Cuando el sol del domingo pasaba del mediodía Cristina empezó a abrir los ojos lentamente acostumbrándose a la luminosidad de la habitación, cuando se dio cuenta de que no estaba sola, se encontraba recostada en un fuerte y amplio pecho, y unas manos se cernían alrededor de su cintura de manera protectora y posesiva.
“¿Pero qué demo..?” empezó a pensar pero en ese instante volvió a quedar atrapada en las facciones del chico, tenía una expresión de dulce gozo que le daba un aura de ternura imposible de apreciar cuando estaba despierto, lo único que le molestaba era no poder contemplar los hermosos ojos que se encontraban tapados por sus párpados. No se dio cuenta cuando unas esmeraldas le devolvían la mirada, se encontraba tan absorta que parpadeo confundida y cuando comprendió lo que pasaba, Frank la mirada con una sonrisa pícara en el rostro.
- ¿Te gusta lo que ves? – le pregunta
- Eh...- empieza a decir haciendo que sus mejillas tomen un adorable tono rojizo
- Te vez muy guapa ruborizada - Dice sin dejar de sonreír.
- No digas tonterías- le dice rehuyendo su mirada y tratando de reincorporarse, pero el músico no afloja el agarre – ¿podrías soltarme?
- No, gracias- deniega – yo estoy muy cómodo así.
- Pero yo no – contesta Cristina
- ¿Acaso te pongo nerviosa?- le pregunta acentuando su sonrisa
- Repito: no digas tonterías – responde.
- En el fondo sabes que no es una tontería- aún así, decide soltarla.
- Cree lo que quieras – le dice dirigiéndose a la cocina para preparar algo de almorzar– ¿arroz o fideos? – le pregunta
- Fideos, no me arriesgaré a que se queme el arroz, no va conmigo.
- Yo pensaba todo lo contrario- le dice burlona
Pone rostro ofendido- Que cruel... si quieres puedo demostrarte que te equivocas.
- Prefiero quedarme con la duda y así te puedo presentar a un par de amigos míos-
- ¿Un par de amigos?- Dice pasándosele por la mente mil y una cosa.
- Si – contesta Cristina- Son inteligentes, fuertes y guapos, además tienen bastantes contactos que me han echado una mano varias veces y yo a ellos -
- ¡Oh por Dios!- dice horrorizado dando un salto hacía atrás- media orgía.
- ¡¿Pero que estupideces estás pensando?! – exclama escandalizada- ¡Alex y Bill son amigos míos desde la infancia que trabajan en la policía secreta!-
- Mm.. pues no me los presentes, pues correrá sangre- dice dándole la espalda- así como tu tienes tus contactos, soy amigo de traficantes y asesinos que “tu” gobierno no ha podido atrapar.
- No me extrañaría- dijo Cristina – si el vendedor de boletos del parque es uno de los más buscados traficantes de armas de los últimos 10 años-
- A que no adivinas que me regaló para mi último cumpleaños... Una “Volcanic”de palanca producida por la empresa Smith & Wesson cuando la empresa todavía se llamaba “Volcanic Repeating arms co”. Me pregunto cuantos modelos quedarán...
- Ni idea – responde Cristina – ya están listos los fideos- le avisa sirviéndole en un plato en la pequeña mesa de la cocina y dejando al lado un pocillo con sala barbiquiure y otro con ensalada de tomates con palta y lechuga.
Mira el plato de ensalada y luego a Cristina, y con tono infantil le dice- ¡No me gusta el tomate!
- ese no es mi problema- responde Cristina sirviéndose tranquilamente una porción – tu fuiste el que vino aquí sin avisar-
- ¡Tu dejaste que me quedara!- y agarrando una rodaja de tomate con la mano se la tira en la cara.
La abogada se quita decentemente el trozo de tomate y toma el pocillo de la ensalada y se la da vuelta sobre la cabeza.
- ¡Y ahora me dejaste sin ensalada!- se para y se limpia sobre la alfombra, luego la mira y le saca la lengua.
- ¡No manches la alfombra!- le reta – ¡es una de las primeras cosas que compré con mi primer sueldo!-
- ¿Te digo que compre yo con mi primer sueldo?- Dice dándole la espalda- un kilo de pan.
