miércoles, 28 de noviembre de 2007

||Fran y Cris|| Capítulo 4

Al día siguiente Cristina se levanta desanimada, en su rostro se pueden apreciar un rastro de lágrimas que no pararon de correr hasta las 3:00am, se mira en el espejo y no puede evitar pensar en lo estúpida que fue al aceptar comenzar con todo eso.
“Sabía que esto terminaría mal” se dijo y el reflejo le contestó con una sonrisa de desprecio “pobre ilusa, ¿aún no te resignas a ser la princesita de hielo que eres?”
“¡cállate!” le grita
“¿Por qué tendría que callarme?” le pregunta “¿por qué te hace daño? ¿Por qué te duele la verdad? No lo creo”
“No me duele” contradice
“Claro que te duele pequeña hipócrita” continuando con el tono de desprecio pero con un sabor a burla mezclado “sino ¿por qué lloraste patéticamente hasta las 3:00 de la madrugada?”
- ¡¡¡¡¡CALLATE!!!!!- grita desesperada golpeando el espejo con el puño haciendo que se quiebre en mil y un pedazos, además de provocarse una herida que emanaba sangre profusamente- no me duele...- dice en apenas un susurro.

Es más de mediodía, Frank se encuentra dormido sobre un escritorio, con el computador prendido, y papeles a su alrededor. Edward ha despertado hace solo un momento y se acerca a su amigo, en su mano hay un lápiz apoyado en una hoja en la que anotó una dirección y el nombre “Cristina”. Pone su mano sobre el dormido chico, aún estaba húmeda su ropa, eso significaba que llegó hace tan solo unas pocas horas, y estaba claro que se había quedado despierto buscando el “paradero” de la abogada. Lo tapó con una frazada y lo dejó dormir.
“No puedo imaginarme a este Don Juan enamorado... puede que solo se sienta responsable o que le haya tomado cariño, pero Frank no sabe amar” Piensa Edward, no muy convencido. “Nunca has podido luchar con tu talón de Aquiles, amigo mío”.

En esos instantes la abogada se encontraba recibiendo una llamada de su padre:
“Cris, ¿por qué no vienes a ver a tu anciano padre?” le pide
-No lo creo Padre, tal vez otro día- responde cansada
“pero mi niña... por último por qué no vienes a tomar el té después del trabajo” le tienta
-De acuerdo- responde -nos vemos en la tarde- y cuelga sin esperar respuesta. Se masajea los ojos y luego el pelo para después entrar en la ducha. Cuando sale, su mirada seria y fría vuelve a su rostro, pero por dentro, su alma se encuentra destrozada.
El día corre sin ninguna novedad hasta que llega la hora de visitar a su padre.
Se monta en su mercedes y maneja hasta llegar a la mansión de su padre, entra en silencio, pero unos gritos la alertan. Corre rápidamente a la segunda planta de la casa con una opresión en el pecho, cuando llega a la sala de donde provenían los alaridos escucha una singular conversación entre los que creía simples asaltantes.

