto de Eliott para meterlas al taxi.
- ¿Por qué no me dijiste que íbamos a tomar un avión?- le preguntó el rubio
- Porque… eso no importa, solo ayúdame ¿quieres?- contestó un poco malhumorado y acelerado- ¡Lilian metete al auto y deja de estorbar!
La niña obedeció sin antes gritarle mordazmente: el señor del tiempo llegará tarde y perderá el avión.
Eliott le dirigió una mirada airada y cerró el capó de su auto, Ian se subió al taxi con el bolso de mano y suspiró resignado.
Era un poco más de mediodía y el trío irrumpe en el aeropuerto corriendo escaleras arriba. Eliott sacaba los pasajes, pasaporte, cedulas de identidad, entre tantos otros papeles mientras se aproximaba a la aduana. La mujer revisó los papeles y Eliott la apremiaba para que se apresurara tirando las maletas a la banda, estaba todo en orden. De alguna manera, Eliott consiguió todo sin pedirle nada a Ian y a su “hija” Lilian, de la cual según señalaba un papel judicial era el tutor.
Media hora más tarde el de ojos grises le entregaba a la azafata los pasajes, quien ignorando la fila tras ellos elogió a Lilian.
- ¿Ustedes son hermanos?- preguntó luego mirándolos con una sonrisa coqueta, Eliott riendo negó, contestando a su vez que solo eran amigos- ¡Vaya! Siendo los dos tan guapos, pensé que eran familiares.
Ellos sonrieron y Lily gruñó mirando celosamente a la azafata, los muchachos se despidieron e ingresando al avión se dirigieron a sus asientos.
Ian guardó los bolsos en el compartimiento superior. Lilian estornudo desde su asiento.
- Lo siento Lily, se que te dan alergia los pobres, pero esta vez tenemos que viajar así- dijo con falsa seriedad Eliott palmeando el hombro de la niña.
El rubio suspiró y se sentó, definitivamente su compañero era un caso especial, pero habían logrado tomar el avión, hecho que no lo hacia sentirse precisamente relajado, ahora que lo pensaba no había visto el destino en el pasaje, ¡demonios! Debería haberlo mirado, resignado se reclino en el asiento, no quedaba mas que seguir a su mentor.

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