- ... – Cristina no contesta porque la vergüenza le cubre el rostro. Una vida difícil sin duda debió haber pasado aquel chico frente a ella, y un poco dubitativa se acerca por detrás para luego abrazarlo torpemente.
Frankie sorprendido se sonroja, y esbozando una sonrisa cierra los ojos, para sentir el abrazo de esa chica, que no era tan fría después de todo.
Cristina se recuesta sobre la espalda aspirando el aroma varonil que desprendía Frank provocando que un cosquilleo ascienda por toda la parte de su vientre para luego explotar en un millón de nuevas sensaciones que recorrieron todo su cuerpo logrando que su corazón se acelerara irremediablemente. Para el chico no pasó desapercibido las reacciones de Cristina, sintiéndose complacido porque era él quien se las provocaba.
Leigh se da lentamente la vuelta para quedar frente a frente, todavía abrazado por ella.
- Cristina...- susurra suavemente en su oído logrando que se estremeciera completamente.
- ¿Si...?- pregunta mientras que se cuestiona el porqué de esas sensaciones tan confusas para ella.
El celular de la abogada destruye la mágica atmósfera, el músico volviendo a su tono risueño le dice- Será mejor que contestes el teléfono... Comeré los fideos que de seguro ya se enfriaron.
Y sin esperar respuesta se separa de ella y se sienta a la mesa. Cristina se queda parada durante un instante tratando de reaccionar pero el teléfono seguía sonando y ella sin contestar.
-¡Cristina ya deberías de contestar!- le grita Frank desde la cocina haciendo que ella se sobresalte y corra a contestar.
- ¿Qué quiere? – responde fríamente y con un pequeño toque de intimidación.
- Jefa, habla Brown- responde su empleado
- Brown, ¿has encontrado algo sobre aquellos delincuentes? – le pregunta adoptando su tono serio de reconocida abogada.
- Parece que no eran sólo simples delincuentes queriendo borrar sus rastros- le responde
- ¿A qué te refieres con eso?-
- Pertenecían a una secta- empieza a contar – y los nombres que escuchaste son de unos hombres muertos hace por lo menos 23 años.
- Grimberg...- dice suavemente dándose cuenta de lo que significaba ese apellido, se asoma un poco para poder ver a Frank comiendo los fideos y luego volver junto con Brown
- Al parecer tu padre fue quien se encargó de ese caso en ese tiempo y quien guardó los datos – le informa
- Gracias, Brown-
- De nada jefa, ud. ¿Ha encontrado algo?- le pregunta
- Eh... No nada aún, estoy trabajando en ello – contesta la chica
- ¡Hey princesita! Esta bueno esto, ¿porque no me das más?- grita desde adentró Frankie.
- ...-
- ...-
- Jefa...- empieza a decir el empleado como no creyendo lo que escuchó
- Tu no has oído nada- le advierte amenazante- nos vemos más tarde-
Cristina cuelga y se frota la sienes con los dedos dirigiéndose hacia la cocina tratando de calmarse.
- Si quieres más háztelos tú mismo – le responde – hay otro paquete en la despensa –
- No es mi casa, así que no puedo llegar y sacar cosas ¿no?- Dice extrañado por la cortante respuesta de ella- Si quieres me voy...
- No- dice Cristina- lo siento, tienes razón- agrega sacando otro paquete y empezando a llenar la olla nuevamente con agua para ponerla a hervir. Mientras que Frank se le queda mirando, siguiendo cada movimiento con la mirada, como si quisiera grabar cada momento.
- ¿Pasa algo? – le pregunta Cristina empezando a echar los fideos dentro para luego empezar a revolver con un cucharón.
- No, nada- Responde moviendo la cabeza para despejarse y luego sonríe, para después pararse y acercarse a Cristina por detrás, agarrar con una mano su cintura y con la otra ponerla encima de la que revolvía los fideos, haciendo que a la chica se le cortara la respiración.
- Frank...- empieza a decir nerviosa.
- Sólo te estoy ayudando – le dice.
- Puedo hacerlo sola- contesta con el mismo tono
- Pero yo quiero ayudarte- insiste él.
Cristina no logra decir nada, así que sólo se resigna y luego recuerda la reciente conversación con su asistente:- Grimberg...- susurra
El músico se aparta bruscamente- Ese era mi apellido... ¿porque me llamas así?
