Barani
El avión tomó permanentemente dirección sudoeste, más oeste que sur, como pudo notar Ian cuando descendieron. En esta árida y desértica zona del mundo el calor era intenso, la vegetación escasa y los turistas no eran bienvenidos.
Eliott, que parecía tener un destino claro, tomó un taxi sin mediar palabra con ninguno; sinceramente el viaje había sido largo y agotador y el clima no favorecía el buen humor. Habían aterrizado en el último sitio que creyó como destino, donde los conflictos amenazaban con estallar en una guerra civil. ¿Para que los había traído aquí?
Protectoramente había rodeado a Lilian con su brazo, acercándola hacia él. Si se hubiera fijado habría notado que la colorina estaba sumamente nerviosa, pero él solo miraba a su alrededor alerta. Temía por la integridad de la niña, tan pequeña y tan bonita, podrían pasarle mil cosas, pero el no lo permitiría, sobre su cadáver.
Bajaron del vehículo luego de que Eliott hablara con el taxista en un idioma que ni él ni la niña comprendían, pero este pareció satisfecho con la respuesta. De allí caminaron por unas angostas calles pavimentadas con adoquines, donde se veían muchas tiendas donde mujeres ataviadas con ropajes de seda, dejando solo entrever sus ojos, ofrecían adivinar la suerte, mientras otras que se les acercaron insinuantes fueron despachadas por su compañero. Vio a la venta inciensos, velas, extraños cigarros y otras tantas cosas que Ian desconoció por completo.
Miró a Lilian la cual tenía la piel bastante roja al igual que su compañero, de seguro su piel estaba igual; si seguían así pronto agarrarían una buena insolación.
Por fin Eliott se detuvo en una angosta casa de dos pisos, pasaron por una cortina de monedas y piedras que tintinearon suavemente al atravesarlas. La sala donde se encontraban tenía unos cojines con diseños que mostraban elefantes montados por hombres, ambos con muchas y extravagantes joyas. Figuras de extraños dioses y paisajes de insólitos parajes decoraban la estancia, una alfombra tejida a mano se extendía dejando libre solo el rincón opuesto donde una repisa almacenaba libros y frascos con líquidos de variados colores, además de otros extraños objetos que Ian nunca había visto y que llamaron mucho la atención con sus extrañas formas y colores.
Un suave vapor envolvía el lugar y los intensos aromas que se propagaban por la casa lo atontaban y drogaban. No sabía si su vista nublada se debía al vapor o a que su mente se atrofiaba con la falta de oxigeno, se sentía adormecido y extrañamente relajado ahí, solo deseaba recostarse y dormir.
El tintineo de unas pulseras lo hizo voltear, por la escalera venía descendiendo una mujer de largos y lisos cabellos negros que llegaban hasta su bien dibujada cintura. Vestida con un largo vestido de un claro verde que perfilaba muy bien su figura, calzaba unas pequeñas zapatillas de tela a tono con sus ropajes, joyas de extrañas formas decoraban sus orejas, cuello y muñecas. Su piel morena resaltaba sus hermosos ojos negros enmarcados por unas largas pestañas y unas suavemente delineadas cejas. Una joven mujer con los característicos rasgos de su raza armoniosamente empleados, se encontraba de pie frente a ellos, sus ojos posados en Eliott denotaron una fugaz sorpresa que fue remplazado por una calida sonrisa.
- Eliott Fontelle…- dijo con una voz seductora- ¿Qué te trae hasta este tan aislado y peligroso rincón del mundo?
El aludido sonrió con su siempre encantadora sonrisa y acercándose a ella besó con caballerosidad su mano. Se volvió hacía ellos y con una mano en el hombro de la joven dijo:
- Lilian, Ian… os presento a Barani.
Luego de superar la sorpresa saludaron cortésmente a la mujer la cual les dio la bienvenida a su tierra y su hogar. Eliott sabiendo que sería atacado por preguntas por partida doble le contó inmediatamente que la puerta de ella llevaba a lo que los hombres habían llamado “purgatorio” y que “por desgracia” la habilidad que le fue otorgada fue la del lenguaje, es decir, Barani podía entender cualquier forma de expresión y comunicación, ya fuera humano o animal, hablado o escrito.
Tras esa breve pero concisa explicación la anfitriona les mostró donde podían dejar el equipaje y les ofreció algo para beber que fue aceptado de inmediato. Eliott dejó a los agotados muchachos en el vestíbulo y subió la escalera, bajando minutos mas tarde vestido con unos blancos pantalones y polera de lino, esta última tenía un gorro y en la mano traía una tela que se usaba para proteger el rostro dejando ver solamente los ojos.
- Parezco un nativo ¿no?
- Sobre todo por la piel y ojos oscuros- contesto Lilian siguiendo el juego.
- Tendrán que vestirse así si no quieren acabar como cangrejos- les recomendó sentándose en uno de los cojines libres.
- Que rápido eres- comentó Barani que traía en una bandeja los vasos con jugo. Eliott solo sonrió tomando uno de los vasos.
- ¿De que es el zumo?- preguntó mirando con desconfianza el contenido.
- De toma y calla- contestó la mujer.
- ¿Qué no es come y calla?- preguntó corrigiendo este a su vez
- Es igual, si no quieres no tomes- sentenció Barani aburrida.
Su interlocutor la miró con expresión dolida, pero ella ni se inmutó, tras un gruñido se tomo el vaso al seco.
Ian miró curioso a la morena, le recordaba una de esas diosas mortales que adoraban ciertas religiones, encarnaciones de caprichosos y humanizados dioses. Creyó haber visto la ilustración de una mujer muy parecida a ella hace siglos atrás, quien sabe, quizás si era Barani.