- Sólo danos los informes viejo y no te sucederá nada – le amenazaban con una pistola en la parte trasera de la cabeza – sólo necesitamos los datos del asesinato a Xavier Grimberg y Francis Alberti –
- Yo no sé de que me hablan – les contesta sin demostrar miedo alguno
- ¡Mentiroso! – exclama abofeteándolo
- ¡¡No te atrevas a golpearlo!! – grita furiosa Cristina entrando a la sala.
- Lo haré si quiero preciosa – le advierte apuntándole con el arma.
Cristina se queda quieta mirándolo desafiante mientras que uno de los tres encapuchados se acerca a ella relamiéndose los labios y dándole una repasada por todas sus formas, a lo que el padre reacciona.
- ¡¡¡No te atrevas a tocarla!!!- le grita y en el instante en que hace el ademán de pararse un disparo resuena por el lugar.
- ¡¡¡¡¡¡Papá!!!!!!! – grita desesperada al verlo desplomarse en el suelo.
- No te muevas si no quieres tener su mismo fin – le advierte el último encapuchado sacando también su arma.
- ¡¡¡Malditos bastardos!!!- grita al mismo tiempo que nuevas lágrimas volvían a brotar de sus ojos.
- A ver, Señorita, creo que sería bueno que modulara su vocabulario si es que no quiere acabar como el cadáver frente suyo, y también seria bueno que cooperara- le advierte
- ¡¿Qué cooperara?!- dice uno de los otros – ¡¡el único que sabía sobre esos datos era el viejo!!-
- Entonces ella no nos sirve para nada- exclama
- Yo creo que si nos puede servir para algo – propone quien le dio el repaso a la muchacha con un claro significado.
- No te atrevas a acercarte a mi – le advierte sin demostrar en su rostro el miedo que la empezaba a corroer, pero el reflejo involuntario de dar un paso hacia atrás la delató.
- ¿Tienes miedo? – le pregunta burlón empezando a delinear la figura de la chica con un dedo hasta llegar a la base del cuello y empezándolo a rozar repetidamente con el pulgar. Ante este gesto Cristina reprimió una expresión de puro asco en su rostro.
- Eres un cerdo – le escupe en la cara
- Y tu una puta con muy buen culo- le dice apretando la parte dicha con ambas manos, para luego agarrarle de la cintura y empezar a besarla a la fuerza, en eso la abogada logra ver un extraño símbolo tatuado en el antebrazo del agresor.
- Ya basta – le ordena otro de los encapuchados logrando que se detuviera– no es momento para jugar con perritas –
- No lo sé...- dice juguetón sacando un cuchillo y empezando a acariciar sus formas lentamente hasta llegar al escote – antes le dejo un regalito que no olvidará fácilmente- para luego desgarrar la polera pasando a llevar parte de la piel de Cristina, quien no puede evitar soltar un grito de dolor al enterrarse el cuchillo en su carne.
- Adiós- le dicen burlonamente los tres desconocidos, para luego desaparecer.
- Nos veremos idiotas, pero será con ustedes tras las rejas y yo del otro lado- les asegura antes de que el último abandonara la sala.
Cristina saca su celular de la cartera arrojada unos metros lejos de ella para llamar a la ambulancia, y luego a la policía. Después sólo pudo quedarse sentada con la mirada perdida en el cuerpo de su padre y los brazos alrededor de sus piernas.

Son las diez de la noche y en la casa de los “Black House”, Ed y Bryan ven una película. Frank se levantó hace solo un momento y se está dando una ducha. Cuando el film es interrumpido por un “extra”.
“A las 8:45 pm fue asesinado el padre de la prestigiosa abogada Cristina Highsmith...”
Ed y Bryan se miran alarmados.
- ¡No puede ser!- exclama Frank tras ellos, con solo los pantalones puesto y la toalla alrededor de los hombros.
Nuevamente el vocalista, se viste y sale corriendo, esta vez en su moto. Que acababa de llegar del taller de reparaciones.
- Espero que Frankie no vuelva a chocar la maldita moto- Dice Bryan.
- Me importa más lo que hará él cuando llegue allá...- Murmura Edward.

Después de conducir con exceso de velocidad y saltándose cualquier señalización del tránsito. Toca la puerta del lujoso departamento de la mujer.