- lo siento Frank- se disculpa ella – pero debo preguntarte algo, es importante-
- ¿De que se trata?- Dice despreocupadamente, aunque se sintiera un poco tenso, ante el recuerdo de su “pasado”.
- Cuando llegué ayer en la noche a casa de mi fallecido padre- empieza diciendo- escuché que los supuestos asaltantes, buscaban información para borrar su rastro de un asesinato a dos hombres...- continua y lo mira directamente a los ojos – unos de ellos se llamaba Francis Alberti y el otro Xavier Grimberg- Frank no dice nada- ¿Tú tienes algún tipo de relación con aquel hombre? –
- Si- dice y camina hacía la ventana- Era mi padre.
- Lo lamento – dice acercándose a él y poniéndole una mano en el hombro.
- No lo sientas, yo no lo siento- Dice sonriendo, pero sus ojos están más azules que verdosos- Murió antes de que yo naciera, no lo conocí.
- Entiendo- dice Cristina- yo tampoco conocí a mis verdaderos padres, pero es por él que me hice abogada-
- ¿Que? ¿Eres adoptada?- Dice sorprendido.
- Si, viví en un orfanato hasta los 6 años y luego los Señores Highsmith me adoptaron - le contaba Cristina- a los 15 supe que mi verdadero padre fue enjuiciado por un Juez y fiscal pagados, murió luego de tres días, ya que lo condenaron a muerte – ella suspiró – y por eso quise hacerme abogada, luego fiscal; para que nadie más tuviera que morir por una corrupción.
- Motivo contundente- Murmura pensativo. “Apostaría un departamento en Cancún, a que luego de esa verdad se volvió la princesita de hielo”- ¿De que fue acusado tu padre?
- No lo sé – responde – de hecho ni si quiera sé quién es mi padre biológico, eso me lo contaron mis padres adoptivos –
- Hay algo que no entiendo- Dice recibiendo el plato con fideos- ¿Que pinta mi padre en todo esto?
- Eso es algo en que tengo trabajando a todo mi departamento – responde Cristina – lo único que pude averiguar es que los “asaltantes” son miembros de una secta.
- ¡Una secta satánica!- bromea Frank, sin saber lo cerca que estaba de la verdad- Te preocupan más mis raíces que a mi.
- Es que puede que allí esté la clave de porqué lo mataron y de porqué es tan importante para que 23 años después aún quieran borrar sus rastros y hallan tenido que asesinar al oficial que se había hecho cargo del caso- le dice seriamente.
- En algo turbio debió andar metido el fiam… ¡digo! mi padre, de ahí viene lo mío.
- No juegues con eso – le reta Cristina – esto puede tener mayor importancia de la que podríamos creer, en un juicio de simple estafa descubrí que estaba metiéndome con toda una mafia de ladrones y contrabandistas-
- Si lo se, metiste a un amigo mío a la cárcel… en mi barrio no eres muy querida ¿sabe “señorita justicia”?
- Creo que John Stuart fue un ejemplo de ello- dice la abogada.
- Mm... mientras este yo no te pasará nada. A pesar de lo malo y turbio que son, me tienen un cariño especial- ríe- ¡soy el hijo del pueblo!
- No lo pongo en duda- contesta Cristina
- Creo que estas alarmándote, conozco el barrio negro como la palma de mi mano. Los tipos que viste ayer, no son de allá.
- Eso me intriga aún más entonces- responde yendo a buscar lápiz y papel, para luego dibujar un símbolo que era un ojo con dos alas– ¿lo has visto alguna vez?
- En mi vida… ¿Que es esto? Algo como “el código Da Vinci”?- Dice riendo despreocupadamente.
- Espero que no- responde- realmente espero que no.
- Mm... sigo pensando que te preocupas por nada- se encoge de hombros- Yo me voy, los chicos ya deben preguntarse porque me he tardado tanto.
- ¿En serio?...es decir...nos vemos después entonces- se corrige rápidamente
La mira y luego ríe alegremente- ¡Ay! Princesita, me vas a matar un día de estos- Toma su chaqueta y camina hacía la puerta.
- Sólo vete- le dice desde la cocina
- ¡Olvídame cariño!- y para no escuchar la respuesta sale rápidamente, antes de que un cojín se impactara en su rostro.
- Tonto...- dice en voz baja pero esbozando algo parecido a un intento de sonrisa.
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