Absorto como siempre en sus pensamientos no notó cuando se quedó a solas con la mujer. Antes que él preguntara le contestó que estaban en la habitación contigua, conversando a petición de la niña. ¿Qué quería hablar Lilian con Eliott a solas?, odiaba no saber nada, parecía que todos le ocultaban cosas por mil y una razón que no lo convencían, ¿Qué era aquello tan terrible que Eliott no quería que supiera? ¿Y por que Lily le hacía caso? Por la misma razón que él le obedecía.
- El melancólico Ian como siempre sumido en sus pensamientos- Dijo Barani mirándolo fijamente sonriendo.
Él no devolvió la sonrisa ni contestó, solo alzó la mirada con su rostro sereno. Sin siquiera pensarlo, o como distracción preguntó.
- ¿De donde eres?-
- Nací aquí- dijo señalando a su alrededor- soy la única que permanece en su tierra natal, nada me atormenta de mi vida aquí y no quiero olvidarla.
- ¿Atormentar?- murmuró, ella tenía razón, ¿Eliott también había escapado de sus orígenes?
- Puede ser… de Eliott se puede esperar cualquier cosa- respondió ante la pregunta mentalmente formulada.
Ian la miró ceñudo, que se entrometiera con sus pensamientos no le hacia gracia, era el único lugar que conservaba para él.
- Dejas entrever demasiado en tus ojos- contestó.- No puedo entrar en tu cabeza, por si eso crees…
- Supongo… en fin, ¿Cómo era tu vida antes?
- Pues de lo más normal… a diferencia de ustedes mi vida tenia el rumbo que normalmente toma acá- hizo una pausa como recordando- Me casé, matrimonio arreglado lógicamente; pero mi marido era un tipo agradable y nos llevábamos bastante bien. Dos años luego de la boda, y tras varios intentos, tuve un hijo… una niña.
Barani entrelazó sus manos en el regazo y las contempló en silencio. Su interlocutor respeto este espacio de intimidad, guardando silencio para que pudiera recordar y revivir el pasado en su mente. Aunque el mejor que nadie sabía lo mal que hacían esas divagaciones, no intervino, si ella había desenterrado el pasado fue por su voluntad, y él la respetaría. Por fin, volvió a hablar minutos mas tarde, con la misma voz firme y alegre que antes, pero en sus ojos percibió una nostalgia y añoranza de aquella época.
- Cuando ella tenía tres años, caí enferma, mi esposo buscó por todos los medios aliviarme, pero yo empeoraba cada vez más sin siquiera saber que padecía. La muerte me rondaba, pero la lucha se mantenía, yo me obligaba a vivir por mi hija; y mi esposo contrataba a cualquiera que jurara curarme… pero sin éxito. .- se detuvo y tras un suspiro prosiguió- Un día, estando a las puertas de la muerte, un extraño curandero acudió hasta mi marido, él desesperado lo dejó entrar.
“Cuando el curandero entró, estaba despierta dentro de mi agonía, mi última esperanza iba vestido extrañamente, dejando ver solo sus ojos…. Cuando se acercó pude apreciar unos hermosos e intensos ojos de líquida plata…”
Eliott, de joven criollo adinerado en América a curandero en ese rincón oriental del mundo, pensó Ian, ese hombre había entrado al parecer, en la vida de cada uno en el momento de mayor aflicción; como la última esperanza o como tabla de salvación en el trágico naufragio de sus vidas.
- Este desconocido, sin ninguna herramienta o aparente remedio, se arrodilló a mi lado, puso su mano en mi frente y me contempló en silencio. Cuando por fin habló, uso mi idioma charlando como un nativo, pero bien sabía yo por su tono de piel que lejos estaba de haber nacido en mi tierra.
Ian la escuchaba atentamente, Barani le estaba contando aquello que Lilian no alcanzó a decirle, pero por un momento su atención se distrajo ¿Era una apreciación suya o Barani idealizaba a su mentor? Mas aún, parecía percibir cierta atracción hacía el varón.
- ¿Qué fue lo que te dijo?- preguntó el rubio apartando por ahora esos pensamientos de su mente.
De nuevo la misma vacilación, miró de soslayo la puerta donde se encontraban los otros dos, pero nadie interrumpió, al parecer Eliott estaba concentrado e ignoraba lo que pasaba afuera, o simplemente estaba dejando que ella hablara.
- Propuso un trato, un pacto que era imposible de rechazar dada mi posición- explicó con una sonrisa desdeñosa, dirigida claramente hacía el hombre ausente.
- Oportunista- murmuró Ian por lo bajo, igual como había ocurrido con él entonces.
- El trato era simple, mi curación a cambio de asumir el eterno trabajo… Viviría, pero lo haría eternamente cuidando que “el purgatorio” no tuviera contacto con este mundo. – suspiró, fue como si todos los siglos recorridos hubieran caído de súbito sobre sus hombros, se vio cansada de tanto andar, cansada de existir por una eterna misión- Como es obvio, acepte… en ese momento lo único que me importaba era mi pequeña hija.
Ian se vio reflejado en su experiencia, recordó el día en que conoció a su mentor, cuando el infierno había subido, cuando caos y dolor eran el alimento de todos, cuando él rayaba en la locura, cuando los límites del hombre desaparecieron por completo, anulando su discernimiento, desvaneciendo la esperanza.
Eliott había entrado en su vida, cuando él ya no la deseaba, le había dado una esperanza, y él estaba desesperado al igual que Barani, no hubo duda al aceptar...