- ¿Quién eres y qué quieres? – pregunta una voz entre fría y como aguantando un gran dolor físico.
El músico se muerde el labio y tras un suspiro le dice- Soy yo, princesita.
- ¿A qué has venido? – le pregunta entreabriendo la puerta pero sin quitar la cadena.
- Tendrás que abrirme si no quieres que derribe la puerta- dice tras una sonrisa.
Cristina suspira con cansancio para luego cerrar brevemente la puerta y hacerlo pasar:
- Entra-
Pasa, y echa una rápida mirada al departamento. Pulcro y lujoso, nada que él antes haya visto en vivo.
- Vi lo que sucedió en las noticias... lo lamento.
- No tienes porqué hacerlo – le contesta cortante, para luego con dificultad sentarse en un sillón y ofrecerle al otro que la imitara.
Frank se sienta a su lado y la mira largo rato, como queriendo ver más allá. Esta vez su rostro esta completamente serio, más bien, preocupado. Sumándosele un aura de tristeza que la envolvía completamente.
- Se que estas sufriendo y que soy el último desgraciado que querías ver hoy... pero me preocupas...no se que escuchaste la otra noche, pero ahora no me importa...
- Tienes razón, ahora eso tampoco tiene demasiada importancia para mí – responde sin emoción en la voz.
Se acerca a ella y le toma la mano, al hacerlo ve la herida en la mano y antebrazo de la chica. Mira un instante, y busca sus ojos, pero ella no lo mira.
- ¿Cristina que es esto? ¿Te lo hicieron ellos?- Dice con un tono que ella jamás había oído.
- No- le contesta rehuyendo su mirada- ellos me hicieron algo peor – agrega empezando a desabrocharse la blusa para que vea todo el pecho vendado y parte del estómago, para luego taparse- lo del brazo fue mío-
La mira con sentimientos encontrados, rabia y pena predominan entre ellos- ¡Dios! Que mier... ¿porque hiciste eso? ¿Fue luego de la muerte de tu padre cierto?
- No- responde- eso fue antes, específicamente anoche, rompí el espejo del baño y algunos trozos de vidrio que saltaron me abrieron las heridas que ves-
El músico se siente culpable de ello- Lo siento... perdóname, no debí... invitarte a... no debí cantar lo que... lo que dije no era todo lo que yo...
- por lo menos di una frase completa, que así no le entiendo Sr. Vladimir – le pide educada pero fríamente.
- No debí invitarte a ese suburbio, no debí cantar “ Synthetic Paradise” y menos aun- un poco nervioso- “hand in hand”... Y, lo que oíste fue la mitad de nuestra conversación...- Dice, ahora él desviando la mirada.
- Ya no vale la pena lamentarse – comenta Cristina como si su cuerpo ya no pudiera albergar sentimiento alguno.
- Soy un imbécil... debería servir de algo, y no estorbarte como estoy haciendo- Dice confusa y atropelladamente.
- ...- Cristina no contesta esta vez
Frank la mira un instante y luego la abraza con fuerza.
- Suéltame – le pide
- No-
- ¿Por qué?- le pregunta rendida.
- Porque quiero ayudarte y esto no te hace bien. Puedo ver en tus ojos que ya no aguantas más y que por primera vez, necesitas que alguien te escuche- le dice suavemente sin solarla- Escuchare tu silencio...
- Imbécil...- le susurra a penas, para luego comenzar sollozar como nunca antes: fuerte, un llanto desgarrador que se ha ido acumulando por años y que necesitaba soltarse por completo y no en pequeños intentos de desahogo como los de antes.
Frank la cobija tiernamente entre sus brazos, y le acaricia la cabeza dulcemente. Al verla así, tan frágil e indefensa, le parece más una niña pequeña que se aferra a su tabla de salvación. A pesar de que su llanto lo entristece, sonríe, pues al fin la mascara de mármol se rompió, al menos por el momento. Prefiere guardar silencio, que sus caricias hablaran y expresaran que estaba con ella, que no la dejaría mientras necesitara de él.
Pasada la media noche, Cristina deja de llorar: - gracias- logra decir separándose de él con los ojos hinchados – oh! Lamento haberte mojado-
- No es algo que importe- le contesta simplemente- quien importa aquí eres tú- agrega acariciándole el dorso de la mano.
- Gracias- repite
Leigh vuelve a fijarse en el daño dejado por los “asaltantes”- ¿Que te hicieron?- dice temiendo la respuesta.
-bueno- empieza a decir- eso es bastante obvio, ¿no?- termina con ironía
Se la queda viendo arqueando una ceja con las manos en la cintura- Por muy mal que estés, no abandonas el tonito cortante ¿eh princesita de hielo?

- No puede esperar que cambie de un día para otro Sr. Vladimir- le contesta encogiéndose de los hombros.
El músico sonríe misteriosamente y acercándose a ella le toma el rostro por el mentón, alzándolo para que mire sus ojos, en ese momento de un verde chispeante.
- ¿Qué-qué te pasa? – le pregunta tartamudeando un poco al captar las atractivas facciones de Frank, casi delinear sus labios con la mirada, luego la nariz perfilada y un tanto respingada, para finalmente perderse entre el verde esmeralda que eran sus ojos en ese instante, tan atrayente que la invitaban a explorarlos para nunca más regresar y fundir sus labios con lo de él.
En los labios del joven se dibuja una sonrisa, al tiempo que pasa sus dedos por entre los cabellos negros y finos de ella. Luego cierra los ojos y la besa dulcemente en la frente.
Cristina se siente un “poco” decepcionada internamente al sentir los labios en otra parte muy distinta de sus labios, pero se obliga a formar una sonrisa cuando Frank abre los ojos y le sonríe.
- Ven- le dice en apenas un susurró él, guiándola hasta su habitación
- ¿Para qué?- le pregunta nerviosamente
- ¿Para que crees? – le contesta- para lo que están echas las camas –
- ¡¡¡Qué!!!!- grita alarmada
- No grites- le dice, sin darse cuenta en lo que esta pensando Cristina- Debes descansar.
- Ah! Claro, por supuesto, sin duda alguna- responde atropelladamente.
Frank se sienta en la cama haciendo que la chica se recueste apoyando su cabeza en las piernas de él- Esta noche... velaré por ti.
Pero Cristina no puede responderle porque en el instante en que su cabeza toca las piernas de Frank cae en un profundo sueño.
Él la acaricia mientras la mira. Sonríe al ver lo hermosa e inocente que se ve dormida, luego sin darse cuenta sus ojos se cerraron, entrando al mundo de los sueños.

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