Estaba en mi habitación, jugando con mi mejor amigo, Joe, a los vaqueros espaciales. Cuando mi mamá entra y me dice que debemos salir de inmediato.
- ¡Pero estoy jugando con Joe! ¿Cinco minutos bueno? Hasta que destruyamos la nave.- le pedí.
Ella me miró en silencio, siempre ponía esa cara cuando mencionaba a mi amigo, no lo quiere. Una vez la oí decir que yo me lo imaginaba… ¡imaginármelo! ¡El había sido mi mejor amigo por dos años, la mitad de mi vida!
De todas formas me dio cinco minutos, y tras despedirme de mi amigo me subí al auto. Entramos a un lugar grande, con unos asientos al medio, tras hablar con una señora, se sentó con mi papá. Yo esperé aburrido y luego comencé a pasearme, pero mi papá me ordenó que dejara de correr, así que me tiré al piso. En eso, una voz dijo el nombre de mi mami.
Nos dirigimos a una sala y un doctor comenzó a revisar a mi madre, le puso una cosa en su guatita y miró una tele con manchas oscuras.
- ¿Estas enferma?- pregunté asustado sin contenerme.
- No hijo- me tranquilizó mi mamá y miró a mi papá de una forma extraña. Él se arrodillo a mi lado.
- Vas a tener un hermanito- me contó tras una pausa.
¿Un hermanito? ¿Y que tenía que ver con el doctor? ¿Cuándo iba a llegar? ¿Dónde iba a dormir?
- ¿Dónde esta?- pregunté al fin
- Aquí- contestó mi mamá apuntando su guatita. ¿Ahí? Me pareció un poco extraño, pero no dije nada más.
Después de esa vez, fuimos varias veces al doctor, también le compraron cosas a mi hermano para cuando llegara. La pieza donde trabajaba mi papá, a la cual yo no podía entrar, la arreglaron y estaba llena de cosas… cosas para el bebe, me dijeron. Compraban juguetes, pero en vez de dármelos, los dejaban en mi cuna… yo dormía en una cama, como un niño grande que soy, así que mi cuna era para mi hermano.
La guatita de mi mamá empezó a crecer, para tenerla de ese tamaño debía haberse tragado una sandia. Pero un día ella me dijo que me apoyara, y algo se movió, fue como una patada.
- Ese es tu hermanito dando pataditas- ¿de verdad mi hermano estaba adentro? ¡wow!
A mi mamá la cuidaban cada vez más, quedaba poco tiempo para que naciera el bebe, pero… estoy preocupado, un niño grande que tiene seis años me dijo que cuando nació su hermano ya nadie le tomaba atención, que lo dejaron de lado.
- Cuando ese nazca, tus padres dejaran de quererte- me dijo seriamente. ¿Mis papás me iban a olvidar?
Estaba haciéndose de noche, cuando mi mamá gritó de dolor, corrí a verla pero mi tío me tomó en brazos y me sacó de ahí. ¿Qué estaba pasando? Asustado, comencé a tirar patadas para que me soltara.
- ¡Tranquilo pequeño! Tu mamá esta bien… tu hermanito va a nacer, debemos ir donde el doctor ahora- dijo tras bajarme. Corrí a mi habitación para buscar a Joe.
- ¡Va a nacer! Acompáñame.- le grité, pero él se quedo donde estaba. No alcance a decir nada más porque mi tío me tomó en brazos y salimos.
Mi padre ya se había ido con mi mamá y cuando llegamos al hospital subimos por el ascensor hasta una habitación que tenía varios sillones y una mesa en medio con revistas, mi tío se sentó y yo hice lo mismo. ¿Dónde estaba mamá y papá? Si iba a nacer mi hermano ¿Por qué venir donde el doctor? Me apoyé en las piernas de mi tío y me dormí.
Cuando desperté estaba en un sillón tapado con el polerón de mi papá, mi tío se había ido, me senté y mi padre estaba a mi lado.
- Tu hermano ya nació- me dijo- ¿Quieres verlo?
Asentí y entramos en una sala donde estaba mi mamá recostada, afuera era de día, me acerqué y la abracé. Mi papá me tomó en brazos y me guió hacía una cunita al lado de la cama de mamá, ahí envuelto entre muchas sabanas y ropa estaba mi hermano.
- Es feo…- dije sin querer, era diminuto, pelado, arrugado y estaba rojo. Ellos se rieron y me dijeron que yo era igual, eso no era verdad ¿o si?
Extendí mi mano y lo toqué, era suavecito. Mientras lo miraba me pregunté como me iban a cambiar por esa cosa… aún tenía un poco de miedo, así que quise saber la verdad.
- Mamá… ¿Tú lo quieres?- ella asintió, ¡rayos!- y… cuando el crezca….
- Lo seguiré queriendo, pero entonces ustedes jugarán juntos- me contó.
- ¿Y dejarás de quererme?- ella negó horrorizada.
- Los dos son nuestros hijos, a los dos lo queremos- dijo mi papá como si fuese la cosa más obvia del mundo.
- Los amamos a los dos por igual- agregó mi mamá.
- Pero a mi me amas de hace cuatro años ya él de hace poquito- No se si era divertido pero ello se rieron y me abrazaron, ¿era verdad cierto?
Parado sobre la cama de mamá miré a mi hermanito, quizás fuera divertido, podríamos jugar juntos, además yo era el hermano mayor, debía enseñarle el mundo y cuidarlo ¿no?
Y ahora que han pasado veinte años, aún sigo con él, aconsejándolo, enseñándolo, tratando de que no cometa mis errores y su vida sea mejor, aunque muchas veces ha sido él quien ha iluminado el camino. Cuando el nació, no pensé que lo querría, pero cada año que ha pasado lo amo más. En este sendero que es la vida, no lo he guiado, tampoco lo he seguido, hemos estado al lado, hombro con hombro, apoyándonos y afrontando la vida juntos, porque en compañía todo es más fácil
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