La voz de Lilian lo hizo volver al presente, desde la habitación contigua, la niña gritaba furiosa. Preocupado y curioso camino hasta la puerta, alzó el puño para llamar pero se detuvo, escuchando.
- ¡No te cuesta, mentiroso!- decía ella- ¡¿Por qué te niegas?!
- Tú y yo hicimos un trato, cúmplelo- contestaba su interlocutor con voz suave y serena.- Vamos, nena, no creo que tu apariencia sea un impedimento…
- ¡Si lo es!- le interrumpió- Y lo sabes… por favor, esta vez es en serio.
- No pequeña, esto es una calentura-dijo como un catedrático pero con un dejo burlesco en la voz.
- ¡Eliott, basta! No soy una niña, nunca te he pedido nada, haré lo que quieras.
- ¿En serio?... lo haré si tu…- luego bajó la voz de modo que solo escuchó Lilian.
- ¡No! ¿Estás loco?- gritó claramente abochornada- Eres como un padre o un hermano mayor para mí, como crees que yo… ¡no puede ser!
- Mi niña…- murmuro claramente conmovido- escucha, ahora no es tiempo, no depende de mí, no puedo.
- ¿No puedes?- susurró.
- No debo… lo siento, mi niña.
- ¿Desde cuando obedeces las reglas, tú, pecador inmoral? ¡Nunca te he pedido nada y ahora me dejas así! ¡Vete al demonio Eliott!- le gritó. Ian inmediatamente se apartó de la puerta, pero la niña volvió a hablar- una cosa más… ¡No soy tu niña!
La puerta se abrió de golpe y Lilian salió de ella con los rizos alborotados y el rostro rojo por la rabia y el llanto, sin mirar a nadie subió la escalera. Ian se volvió para ver a Eliott que acuclillado miraba dubitativo el suelo, luego se puso de pie y salio de la habitación cerrando la puerta.
- ¿Qué pasó?- preguntó preocupado el rubio.
- Creo que lo sabes, estabas escuchando Ian.
- Eliott, no fue mi intención- se disculpó avergonzado, pero su compañero se encogió de hombros- ¿Qué te pidió Lilian?
- Algo que no puedo concederle por ahora- dijo mirando a su alrededor- ¿y Barani?
- Debe haber subido a hablar con Lily.
- Supongo que ya sabes la historia de ella- Ian respondió afirmativamente- Ahora ya sabes en que momento aparezco.
Sonrió perniciosamente y se dejó caer.
- Voy a dormir- le contó recostándose- esta noche saldremos, así que lo mejor es descansar ahora.
- ¿A dónde iremos?- preguntó, pero Eliott no le contestó, aparentemente dormido. Era igual, tendrían que ir de todos modos, eso era seguro.
Sin hallar nada que hacer, y sin atreverse ha subir, por no importunar o interrumpir una conversación que no entendería y pertenecían a dos almas más sensibles y complejas que la de él, se paseo por la sala mirando con detalle cada rincón de la sala, pero sin tocar nada por prevención. Caminó mirando los cuadros, el diseño y tejido de la alfombra, los pequeños frascos de la repisa contenían una gran variedad de exóticos aromas que en su vida había visto. Reparó en una caja de música, la cual no pudo evitar darle cuerda, una pareja de novios giraba al ritmo de la música, sumergidos en una danza eterna y monótona, recorrió con su dedo el tallado del exterior de la caja: una compleja enredadera que terminaba en unas flores muy parecidas a la rosas, en cada esquina de la caja una calavera alada era rodeada por las enredaderas como impidiendo que escapara. En el centro de la cubierta un laborioso tallado formaba figuras y quizás caracteres que no pudo identificar; un circulo de oro y plata se había encajado al medio el cual sostenía una piedra de tonalidad carmesí, sin duda era un rubí. Las patas de la rectangular caja eran unas garras escamosas de oro. Volvió a mirar a los novios danzar al ritmo de la música, una melodía preciosa que jamás había oído (y eso que de música sabía mucho), la composición no le sonaba a ningún estilo, época, lugar o cultura definida; pero por algo que no pudo identificar lo conmovió.
Dejó la caja de música en su lugar mientras su melodía seguía sonando, inundando la habitación, aislándola de cualquier sonido.
Eliott, que dormía hace algún rato, se movió, murmurando para sí.
Ian ser acercó a su compañero, el cual comenzaba a murmurar un poco más alto y claro en algún idioma desconocido para él. Por algunas palabras o sonidos se le figuró que se trataba de griego o quizás latín. Sin importar lo que decía, su voz estaba cargada de sentimiento, de preocupación y añoranza; y su rostro tenía una expresión afligida y un poco asustada.
Se lo quedo viendo sin comprender hasta que la cuerda de la cajita acabó y la música cesó lentamente, y Eliott volvió a dormirse sereno.
¿Era producto de la melodía la reacción de su mentor? Podía ser que la Cajita hubiera revivido un pasaje de su pasado, algún sentimiento, alguna herida… Y si era un recuerdo ¿Qué y quienes formaban parte de él? Se lo preguntaría cuando despertara, pero ¿y si se enojaba?, mejor no meterse en su vida. Aunque podía preguntarle a Barani si sabía algo, pero si ella le contestaba correctamente, Eliott podría enfadarse más, con ella por contarle y entrometerse; y él por preguntarle a otro y no dar la cara, cuando ni siquiera debía importarle ese pequeño dato. Pero si era un pequeño dato no había razón para que se molestara… en fin, no valía de nada seguir pensando posibilidades.
Se sentó en un rincón de la estancia. La tranquilidad y silencio del lugar, la agradable temperatura allí dentro, y los exquisitos y embriagadores aromas provocaron que casi de inmediato cayera profundamente dormido.
Se despertó con los zarandeos de Eliott, miró a su alrededor somnoliento, por la oscuridad de la habitación sin duda ya había anochecido.
- Ponte esto- ordenó su mentor pasándole prendas similares a las cuales el vestía, similares en realidad, a todos los hombres de la zona.
Una vez que se vistió fue arrastrado hacía la calle sin mediar palabra.
- Deja, puedo caminar sin ayuda- le dijo soltándose y habituándose a su ritmo- ¿a... a donde vamos? – Preguntó un poco temeroso, pues su interlocutor sonreía maliciosamente - ¿Y las chicas?
- En la casa supongo, no sé- contestó despreocupadamente.
Ian siguió a su amigo en silencio, no había necesidad de desgastarse innecesariamente, lo más seguro es que su energía fuera gastada más adelante frenando a Eliott o armándose de santa paciencia.
Su destino era una concurrida taberna, se sentaron en el centro de la barra o mejor dicho Eliott obligó al rubio a sentarse ahí, acto seguido pidió dos tragos.
Ian recibió el vaso, que resultó ser licor de café, lo dejó sobre la barra mirando como el hielo se derretía lentamente.
- Me molesta tu rostro neutro- dijo con hastió Eliott tras beber un corto trago de su copa.
- Siempre es así…
- Sí, pero eso no quita que me moleste- contesto sonriendo- me aburro…
Bien, ahora habría que lidiar con el aburrimiento de su compañero, o mejor dicho con el particular método que emplearía para “desaburrirse”.
Eliott a su lado, con su sonrisa traviesa miraba a la gente del bar.
Ian volvió a concentrarse en su vaso, recordando que muchísimos años atrás, cuando acababan de conocerse, dedicaron un mes a irse de juerga juntos; salían diariamente, exceptuando los días en que la borrachera los dejaba tan mal que dedicaban el día a dormir. Sí, no podía negar que fue un mes maravilloso, buscaron diversión en todos lados, recorriendo todas las calles, tanto de los barrios altos como de los suburbios. Apenas anochecía comenzaba la vida para ellos, se habían trasformado en unos animales de la noche, animales… crearon tantos problemas, o mejor dicho Eliott creo más escándalos de los que pudo imaginar, pero a pesar de todo eran bien recibidos en todos lados; cuando ellos entraban en escena pasaban a ser el centro de atención y eran imprescindibles para que la diversión alcanzara una altitud peligrosísima, desembocando en peleas, enredos, robos… de las cuales salieron airosos gracias a las descaradas mentiras de su compañero de juerga.
A su mente llegó un día en particular, o mejor dicho una noche, en la cual se encontraban en un prestigioso burdel; bebiendo, conversando, bailando y… ¡bueno que más da! Estaban en un prostíbulo, y los dos eran un par de libertinos indudables, el de ojos grises de nacimiento y él, pues de hace unas tres noches que lo era.
Un tanto mareados sentados en los cómodos sillones, charlaban con los otros clientes y con la Gran Martina, como era llamada la dueña del recinto. Cuando un joven de no más de veinticinco años, se acercó a Eliott mirándolo lascivamente pidiéndole que lo acompañara a su habitación en la segunda planta, este sonrió mirándolo como si lo evaluara ante la sorprendida mirada de su amigo.
- Lo siento- le dijo al joven- Pero hoy solo se me apetecían mujeres, además creo que me doy por satisfecho esta noche.- el reloj de la pared, daba las cuatro de la madrugada y ellos habían llegado a eso de las siete de la tarde, y tan sólo hace una hora que estaban en el vestíbulo bebiendo.- Sí, ya es suficiente por hoy ¿No crees Ian?
El aludido lo miró aún más pasmado por la respuesta y, por qué no decirlo, un poco asustado, y no respondió nada, incapaz de hilar correctamente una oración, sin siquiera saber que responder ni pensar.
- ¿Por qué me miras así?- preguntó con una sincera curiosidad Eliott, pero tras comprender la mirada silenciosa del otro exclamó risueño- ¡Oh vamos! No pongas esa cara. El placer es placer, debes aprenderle a los grandes y eternos griegos, aunque no puedo negar que las mujeres son mi perdición… con esa aura tan celestial que las rodea, ese encanto y belleza divina ¡Es lo más cerca del cielo que estaré jamás! Y creedme que es más de lo que pude esperar.- concluyó tras sonreírle caballerosamente a una de las señoritas que estaban junto a él.
Como respuesta las mujeres presentes lanzaron un hondo suspiro mirando con amor y admiración al de ojos de luna. Él por su parte volvió a concentrarse en su vaso con rostro templado.
La voz de Eliott lo trajo al presente de nuevo, un presente en apariencia igual al de antaño, pero de un fondo distinto; a pesar de no saber porque, intuía que las cosas habían cambiado, por breves instantes los ojos del color de las nubes en un día nubloso de su compañero demostraron que algo le preocupaba, y sin quererlo algunas de sus palabras o más aún sus silencios dejaron entrever que algo no marchaba bien.
- ¿Qué toma el hombre de esa mesa?- Era la pregunta que con falsa despreocupación pronunciaba Eliott, apuntando a un sujeto en el centro del bar.
- Cerveza...- contestó con desprecio el hombre.
- Dame una botella- ordenó este
- ¿Qué? ¿Esta usted loco? No puedo…
- Vendes alcohol ¿no? ¡Venga esa botella de una buena vez!- reiteró con su profunda mirada cargada en el Barman, el cual obedeció dubitativo- ¡Gracias!- dijo al tiempo que dejaba sobre la mesa el dinero, que sin duda era más del que correspondía.
Eliott miró con una sonrisa chispeante a Ian, y le pidió que lo siguiera; se abrieron paso hasta llegar a la mesa donde bebía solitariamente el hombre que sin saberlo se había transformado en el objetivo de Eliott. Se sentaron junto a él como quien se reúne con un viejo amigo.
Apenas vio al sujeto, Ian llegó a dos rápidas conclusiones: la primera era que sin duda ya tenía más de tres copas en la sangre y por su cara no había comenzado a beber precisamente ahora; y segundo, el motivo por el que tomaba era para olvidar, ahogar una pena. Suspiró, ese tipo realmente parecía destrozado…
Eliott comenzó a charlar con él, preguntándole sobre su vida, Ian no se equivocaba, el sujeto bebía para ahogar una pena. Mientras conversaban, Eliott iba llenando con disimulo el vaso, incitándolo a tomar diciendo cosas como “Pero si no has bebido nada” o “tu vaso esta intacto”.
En resumidas cuentas y de lo poco que Ian lograba entenderle al hombre bastante pasado de copas, era que sospechaba que su mujer lo engañaba.
- ¿De casualidad tu esposa era una mujer alta, joven, morena de cabello negro?- Preguntó Eliott, sin duda imaginando que la esposa tendría más o menos los rasgos y tonos similares a todas las mujeres del territorio, lugareña al igual que su marido.
- ¡S… Sí! Muy guapa- exclamó el hombre abriendo desmesuradamente sus ojos.
- Muy guapa…- confirmó con un brillo triunfante en sus ojos de plata.
Ian bebiendo lentamente de su vaso, observaba a su amigo actuar estupendamente, resignado a que las cosas acabarían mal. Ese pobre hombre se sentía tan humillado y herido que había comenzado a ir de barra en barra derrochando todo su dinero; ¿Estaría conciente que eso solo empeoraba la situación? Si su mujer lo engañaba o no, así no la recuperaría, y no solo a ella, sino su familia, sus amigos, ¡su propia dignidad!. Eliott sin duda era conciente de todo esto, y sin embargo no le importaba en lo absoluto, era una cobardía elegir como victima de sus juegos a alguien que no podía defenderse, y no solo eso, sino que se reía en su cara con descaro.
- Amigo… esto es doloroso, pero debo decirlo- decía Eliott con la mano en el hombro del borracho, mirándolo “apenado”- yo ví a tu mujer con otro hombre… de echo, la vi besándose con él.
Ian y el hombre siguieron con la mirada hacia el sitio que señalaba, al fondo del bar en una amplia mesa un hombre rodeado de mujeres reía a carcajadas. Era un tipo de unos cuarenta años, alto, corpulento; los rasgos de su rostro eran duros, resaltando una prominente nariz y unos oscuros ojos de mirada adusta. En la mesa habían varias botellas vacías y un cenicero repleto de colillas consumidas. Cuando Ian lo escuchó reír un involuntario escalofrío lo recorrió, pero sintió un espasmo de terror al comprobar que su compañero de mesa se dirigía hacia allá con la clara intención de ajustar cuentas con aquel que le había quitado a su amor, sumergiéndolo en una lenta agonía. Un impulso lo hizo ponerse de pie pero la mano de su mentor sobre su hombro lo obligo a sentarse otra vez.
- Tranquilo hombre…- dijo con una malicia impresa tanto en sus ojos como en su sonrisa.
- ¿Que pretendes? – preguntó entre asqueado y horrorizado- ¿Dejarás que pelee con ese tipo?
- Si, nadie lo obligo a buscarle bronca, es su culpa- contestó encogiéndose de hombros.
- Ni siquiera puede mantenerse en pie…
- Eso le pasa por alcohólico…
- ¡Es tu culpa! ¡Tu lo incitaste a esto!- exclamó enojado y frustrado- ¿Qué te pasa? ¿Encuentras divertido esto, es divertido jugar con las personas?
- La gente es estúpida, no vale nada
- Tú también eres como ellos… no, ellos son mejores, no juegan con el sufrimiento de los demás…
- ¿Crees que soy peor que ellos? ¿Qué te hace pensar que son buenas personas o mas aún, valiosas?- dijo con desprecio Eliott poniéndose de pie.
Ian lo observó sin contestar, sin mirarlo el otro murmuró algo que no alcanzo a oír porque en el local había estallado una pelea, no entre su victima y el matón del fondo, sino una de todos contra todos.
- Será mejor que nos vayamos- ordenó Eliott esquivando un vaso que fue a estrellarse contra la cabeza de otro cliente.
Ian lo siguió, pero antes de que salieran, alguien lanzó una botella directamente hacia su amigo, este sin inmutarse la evadió y se volvió con una inusitada calma.
- ¡¿A donde vas, cobarde?! – Gritó el hombre que había lanzado el proyectil- Ven aquí niño bonito.
Eliott siguió su camino sin prestarle atención, enfureciendo al tipo que por alguna extraña razón se había ensañado con él.
- Solo eres un blanco debilucho… ¿A dónde vas? ¿A llorar en las faldas de tu madre o tienes cosas que hacer con tu novio? ¿Oye rucio, que tal f…? – pero no alcanzó a terminar la frase en la que lo incluían pues Eliott le lanzó una silla que impacto de lleno en su cabeza.
- No tienes reflejos hombre, eres solo boca- dijo su mentor dándole una patada al tipo, y luego ajeno a la gran batalla que se brindaba a su alrededor salió del bar.
Ian tras procesar el hecho y superar la conmoción recorrió con la mirada el bar buscando a la victima de Eliott. Lo encontró casi al instante, en medio del bar sobre una mesa le propinaba un golpe a su enemigo; estaba fuera de si, y la sangre que cubría la mitad de su rostro, apelmazándole el pelo le daba un aire aún más salvaje; pero a pesar de eso, su contrincante se veía y sin duda era mas amenazador. Uno de los dos caería muerto, podría apostar a quien pertenecía la victoria ya.
Suspiró, por suerte nadie había reparado en él, la verdad no le sorprendía, toda su vida había tratado de pasar de ser percibido, con bastante éxito.
Salió del bar y localizó la silueta oscura de su amigo que no se había detenido para esperarlo. Corrió hasta alcanzarlo justo en el momento en que doblaba por una sombría y peligrosa calle.
A pesar de que en su cabeza abundaban mil pensamientos para lo recién acaecido, guardó silencio, pero la actitud de Eliott le parecía completa y absolutamente reprochable. No valía la pena reprenderlo, ese hombre ya era así y nada lo cambiaria… ¿o sí?, en su lugar un nuevo pensamiento acudió a su mente: la caja de música; sentía tanta curiosidad por la respuesta que le daría su compañero…
- Eliott… en casa de Barani, mientras tu dormías, encontré una caja de música- su mentor permanecía en silencio, escuchándolo. Le describió la caja con el mayor número de detalles, pero el silencio se prolongaba y la absoluta oscuridad le impedía ver la expresión de su rostro- … Cuando le di cuerda una melodía comenzó a sonar y tu te moviste, parecías inquieto… murmurabas algo en otro idioma…
Pronunció cada palabra con lentitud, tratando de percibir un cambio en su actitud, tratando de vislumbrar alguna reacción, pero la única respuesta que obtuvo fue el permanente silencio; pero este silencio era distinto, le resultó sumamente incomodo.
- Por aquí- fueron las primeras palabras que dijo Eliott, con una voz monótona, carente de cualquier emoción, doblando hacía la derecha.
Esta nueva calle era iluminada por unos carteles con gas de neón suspendidos en la entrada de cada negocio. Cuando el primero de los anuncios bañó el rostro de Eliott, Ian no pudo percibir ninguna emoción, era como si una mascara de mármol hubiera cubierto su rostro por completo; fue esta antinatural postura la que perturbó y asustó a Ian mas que cualquier otra reacción que pudiese tener.
- No has dicho nada…- murmuró tímidamente.
- ¿Qué quieres que diga? – dijo este a su vez con voz despreocupada mirando a su alrededor.
- Sobre la caja… ¿Por qué esa reacción?
- Dormía, no puedo decirte que es lo que dije ni en que idioma lo dije… solo una cosa, esa caja la construí yo.
Pareciese que al confesarle sobre la autoría de la obra le confiara un gran e íntimo secreto. Aunque en ese momento en su mente solo cabía el asombro al saber que Eliott era el maestro de tan extraordinaria obra de arte.
- Tu hiciste el tallado, la figura… ¿todo?- su compañero asintió con una tenue sonrisa divertida.- ¿Incluso la melodía?
- Yo no la compuse, fue…- se detuvo, callando de golpe.- No importa…
Ian entendió de inmediato que no quería referirse al tema o mejor dicho a la persona en cuestión. Guardó silencio un instante mirando a su amigo, su semblante se veía sereno así que continuó.
- ¿Por qué la hiciste?
- Porque era para una ocasión muy especial- contestó con mirada ausente, sin duda en el recuerdo que ahora se desplegaba en su mente, cual fotografía olvidada en el fondo del baúl en la polvorienta azotea de sus recuerdos- era un regalo para… alguien
¿Seria el destinatario y dueño de la canción la misma persona?, pensó Ian, su intuición le hacía creer con certeza que esto era así.
- ¿Por qué la tenía Barani?
- Porque soy un cobarde, no podía conservarla pero no tenía el valor de destruirla. Se la di a ella, no me importaba lo que hiciera, nunca imaginé que la conservaría…
- ¿Para quién era?- preguntó sabiendo que reiteraba el asunto; con la certeza de que no era un tema que su mentor quisiera hablar. Sin duda esa mascara de mármol que volvía a formarse era para ocultar el dolor.
La hermosa melodía; por la forma y el tallado no cabía duda que era para una mujer. Recordó la pareja de novios que danzaban al compás, “Una ocasión especial” había dicho… ¡Una boda! Pero ¿de quien? ¿la suya? Y si fuese el caso ¿Quién era y que fue de la novia?
- Algún día te contaré todo sobre este asunto, sobre ese pasaje de mi vida- prometió con una inusual sonrisa afectuosa – ahora no soy capaz de contarte nada.
- ¿Por que? ¿No deseas recordarlo? ¿No quieres contarme?- preguntó con curiosidad impetuosa.
- Cuando te conocí, no hacías tantas preguntas- comentó riendo- al contrario, no decías nada.
- Es que sé que no me pegarás- contestó sin querer recordando a su padre, ese hombre alto, fornido y de rostro severo. Él hombre que lo llevó a cazar por primera vez a los ocho años obligándolo a degollar y despellejar un conejo con su cuchillo, él que lo llevó a un prostíbulo para que se hiciese hombre a los once años, él que lo condenó cuando era solo un chico, pero que sin esperarlo pagó con su muerte esa cobardía.
Eliott lo miró alzando una ceja con una extraña mirada, que no supo interpretar.
- Eres un niño Ian- dijo soltando una risotada, pasando uno de sus brazos por los hombros de este- ven, entremos aquí mejor.
El de ojos miel se dejó guiar hacía el local que se abría frente a ellos. Las puertas eran de vidrios oscuros que no dejaban ver con claridad su interior, junto a la entrada dos guardias apostados miraban escrutadores a quien entraba; cuando pasaron junto a ellos siquiera parpadearon. El lugar ofrecía varias zonas a distintas alturas delimitadas por unos pocos y pequeños peldaños. El sitio desde donde miraban ellos, era la más elevada, donde la finalidad era que el recién llegado tuviera una vista panorámica del local. Abajo, a la izquierda desde su perspectiva estaban situadas una serie de mesas cuadradas y rectangulares donde grupos de amigos y parejas bebían y charlaban alegremente; al fondo se encontraba la larga y amplia barra donde se encontraban los distintos mozos y porsupuesto unos cuantos Barman. Al lado derecho, un poco más abajo que la zona de la barra, se encontraba una gran pista de baile, desde una esquina un joven Dj realizaba su arte mezclando música mientras bailaba alegremente junto a su equipo observando de vez en cuando a las parejas que bailaban entre un amasijo casi excesivo de luces de todos tipos, colores y formas.
Bajaron por una escalera lateral, y se instalaron en una mesa junto al muro, próxima a la barra. Una chica se acercó a tomar el pedido, Eliott pidió un vaso de todos los tragos que conocía o que llamaron su atención; en dos tandas la joven logró poner todo en la mesa, que quedó repleta de vasos, copas, cortos.
-¿Por los viejos tiempos?- preguntó Eliott con una sonrisa tomando un tequila.
- Por los viejos tiempos- afirmó Ian alzando un vaso con el mismo contenido que su compañero.
Y tras estas palabras ambos bebieron el contenido al seco, lo apartaron y tomaron el siguiente vaso, un nuevo alzamiento y de un trago otra vez. Así repitieron la operación cada vez más risueños, cada vez más ansiosos, y cada vez menos concientes de sus actos. El trago comenzó a acabarse, pero ninguno de los dos esperó a que ello ocurriera y pidieron de aquel que más les había agradado al paladar.
Dentro del remolino que había en la mente de Ian, recordó nuevamente el mes de jaleo que vivieron tanto tiempo atrás.
- ¿Por qué bebíamos aquella vez?- preguntó como si Eliott hubiese sido participe de sus pensamientos.
Su compañero guardó silencio un momento pensativo, pero totalmente conectado a la conversación que abría Ian. Tras unos instantes, contestó:
- Para anestesiar las heridas y olvidar la soledad, para aumentar nuestra alegría y calmar nuestra mente…- luego con una sonrisa infantil agregó- y por diversión.
- ¿Y ahora?- preguntó vaciando la copa.
- Por los mismos sentimientos pero originados por cosas distintas- contestó acertadamente, encogiéndose de hombros.
Un grupo de chicas los observaban desde un rincón susurrando y riendo tontamente, hasta que finalmente dos de ellas se armaron de valor y se acercaron a ellos con actitud de conquista. Con mirada idiota preguntaron si querían bailar, Ian murmuró una negativa y bajo la vista concentrado en su copa, sintiendo como el alcohol burbujeaba en su interior. Pero Eliott aceptó de inmediato y abrazado por ambas muchachas se abrió paso hasta el centro mismo de la pista.
Ian lo observó unos instantes bailando con gran destreza entre ambas atractivas pero nada inteligentes chicas.
Se distrajo contemplando su copa; lo bueno de estar mareado es que no podía pensar con claridad, por lo que se sentía anormalmente tranquilo. Por un periodo de tiempo indefinible se aisló por completo de su entorno, y solo vino a atender cuando una pequeña y delicada mano tomo su brazo.
- ¡Lily! – exclamó mirando a la niña de pie a su lado, que lo miraba aprensivamente rodeando su brazo con sus suaves manos.
Luego se fijó en la figura que frente a él había ocupado el puesto de su mentor. Barani con el ceño fruncido miraba hacía la pista de baile, parecía… ¿celosa?
-¿Qué hacen aquí?- preguntó Ian.
- Vinimos a buscarlos ¿Qué hacen ustedes aquí?- dijo Lilian sin soltarlo.
- Pues… no sé exactamente, solo… vinimos aquí-
- ¿Estás borracho?- murmuró la colorina dándole una breve mirada a la mesa repleta de vasos.
- Solo un poco mareado- corrigió, no mentía; aún estaba bien. O al menos eso creía.
En ese momento, un risueño Eliott volvía a la mesa, su rostro no reflejó sorpresa al ver a las mujeres allí; pero si se sorprendió cuando Barani comenzó a reprenderlo por marcharse sin avisar, por ser un irresponsable y ponerse a beber como un imbecil, por ser tan ególatra y mandarse esos espectáculos de mal gusto que ellos no tienen porque ver.
- Si no te gustan no los veas- dijo y luego agregó extrañado- ¿Qué espectáculo?
Barani se ruborizó levemente y no respondió, Eliott pareció no comprender o no querer comprender a que se refería su compañera; pero Ian y Lily se miraron divertidos.
La mujer volvió a reñirlo con una nueva carga de argumentos, el otro por su parte miraba hacía otro sitio ignorando a su compañera.
- Ya, ya, deja de dar espectáculos tú y acompáñame a bailar- la interrumpió agarrándola del brazo y llevándosela a la pista.
Ian los miró distraídamente mientras se movían al ritmo de la intensa música, bailando rápida y armoniosamente. Había un complemento entre sus movimientos que le hacía creer que sus vidas estuvieran entrelazadas en una eterna danza. No sabía de que hablaban o si realmente lo hacían, pero se veían radiantes mientras reían quien sabe porque razón, aunque también puede que no la hubiera. Cuando terminó el tema lo siguió un lento, y la risa entre ellos cesó, con una lentitud de quien teme el rechazo Barani se apoyó en el pecho de su amigo, y este con tan solo una expresión serena apoyo suavemente su mentón en la cabeza de ella, contoneándose lentamente al ritmo de la melodía.
Era hora de dejar un espacio de intimidad, pensó volviendo su mirada hacía la mesa, en el mismo instante en que Lilian hacía lo mismo, no pudo menos que sonreír ante la coincidencia.
Cuando volvieron a la mesa tras el término de esa segunda canción, se sentaron en silencio, Eliott tenía la misma expresión de antes, y merodeaba con su mirada el lugar descuidadamente; por su parte Barani parecía perturbada y evitaba sus miradas, pero por sobretodo la figura del de ojos de plata.
Una mujer hermosa apareció entre la multitud y se quedó apoyada en la pared cerca de la barra, era alta de piel trigueña, su cabello rizado color azabache caía sobre sus hombros desnudos con naturalidad y sus ojos como dos esmeraldas miraban hechiceramente.
Eliott clavó su mirada en ella y sonrió.
- Si me disculpan, una gitana me llama… no me esperen- anunció avanzando rápidamente hacía su “victima”, la cual ya se había fijado en él y le sonreía.
- ¡Espera! – exclamó Lilian poniéndose de pie dispuesta a correr tras él, pero Barani la sujetó con fuerza siguiendo el camino de Eliott con una fiera frialdad.
- Volvamos a casa, él sabe donde estamos, si quiere volver lo hará… si hay que preocuparse es por los objetivos de nuestro amigo.
Cuanta razón había en esas palabras, no se hizo de rogar y se puso de pie antes de que la morena pudiera descargarse con él, avanzando lo mas derecho que le permitía su estado hacía la salida. Barani se adelantó y le pasó un brazo por la cintura, ayudándolo a andar.
- Estás borracho, en este estado no llegarás solo a la salida.- le dijo suspirando.
Asintió lentamente y se dejó guiar por ella, no fue conciente del camino de regreso, solo notó que Lily se mantuvo junto a él en todo momento y que al llegar a casa se desplomó en una cama, siendo arropado por la niña. Dentro de su estado semiconsciente sintió los labios de la colorina en su frente, o quizás solo fue su imaginación. Fuese como fuese se durmió con la sombra de una sonrisa en sus labios.
Cuando por fin decidió a levantarse, faltaba poco para el atardecer. Se lavó y salió de la habitación, en la cocina estaba Barani preparando una cena caliente para terminar de espantar la resaca. Tras saludarla y ser respondido con una inclinación de cabeza; entró al comedor, encontrándose con su mentor y la niña, el primero parecía aburrido y amurrado, y la niña lo miraba con gesto resignado pero sonrió al verlo entrar.
- ¿Cómo te sientes?- le preguntó
- Me duele un poco la cabeza…
- Es natural, estabas borracho- contestó con una mueca burlona el otro.
Ian lo miró un instante y se sentó a su lado, era evidente que Eliott había sido sermoneado por las dos mujeres, aunque por la chispa que aún bailaba en sus ojos había valido la pena. Por suerte el día llegaba a su fin, y mañana todo volvería a la “normalidad”.
Cerca de un mes mas tarde, Eliott manifestó sus planes de marcharse de ahí, en ese tiempo habían recorrido el lugar de punta a punta, pero no habían vuelto a vagar por las noches como la vez anterior. Por un mes, vivieron como personas comunes y corrientes, o lo más cercano a ello.
Ian pensó, tratando de atribuirle una razón a todo para variar, que su mentor lo hacía por Barani, para que en ese tiempo se hiciera la idea de abandonar sus tierras por primera vez.
Partieron al día siguiente en un taxi hasta el muelle y allí subieron a un barco, reservado por Eliott quien sabe en que momento siendo que nunca se separó de ellos en ese lapso.
El barco tenía como destino una isla en medio del océano indico, para ello tardaría un mes en llegar desde que partieron.
- ¿A dónde vamos exactamente?- le preguntó contemplando la ciudad que dejaban, luego de acomodar sus cosas en la habitación que le asignaron.
- Ya dos veces hemos partido sin decirte en ningún momento a donde nos dirigíamos, ¿Qué te hace pensar que ahora si?
- La esperanza es lo último que se pierde- respondió encogiéndose de hombros, a lo que su compañero echando la cabeza hacía atrás rompió a reír.
Eliott tenía la risa tan fácil y estruendosa, esa misma intensidad contagiaba a los demás. A diferencia de sus múltiples sonrisas, sus carcajadas siempre eran cristalinas y sinceras.
- No creo que tardes mucho en enterarte sobre nuestro destino… apostaría a que en dos días le veras la cara.
Y como si fuese vidente, dos días mas tarde se desató de súbito una feroz y anormal tormenta, que amenazaba con hacerlos naufragar. Las nubes oscuras cubrieron por completo el cielo, descargando truenos y lluvia que con el fuerte viento golpeaba sus rostros como si se tratara de millones de agujas. El mar formaba enormes olas como si librara una batalla con el cielo, en un instante el horizonte desapareció y las aguas y e firmamento fueron uno solo, y en medio un enorme e imponente barco surgió, avanzando hacía ellos hábilmente.
Eliott sonrió y sus compañeros lo miraron con distintas expresiones, mas todos sentían miedo, pero Ian no se fijo en esto, solo quería saber que rayos pasaba. Su mentor miró a Lilian y luego a él.
- Amigos míos… bienvenidos al infierno.

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